MOCHUELO COMÚN (Athene noctua)

 

Ninguno de los búhos ibéricos es más popular y conocido que el Mochuelo Común,Athene noctua. Este pequeño pájaro de presa tiene un plumaje inconfundible pardo oscuro o marrón con puntos y motas blancas. La cabeza, nuca y dorso de las alas son marrones; la parte superior de la cabeza está profusamente rayada con blanco y el resto moteado del mismo color. La cara es ancha y el disco facial tiene color blanquecino, pero éste, a diferencia de otros búhos, está achatado por encima y por ello tiene un aspecto que a primera vista parece como enfurruñado. Otra nota bien distintiva la constituye el que no se le ven trazas de «orejas» en la cabeza. Las partes inferiores son blanquecinas y están rayadas con listas longitudinales marrones variables en densidad. Muchos mochuelos tienen un muy marcado collar formado por motas oscuras sobre las plumas de la garganta y lados del cuello, muy conspicuo cuando el pájaro, al sentirse observado, se estira y levanta la cabeza. Los ojos son grandes y de color amarillo limón. Los tarsos están emplumados y los dedos de los pies tienen cerdas blancas. La cola es corta y blancuzca, cruzada por cuatro bandas más oscuras. La estructura general es la de un pájaro rechoncho que parece estar como encogido. Al volar lo hace de forma rápida y directa, pero onduladamente y a no mucha distancia.

Las variaciones individuales del plumaje son grandes y Vaurie (1965) estima que la mayoría parecen ser de origen clinal en muchas partes de su hábitat europeo y africano y no precisamente están aquellas relacionadas con el clima y el biotopo. En algunas regiones los plumajes del Mochuelo Común presentan una coloración constante, pero en otras, aun de reducida extensión, existe considerable variación. Paralela a esta diversidad en la coloración se observa una muy ligera en el tamaño. Vaurie opina que, sin embargo, no hay variación clinal en la población que habita el occidente europeo, desde Holanda hasta el sur de España, aunque el clima es notablemente menos húmedo y más soleado en el sur de Iberia. Por supuesto, el mismo naturalista precisa que los mochuelos holandeses y españoles pertenecen a una misma raza Athene noctua vidalii que se extiende también por Bélgica y Francia, confundiéndose gradualmente en la frontera alemana con la denominada Athene noctua noctua. La primera es muy oscura en sus partes superiores y muy densamente rayada de marrón oscuro por debajo, y sobre este color son muy notorios los puntos y rayas blancas. Es la raza más oscura de todas y ocupa toda la Península Ibérica, habiendo sido introducida en Inglaterra en 1874, donde no empezó a criar regularmente hasta 1896, después de subsecuentes nuevas introducciones. Ahora está allí ampliamente distribuida (D. W. Snow 1971). La subespecie noctua noctuase extiende por el resto de los países europeos, Alemania, Rusia central, Dinamarca, Suiza, Italia, Hungría, varias islas mediterráneas, no en Baleares, Rumania, Ucrania, etc. Es similar a vidalii, pero más pálida, el color pardo de su plumaje es más rojizo y los puntos blancos de encima y las oscuras rayas de la parte inferior no ofrecen tanto contraste. También es una raza más pálida la que habita el norte de Africa denominada noctua glaux, más rojiza, densamente rayada por debajo de este color y con la cola irregularmente franjeada de marrón. Para 30 machos de ella da Vaurie una longitud alar de 149-166 mm y para la nuestra vidalii, 154-161 mm en 30 machos. Bernis estima como no improbable que mochuelos del Noroeste de Africa en vuelo errático alcancen Iberia, lo que justifica estas notas casi exhaustivas sobre subespecies que pueden ser vistas en la Península Ibérica.

El hábitat del Mochuelo Común es variado. Generalmente prefiere campo abierto con arbolado esparcido aquí y allí, así como tierras cultivadas, parques, jardines, huertos de frutales, bordes de bosques, dunas y acantilados costeros y más raramente en pueblos y ciudades. En realidad puede ser observado en todos lados, excepto en el interior de bosques y un hábitat muy frecuentado por los mochuelos lo constituyen los viejos edificios, construcciones en ruinas y lugares pedregosos.

