Grajilla (Corvus monedula)

 

De la negra familia de los córvidos, la Grajilla Occidental, Corvus monedula, es de las de menor tamaño, apreciable aun a distancia. Sus patas y el pico son de color negro, éste bastante fuerte y recto, no curvado. Tanto en reposo como en vuelo, el color gris plateado de los lados del cuello, la nuca y parte posterior de la cara (auriculares) son un rasgo muy notorio y es fácil identificar a este pájaro cuando vuela a gran distancia, porque entonces el color gris del cuello forma como un semicollar que contrasta mucho con el negro brillante del resto de plumaje, cuerpo, alas y cola. De cerca se aprecian bien los ojos, muy claros, gris pálido o gris perla en los pájaros adultos de más de un año. Las jóvenes grajillas, al abandonar el nido, tienen el iris de tono azul pálido, que se convierte en pardusco al mes y va pasando progresivamente al blanco hasta cumplir el año. Al coger una grajilla en la mano se notan irisaciones en el plumaje, no fáciles de descubrir observándola a cierta distancia. Así, en la cabeza el negro es ligeramente azulado y lo mismo en la espalda y obispillo, donde, además, hay un tinte grisáceo debido a que las plumas tienen un estrecho borde en la punta de color gris. Afinando mucho se aprecian reflejos morados en las plumas escapulares y en las cobertoras de la cola. También en la garganta hay tono azulado, y el pecho y el vientre es negro teñido de grisáceo. Las primarias de las alas están irisadas de azul verdoso y las secundarias con brillo púrpura. El plumaje de adultos lo adquieren por muda completa al comienzo del otoño, pero en su primer invierno y primavera las plumas de la cola y las alas muestran tono pardusco y carecen de brillo e irisaciones. Las grajillas juveniles, antes de la primera muda, tienen la parte superior de la cabeza pardo negruzca con poco brillo; la nuca y lados del cuello son pardos grisáceos y algo más grises las plumas de la cara. El resto del cuerpo posee un marcado tinte pardo negruzco, más pálido en las partes inferiores.

La diferencia entre los sexos no es apreciable por el color plumaje. Sin embargo, Volpio (1968) determinó ligeras diferencias en las grajillas por él examinadas en Finlandia (raza corvus monedula monedula), referidas al color del collar, teniéndolo las hembras, en conjunto, más oscuro. Los individuos más oscuros en una colonia de cría son hembras, pero los más claros pueden ser de uno u otro sexo. Esta diferencia en la coloración es mucho menor o no existe entre grajillas inmaduras.

La Grajilla Occidental cubre ahora en lberia gran parte de nuestra campiña, buscando la proximidad de edificios, grandes parques, arboledas, choperas, sotobosques, castillos y viejas construcciones aisladas, roquedos, canteras, acantilados, puentes, etc. Frecuenta campos, praderas, terrenos cultivados, basureros, silos, proximidades de estaciones de ferrocarril y almacenes de granos, y se agrupan, con preferencia, en torres de ayuntamientos, iglesias, palacios, castillos, etc.

Muy activa, sin duda el córvido más inquieto, camina por el suelo con paso rápido y actitud erguida moviendo la cabeza. También vuela muy rápida, batiendo las alas muy deprisa y recordando en sus acciones a una paloma. Esta inquietud se manifiesta colectiva e individualmente. Los bandos, con rara habilidad, pueden elevarse, girar y picar al unísono como formando un solo cuerpo; pero también cada individuo independientemente realiza acrobacias, giros, ascensos, picados y planeos sobre o frente a una torre o cortado rocoso. Nunca solitaria, la grajilla es uno de los pájaros más sociables que se conocen formando siempre pequeños o medianos grupos, pero, en ocasiones, enormes bandos que se posan en almenas, aleros y tejados de edificios, ramas altas de árboles y en el suelo. En razón de ocupar el mismo hábitat, normalmente se asocia también con estorninos y otros córvidos, comiendo todos juntos en los campos. Adultas y jóvenes se agrupan en dormideros, a veces, de centenares de grajillas muy ruidosas, que se mueven y revolotean inquietas hasta que cae la noche. Cualquier amenaza las moviliza y todas vuelan y atacan al presunto enemigo haciendo causa común y mostrando una gran solidaridad. Una de ellas atropellada por un automóvil en una carretera y quedando malherida, con sus gritos y aleteos atrae inmediatamente las de toda la zona.

