MILANO NEGRO (Milvus migrans )

El Milano Negro Milvus migrans hace honor a su nombre cuando se le observa posado en la rama de un árbol seco o cuando vuela boyantemente, siguiendo las orillas de un río o de un estuario o lago, por el color uniformemente oscuro de su plumaje. La espalda y el dorso de las alas son marrón oscuro, pero en muchos se aprecian bien los bordes rojizos de algunas plumas. La cola también es marrón con barras transversales más oscuras no fáciles de ver a no ser a muy corta distancia. La cabeza y el cuello son blancuzcos profusamente listados o rayados de negro, lo mismo que la garganta y el pecho, donde se aprecian a veces tonos grises, siendo más acastañado rojizo el plumaje del vientre. Las partes inferiores de las alas son muy oscuras, salvo unas manchas blanquecinas cerca de los extremos que pueden originar confusión con el Milano Real, especialmente los inmaduros, cuyas manchas están mucho más marcadas que en los adultos. Las patas son amarillas lo mismo que la cera del pico y los ojos de color marrón amarillento en algunos individuos. Los inmaduros son aún más oscuros que los adultos, teniendo la cabeza de color marrón ligeramente punteada de blanco. Las alas por encima son marrón muy oscuro y las partes inferiores del cuerpo carecen del matiz rojizo de los adultos y producen la impresión de estar muy rayadas debido a ser amarillentas algunas plumas en los extremos y en el centro. El plumaje de adultos lo adquieren al cumplir el primer año de vida.

En vuelo posee características que lo hacen inconfundible y que lo diferencian bien del Milano Real. Su vuelo es más boyante, pero menos ágil. La cola es un factor determinante para la identificación. Generalmente está muy poco escotada cuando el pájaro la despliega, a veces parece recta y en muchos milanos jóvenes carece totalmente de escotadura. Sin embargo, en milanos negros adultos en plumaje primaveral el ligero ahorquillamiento de la cola es bien notorio. Las alas son más cortas y menos anguladas, dando la impresión de ser más anchas, careciendo de las manchas blancas tan claras que tiene el Milano Real en los extremos de las alas. Cuando en vuelo viene hacia el observador y el sol le da de frente la cabeza parece ser mucho más clara, lo que a menudo es causa de confusión con la otra especie. El Milano Negro es una de las aves de presa más abundantes en Europa y en algunos países, entre ellos España, alcanza una gran densidad. Se trata de una especie que se adapta muy bien a cualquier nueva circunstancia que se produzca en la Naturaleza y, desde luego, su alimentación omnívora contribuye a mantener la actual alta densidad de la especie en todas partes. Sus costumbres en Europa no son exactamente iguales a las que tiene en Africa durante el invierno, porque en este Continente forma grandes bandos que merodean por poblados y lugares habitados, conduciéndose con extraordinaria audacia y recogiendo desperdicios junto a las construcciones humanas entrando en muchos sitios en competición con el propio hombre. Se citan muy frecuentes casos de agresividad al hombre e incluso de capturas de animales domésticos pequeños delante mismo de sus propios dueños. Como no parecen existir obstáculos para el Milano Negro, no hay duda que esta audacia de la que hace gala y la alimentación tan poco especializada contribuyen a mantener su abundancia. El gran aumento experimentado por la circulación de automóviles en toda Europa ocasiona incontables atropellos de mamíferos, reptiles y pájaros que quedan muertos en las cunetas o en las márgenes de las carreteras. De este modo se facilita indirectamente la supervivencia de especies carroñeras y audaces como el Milano Negro. Su vuelo es boyante y patrulla incansablemente como lo hace el Milano Real pero sin escudriñar tan intensamente el suelo y obteniendo en general presas más fáciles. Vuela a una altura variable entre 30 y 100 metros del suelo y más raramente a 200 metros. Ocasionalmente se le ve a mayor altura. Cuando busca comida, vuela lentamente y de forma muy rutinaria siguiendo una misma ruta insistentemente y regresando por ella sin apartarse mucho. Repentinamente inicia descensos muy rápidos hacia el suelo para tratar de capturar una presa o recoger un resto de pescado que flota en el agua. A veces da varias vueltas antes de decidirse a recogerlo, dando la impresión de desconfianza. También pueden perseguir a otros pájaros al vuelo, pero parece que esto les resulta poco eficaz. Sin embargo, les es fácil la captura del Escarabajo de San Juan (Melolontha) y otros escarabajos zumbones y de vuelo lento como el Ciervo Volante Lucanus cervus.

La alimentación de esta especie ha sido muy bien estudiada en España por varios ornitólogos y puede hacerse aquí un resumen de las presas más a menudo registradas en los nidos reconocidos.