Para quienes habitan o frecuentan la campiña no son desconocidas las voces de este pájaro. Su significado ha producido siempre una gran controversia y la mayoría de las personas las han asociado con la enfermedad y la muerte. A él se aplican las mismas tétricas supersticiones que origina el Cárabo Común Strix aluco. Aunque es más pequeño que él y la voz es diferente, su costumbre de permanecer posado, mirándolo todo fijamente produce confusión en las personas no muy duchas en la observación y el conocimiento de las aves nocturnas. Cuando se posa en un poste o en cualquier lugar cerca de un caserío, produce en los campesinos viva inquietud, en especial cuando alguna persona de la casa está enferma. La voz más conocida y que emite insistentemente tanto de noche como de día, sobre todo si está nublado, es un maullido lastimero «¡¡kííu, kiiu !!». Con frecuencia el macho y la hembra cantan estableciendo un dúo, notándose entonces claras diferencias entre la voz de uno y otro sexo. En época de celo las llamadas entre la pareja son continuas, especialmente al anochecer. A veces se escuchan a gran distancia y se nota cómo van acercándose uno a otro, distancia que se reduce en proporción inversa a la intensidad del canto. Otros muchos sonidos se resisten a ser transcritos y ambos adultos los emiten en diversas circunstancias de su emparejamiento. Witherby afirma que la voz más común tiene muchas variaciones y modulaciones durante la época de la reproducción y los intervalos entre la emisión de cada nota también son muy variables. Este canto se escucha casi siempre cuando el mochuelo está posado, pero también en vuelo, aunque esto es menos corriente. Cuando así sucede en el crepúsculo, puedo decir que asusta al observador contemplar este pequeño pájaro de alas redondeadas y casi blancas por debajo, volar onduladamente. Al anochecer comienzan los mochuelos de toda una zona a emitir su grito melancólico y profundo «¡¡tuuuuuuu... !!», repetido a intervalos regulares y que parece salir de debajo de la tierra.

El Mochuelo Común se posa con actitud tiesa en ramas de árboles, setos, muros, postes, alambres del teléfono, así como en rocas y también con frecuencia en el suelo, donde suele permanecer largo rato como extasiado. Una acción suya muy característica cuando está alarmado es un movimiento de agacharse y bambolearse, que resulta bastante cómico. Normalmente se le ve solitario y rara vez la pareja junta a no ser en plena época de reproducción, y aun así, una vez comenzada la cría, ambos se separan de forma que nunca vemos más que uno solo, aunque no sabemos si es el macho o la hembra. Cuando nos acercamos al nido emiten su grito de alarma y se excitan mucho.

Para cazar, el Mochuelo Común tiene un vuelo directo y muy rápido, lanzándose al suelo y capturando la presa que suele llevar a agujeros de árboles donde la come y abandona el resto. La mayor actividad la despliega al crepúsculo y si se le puede observar, no hay duda de que sus actitudes son en extremo grotescas. Lo mismo sucede cuando un observador se le acerca. Si se le intenta fotografiar se estira y dobla la cabeza hacia los lados y abajo mirando con curiosidad antes de volar a otro posadero. Se alimenta de escarabajos y otros insectos que, en general, parecen constituir la mayor parte de su dieta. En la primavera y en los comienzos del verano atacan a los pájaros jóvenes en sus primeros vuelos. Las ranas y pequeños reptiles, musarañas y topillos son también sus presas habituales. En algunos países europeos se estimaba antes que el mochuelo destruía una gran cantidad de pollos de gallina doméstica. Las comprobaciones efectuadas en Gran Bretaña sobre 2.460 egagrópilas determinaron sin lugar a dudas, que no había fundamento alguno para considerar al pájaro como un destructor de la caza y pollos domésticos. Sí en cambio captura muchos gorriones y rara vez pájaros del tamaño de un Mirlo Común Turdus merula. Como se trata de una especie muy territorial que ocupa casi siempre una zona de pequeña extensión, escoge normalmente la proximidad de una tierra cultivada, o una pedriza donde pueda capturar fácilmente presas como lombrices de tierra ylagartijas. En los nidos que estudiamos en el norte de España, gran parte de los restos allí encontrados pertenecían a pequeños pájaros.