Durante el día pasan muchas horas junto al ganado vacuno que pasta en el campo. Caminan rápidas a su lado y revolotean a la captura de insectos. También como las cornejas levantan el estiércol medio seco con un hábil golpe de pico para comer los escarabajos que allí se ocultan. La costumbre de esconder restos de comida y objetos brillantes también alcanza a las grajillas. Durante la época de nidificación, su audacia la lleva a posarse sobre el ganado arrancándole con el pico mechones de lana o crines para forrar los nidos, aunque a menudo también para extraer garrapatas y otros parásitos.

Muy ruidosa, emite al volar un claro y alto «¡¡tchak!!» y sobre todo desde el posadero un insistente «¡¡kechó!!» Si se alarma el grupo chilla «¡¡chog-chog-chog!!» También sonidos que recuerdan el Estornino Pinto, Sturnus vulgaris. La pareja en el nido frente a una grajilla o un Cernícalo Primilla, Falco naumanni, que intenta entrar en él, emite un «¡¡yiip!!» o un matraqueo metálico en tono alto. También, a menudo, repetidos «¡kíaa!», y probablemente otros muchos sonidos son imitaciones de especies con las que convive.

La alimentación es fundamentalmente vegetariana durante una gran parte del año, sobre todo en otoño e invierno. En primavera captura innumerables insectos, tanto en el suelo como al vuelo. Collinge estimó, después de examinar 48 estómagos, que el 71,5 por 100 de la dieta tenía origen animal y el 28,5 por 100 estaba constituido por materia vegetal. Los insectos formaban el 42 por 100 de los restos de origen animal y había caparazones y restos quitinosos variados. Además de coleópteros, determinó también larvas de lepidópteros, dípteros, etc. Aunque en lberia consume una gran proporción de semillas silvestres y granos cereales, no por eso dejan de representar proporciones importantes pequeños pájaros y sus huevos, sobre todo de especies que anidan en el suelo. Los nidos de codornices, Coturnix, y perdices,Alectoris rufa, son destruidos frecuentemente por las grajillas. También come moluscos, lombrices de tierra, micromamíferos (ratones y musarañas) y toda clase de frutas cultivadas y silvestres. Los cerezos y las higueras saben de la destrucción provocada por estos pájaros. También cogen avellanas, comen guisantes y alubias y se aproximan a la carroña, donde picotean los restos que otros córvidos les dejan.