Bernis (1974) señala sus hábitos como carroñero, frecuentando también los desagües de alcantarillas en los ríos de las grandes ciudades como Madrid y las proximidades de los mataderos. Pero los basureros enormes a cielo abierto son una auténtica atracción para muchos milanos, siendo en ellos habituales a todas las horas del día. El mismo ornitólogo destaca su presencia masiva en las Marismas del Guadalquivir, donde constituye un espectáculo ver los milanos, a veces en bandadas de centenares, dedicados a comer los peces muertos o de fácil captura en los canales y lucios, en especial cuando la sequía general se adueña de las marismas y el nivel de las aguas se reduce críticamente.

La captura de insectos voladores también es espectáculo frecuente, lo mismo que la de otros insectos en el suelo, a veces siguiendo a los tractores que aran la tierra. Su costumbre de atrapar pollos de gallinas domésticas es bien conocida, pero también captura los de aves silvestres, especialmente de patos y zampullines que nadan en las lagunas y charcas.

Garzón (1974) da interesantes detalles de 32 nidos examinados en los que identificó innumerables restos de animales vertebrados e invertebrados. Insectos, peces, batracios, reptiles, aves variadas, mamíferos, principalmente conejos y erizos, carroña de grandes mamíferos, etc. Lo mismo sucede con los nidos examinados por Pérez Chiscano (1974), en Badajoz, que contenían restos de conejo, ratones de campo, lagartos, muchos pedes de río, restos de Tórtola y Abubilla, etc.

La voz del Milano Negro es bien conocida y dar aquí en letras sus sonidos puede ser arriesgada interpretación. Una llamada muy corrientemente escuchada es muy parecida al grito de una gaviota: «¡¡kuil...ierr!!» Cuando está alarmado emite un sonido muy chillón «¡kiii...yik-yikyik... !» o «¡kuii-ki-ki-ki-ki... !» Con frecuencia también se escucha, sobre todo posado cerca del nido, un sonido parecido a un corto maullido «¡uíííu !». Este pájaro es netamente migrador, llegando a Iberia a finales del mes de febrero, pero la mayoría alcanzan nuestras tierras en marzo y abril. La migración primaveral por Gibraltar dura desde los últimos días de febrero hasta finales de abril. El grueso de los milanos europeos pasa en los últimos días de marzo por los cielos de la Península Ibérica. Como la reproducción aquí comienza a primeros de abril es presumible pensar que los indígenas están ya establecidos en sus territorios en marzo. Cuando en el mes de febrero dominan vientos del Sur el Milano Negro es un frecuente y espectacular migrador por la costa Cantábrica. En Guipúzcoa los que allí anidan no parecen establecerse hasta los últimos días de abril.

Garzón (1974) da interesantes detalles del hábitat del Milano Negro en la España central. «Vive en toda clase de terrenos, si bien parece rehuir los bosques de montaña cerrados y extensos. Abunda extraordinariamente en las arboledas próximas a zonas de monte bajo, pastizales, cultivos, vegas fluviales y núcleos de población. Elige para anidar, con preferencia grandes pinos, sobre todo Pinus pinea, donde los nidos son muy difícilmente expoliables». Sin embargo, en otras zonas de la Península construye los nidos en otras especies arbóreas como alcornoques Quercus ruber, encinas Quercus ilex, robles Quercus robur, haciéndolo ocasionalmente en una cornisa (Garzón 1973) e incluso en el suelo (Pacheco y Alvarez 1973).

Las parejas se establecen generalmente en los mismos lugares del año anterior, pero no está comprobado si se mantienen fieles durante el invierno en el supuesto de que los dos sobrevivan. Representan al ocupar la zona de reproducción un cortejo muy espectacular con vuelos rápidos a gran altura, descensos en picado y sobre todo vuelos uno contra otro que frenan en el mismo momento del choque, extendiendo las garras hacia adelante. También el macho con frecuencia da vuelta en el aire, dirigiendo las patas hacia arriba hasta tocar a las de la hembra que vuela sobre él. Para la construcción del nido usan muy variados materiales, pero llama extraordinariamente la atención la carencia en él de hojas verdes, lo mismo que sucede en los nidos de Milano Real, y en cambio es muy abundante y variada la decoración interior a base de papeles, plásticos, trapos, corchos, pieles secas y ¡hasta un nido seco y aplastado de Jilguero Carduelis carduelis! Según observaciones efectuadas por varios ornitólogos (Araujo, F. Cruz y G. Rúa) en un nido estudiado en la Estación Ornitológica de El Borbollón (Cáceres) fueron encontrados hasta seis panales de avispa.