Bernis (1973) encontró en un hueco de árbol de donde había salido un Mochuelo Común, varios cráneos de, posiblemente Gorrión Común. También menciona cómo en la provincia de Sevilla está comprobado que acuden a los cañaverales donde duermen masivamente los estorninos. Además, insiste en la frecuencia con que este pájaro es hoy víctima del tráfico de carretera, sobre todo en el verano. En su apreciación acude a las carreteras como lugar propicio para capturar insectos y otros invertebrados. Por otro lado, Valverde encuentra que en Valladolid el alimento fundamental del mochuelo son ciempiés. En Almería el mismo naturalista determinó de una serie de 574 presas, que 264 corresponden a tijeretas y 264 a Coleópteros. Las egagrópilas miden normalmente entre 30-40 mm de longitud por 13 mm de ancho y son de color negruzco las que contienen sólo restos quitinosos de insectos y grises los formados por residuos de roedores.

Por lo que hasta ahora se sabe, el Mochuelo Común es en gran parte sedentario y permanece todo el año en una zona no muy extensa. En determinadas regiones peninsulares su densidad es muy grande, y como consecuencia de ello las parejas están muy cerca unas de otras, detalle que es fácilmente apreciado en las primeras horas de la noche, cuando estos pájaros emiten un grito melancólico « ¡tuuuu... !», contestándose unos a otros los de todo un valle.

Como es natural en una especie de costumbres nocturnas, se sabe poco respecto al celo y a las actitudes que toman los pájaros antes de la reproducción. Ya se ha mencionado el canto de atracción cuando el macho llama y la hembra responde sin moverse del posadero. Entonces el macho se va acercando paulatinamente hasta que un observador, o mejor un oyente, nota que los pájaros están próximos si sus agritos se hacen más agudos y se repiten a intervalos mucho más cortos. Bannerman (1955) también estima que hay mucho que aprender sobre la historia de la vida de esta especie. A pesar de que una parte no despreciable de su actividad se desarrolla con frecuencia a plena luz del día, esto no es suficiente para conocer con exactitud sus costumbres. Hosking y Newberry (1945), tuvieron la fortuna de ser testigos de una corta parada nupcial entre dos mochuelos y describen así su experiencia: «Una tarde de la mitad de mayo, aproximadamente una hora antes de la puesta del sol, oímos a un Mochuelo Común comenzar a llamar desde el tejado de un cobertizo en ruinas. La nota era «¡¡ku-uik!!» repetida varias veces. Escuchando atentamente oímos casi a la vez una llamada de respuesta desde un cercano Fresno. Esta era más alta, más estridente y repetida más rápidamente. Durante algún tiempo los pájaros se llamaron mutuamente, algunas veces en tono muy alto de forma excitada y otras muy suavemente; en ocasiones el mochuelo que estaba en el tejado chasqueaba el pico, que resonaba mucho. Repentinamente el que ocupaba el Fresno dejó su posadero y voló alrededor del tejado del cobertizo llamando rápidamente «¡¡píu, píu, píu !!». Entonces descubrimos que se trataba del macho. Este se posó en el tejado a menos de un metro de la hembra y los dos se comprometieron en la representación de un dueto sonoro de llamadas, excitándose la hembra más y más según el macho se iba aproximando...»

El comienzo de la reproducción varía sensiblemente, pero puede establecerse como norma general que la mayoría de los mochuelos ibéricos han empezado la nidificación en la primera quincena de mayo. Puestas en los últimos días de abril no son raras, pero sí excepcionales las encontradas en marzo. No construyen propiamente un nido, sino que aprovechan el material suelto que existe en el interior de un árbol hueco, bien por estar así naturalmente o como consecuencia del trabajo realizado por un Pájaro carpintero, muy a menudo el Pito real. En el interior de estos agujeros suele haber serrín o virutas de la madera y sobre ellas se hace la puesta. También es frecuente encontrar nidos en agujeros de muros viejos semiderruidos o en huecos de edificios e incluso pequeñas oquedades en canteras abandonadas. La puesta consiste normalmente de 2 a 6 huevos. Tres y cuatro son puestas normales. Las superiores a 6 no está claro que pertenezcan a una sola hembra. Witherby cita un caso de una de 8 huevos. La incubación es efectuada casi totalmente por la hembra, aunque parece que el macho también colabora en una pequeña medida, como ha sido comprobado por el anillamiento. Mientras la hembra permanece sobre los huevos, su pareja está posada muy cerca del árbol o en una rama del mismo. Como los pitos reales sienten una gran preferencia por los cerezos, los agujeros en ellos son muy a menudo usados por el mochuelo. Los huevos son de color blanco y muy esféricos, algo elípticos, carecen de brillo y tienen la cáscara rugosa. Jourdain para 100 huevos obtenidos en Inglaterra da un promedio de 35,6x 29,5 mm. La incubación dura 28-29 días, al cabo de los cuales nacen los pollos, que están totalmente cubiertos de un plumón blanco muy denso. Ambos adultos toman parte en la alimentación, en especial el macho, que igual que lo hizo durante el período de incubación, llevando al nido muchas presas para alimentar a la hembra, continúa ahora con gran intensidad llenándolo con frecuencia de pequeños pájaros, que a veces no son consumidos completamente. De hecho, en muchos nidos de Mochuelo Común se suelen encontrar gran cantidad de plumas. A los 26-28 días ya salen los pollos del nido. Ocasionalmente lo hacen antes, pero todavía no vuelan y pasan muchos días posados en el ramaje del árbol, refugiándose en el interior del agujero cuando se aproxima algún intruso. Si el árbol es hueco se esconden muy bien en todos los rincones y cuesta trabajo poder extraerlos del interior, agarrándose muy fuertemente con la uñas. Cuando ya se separan de los padres tienen el plumaje parecido a ellos, pero es en general marrón más claro y no ofrecen el contraste de marrón y blanco tan marcado. Durante los dos primeros meses, se posan con frecuencia al descubierto y se muestran muy mansos, siendo entonces cuando permiten una mayor aproximación de las personas.

El Mochuelo Común ha experimentado en algunas zonas de la Península Ibérica un notable descenso en su densidad. Concretamente en el Norte, de ser un pájaro muy abundante ha pasado a estar muy diseminado por toda la campiña. Se nota, además, que la densidad es muy variable de un año a otro. Probablemente la causa de este descenso no sea imputable a situaciones naturales. La costumbre que tiene de acercarse a las viviendas humanas le puede ser fatal. La proliferación de raticidas e insecticidas en el campo, en estimación de muchos, contribuye a su destrucción. La falta de lugares idóneos donde anidar también puede ser causa determinante en el descenso de las poblaciones.

La especie es sedentaria en Iberia, aunque los pájaros jóvenes pudieran dispersarse en un corto radio en el primer otoño de su vida. No hay anillamientos en cantidad que hayan producido recuperaciones para sustentar esta suposición. Sin embargo, entre los mochuelos de otros países europeos se producen desplazamientos de cierta envergadura en alguna parte de su población, calificados de erratismo ocasional. Alguno de estos mochuelos podría alcanzar la Península Ibérica, y de hecho existe alguna captura cercana en el sudoeste de Francia de uno anillado al paso por Suiza. Pero la más extraordinaria recuperación de un Mochuelo Común anillado en Europa corresponde al que lo había sido cerca de Frankfurt del Main, en Alemania, y que fue capturado en Mallorca. Precisamente en las islas Baleares está considerada la especie como de aparición ocasional.