Los nidos de Milano Negro no son muy grandes cuando están construidos por primera vez, no teniendo generalmente más de 45 a 50 cm. de diámetro, pero sí una copa bastante profunda y bien arreglada. El mismo nido puede ser usado año tras año.

La puesta consiste generalmente de dos o tres huevos en las primeras semanas de abril en el Centro y Sur de España y algo más tarde, finales de abril, más al Norte. El color de los huevos es variable, blancos totalmente o con abundantes marcas de color rojizo y también manchas violáceas o grises sobre el fondo blanquecino. Algunos tienen rayas finas haciendo curiosos dibujos. Difieren poco en tamaño de los del Milano Real, aunque son ligeramente más pequeños. Muchas veces es necesario ver a los pájaros para poder identificar a qué especie pertenecen con seguridad los huevos. Las medidas dadas por L. Brown y D. Amadon están entre 46-71 x 37-46,5 mm. Los huevos son puestos a intervalos de dos días aunque esto no está muy bien comprobado y puede haber variaciones individuales. La incubación dura 36-38 días y la efectúa solamente la hembra, aunque se citan casos de machos incubando por cortos períodos. Lo normal, como en el Milano Real, es que el macho permanezca posado en las cercanías del nido y aporte casi el total de la alimentación para la hembra. Sin embargo, ésta abandona el nido en cortos períodos y posiblemente aproveche para capturar alguna presa por sí misma. Los pollos al nacer tienen un plumón muy sedoso de color blanco en la cabeza y el cuello y con una mancha negra a través de los ojos. El resto de las partes superiores es pardo rosado y por debajo son blancos.

A los 20 días comienzan a aparecerles las plumas y crecen con gran rapidez de forma que a los 30 días ya están bien emplumados y andan con soltura por los bordes del nido. A los 35 días comen solos, pero cuando los adultos se acercan les solicitan alimento. A los 42 días dejan ya el nido, permaneciendo en zonas próximas a él, donde son atendidos por la hembra. Esta los cubre los primeros días y colabora con el macho en la cría trayendo presas al nido, pero aquél parece ser que no ceba o lo hace esporádicamente. Se estima que la mayoría de los jóvenes milanos comienzan la emigración cuando hace ya un mes o mes y medio que han dejado el nido. A mediados de junio ya se ven en Iberia pollos precoces, y más frecuentemente a finales de este mes. Ocasionalmente también se encuentran pollos en el nido en agosto, pero esta situación es más propia de bosques de montaña, donde la reproducción comienza muy tarde.

La especie Milvus migrans alcanza como reproductora a casi toda Eurasia, excluyendo a la Gran Bretaña e Irlanda y los países escandinavos, salvo la zona oriental finlandesa. Los primeros migrantes otoñales llegan a la Península Ibérica en agosto, registrándose en este mes el paso más intenso, según se pudo comprobar en el censo efectuado en el verano-otoño de 1972 por un grupo español en la zona del Estrecho de Gibraltar. Puede calcularse que de los 38.970 milanos negros observados entonces, el 90 por 100 pasaron en el mes de agosto hacia Africa. Bernis estima, sin embargo, que probablemente en julio pasaron muchos que escaparon al censo y que podrían elevar la cifra a 50.000.

Como consecuencia de los anillamientos efectuados en Europa se han producido algunas recuperaciones en la mitad Sudeste de la Península Ibérica, la mayoría suizas anilladas al paso por aquel país y las demás alemanas. En el Cantábrico no se observa en época otoñal el paso de esta especie y los registrados pueden ser de pájaros que críen en zonas próximas a las rías y estuarios.

La mayor parte de los milanos negros que se reproducen en Iberia ocupan la zona occidental de la Península. Bernis estima que por lo menos la mitad de los 50.000 milanos negros que pueden atravesar en el verano-otoño el Estrecho de Gibraltar, son de origen Peninsular. En la costa Cantábrica esta especie ha disminuido tanto que en extensas zonas falta por completo o es muy rara como reproductora.

El Milano Negro inverna en Africa Tropical y el anillamiento ha puesto en claro que los países en los que se establece son: Senegal, Gambia, Guinea, Ghana, Togo, Nigeria, etc., donde en los meses invernales se dice que se ven en todas partes asociados con cigüeñas y garzas, comiendo pescado en los canales de los arrozales. Allí se confunden frecuentemente con las subespecies nativas, aunque (Moreau 1972) estima relativamente fácil su separación, porque los nativos viven en parejas mientras que el Milano Negro europeo forma grandes bandos y se concentra en los dormideros en cantidades de varios centenares.

Su presencia en la Península Ibérica en meses invernales es improbable y las observaciones, si las hay, pueden obedecer a migrantes rezagados o enfermos.