Desde los últimos días de febrero ya se notan los vuelos y cortejos nupciales. Los machos inflan el plumaje, entreabren las alas y giran alrededor de las hembras. Éstas picotean el dorso de aquellos y es frecuente que su cortejo no se diferencie mucho de otros córvidos. Los machos erizan las plumas de la cabeza y recogen el pico contra el pecho, mientras hacen continuas reverencias. Abril es el mes elegido para anidar, aunque no pocas parejas pueden hacerlo ya en marzo. Casi siempre ocupan una oquedad en el muro de un edificio, una vieja chimenea, una grieta o el agujero de un árbol, Muy pocas veces al descubierto, sobre las ramas de un arbusto o en las copas de árboles altos. También en nidos de Urraca e incluso se citan en los de Garza Real, Ardea cinerea. Los nidos sin protección o fuera de agujeros se malogran casi siempre (Holyoak, 1967). Probablemente, como defensa, las grajillas rellenan con una considerable cantidad de palos y ramas secas el interior de agujeros grandes, pero no en los pequeños, donde se limitan a forrar con lana, pelo, pieles e incluso hierba seca y alguna pluma. A veces hay nidos en agujeros cerca del suelo y casi siempre las parejas se agrupan en colonias, cuyo número es muy variable en función del lugar. Se han visto huecos verticales en troncos de árboles donde había fácilmente muchos kilos de leña a base de palos secos y otra materia vegetal que las grajillas acumularon allí en su afán de reducir la cavidad. También hace el nido en el fondo de otro grande de Urraca o ave de presa. Entonces tiene mucha profundidad y forma como un tubo. Los nidos que se citan como poseyendo un techo o cúpula son probablemente de Urraca, que la grajilla se ha apropiado, pero ella no los cubre nunca por encima, a pesar de la gran cantidad de material que ambos adultos llevan allí. Las puestas suelen comenzar en la segunda mitad de abril. En Gran Bretaña (Holyoak, 1967), de 425 puestas controladas la mayoría estaban completas en la tercera decena de abril y se extendían desde la primera de abril hasta la segunda de mayo. La puesta normal es de cuatro-seis huevos, más a menudo cuatro y cinco, pero a veces solamente dos y tres. Puestas mayores de siete-nueve huevos son raras, y probablemente las observadas corresponden a dos hembras utilizando el mismo nido. Las jóvenes grajillas en su primer año de reproducción, además de criar más tarde, hacen puestas menores, situación común con las que crían en altos niveles. El color de los huevos es verde azulado o azul pálido con motas, puntos y manchas parduscas más dispersas y menos concentradas que en los otros córvidos. Algunos, no pocos, casi completamente azules y sin manchas. También los hay con puntos y pecas negras. Jourdain, para 100 huevos colectados en Gran Bretaña, obtuvo un promedio de 35,7 x 25,49 mm., con un máximo de 38,7 x 27 mm. y un mínimo de 31,5 x 24,2 mm. Solamente la hembra incuba, durante dieciocho días, siendo atendida en el nido por el macho, que acude a menudo con abundante comida en la garganta. Los pollos al nacer tienen un plumón corto, escaso y de color gris humo en la cabeza, espalda y muslos. El interior de la boca es rosa violáceo sin puntos oscuros en la lengua, y las comisuras, amarillo pálido. Ambos adultos los atienden, cebando la hembra los primeros días, con la aportación macho. A los veintiocho-treinta y dos días dejan el nido y comienzan a volar bien a los treinta y cinco, treinta y seis días. Sin embargo, permanecen junto a los adultos todo el año y con frecuencia son cebados por éstos o por lo menos les piden comida, aunque ellos ya son capaces de comer solos.

La Grajilla Occidental se reproduce en Europa desde el centro de Escandinavia, Islas Británicas, Francia y la Península Ibérica a través continente hacia el Este y Sur, faltando en las latitudes más septentrionales como Islandia y norte de Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. En todas partes es especie abundante, sedentaria y en creciente expansión. En la zona norte de su área típica es parcialmente migradora, y las jóvenes sobre todo se desplazan hacia el Sur en el otoño e invierno.

Corvus monedula es muy abundante en la mayor parte de la Península Ibérica, con gran concentración en el centro, sur y sudoeste. Falta, en cambio, o es local y dispersa en la zona cantábrica, al norte de la cordillera. Ha empezado a colonizar algunas crestas y cortados montañosos en lugares próximos a la costa, pero su presencia es todavía escasa y poco conocida. No se reproducen en Baleares y su presencia allí ha sido comprobada muy pocas veces. Parrack (1973) menciona dos ejemplares observados en puerto Pollensa (Mallorca) en septiembre de 1971. En grandes extensiones de nuestra geografía es ahora una verdadera plaga y ha conseguido romper el equilibrio biológico de las especies que, como ella, crían colonialmente en grietas y agujeros. Algunas, no obstante, soportan bien la competencia por la diferente fecha de nidificación, pero otras sufren merma de sus efectivos. En especial, se considera la proliferación de grajillas como una de las causas de disminución Cernícalo Primilla. Falta, sin embargo, saber si éste disminuye porque aumentan aquéllas más agresivas o las grajillas no disponen de competencia y se extienden por el retroceso de los cernícalos. Lo que parece indudable es que la general y creciente disminución de grandes aves de presa, antes los mayores depredadores de los córvidos, cuyo crecimiento mantenían a raya, contribuye muy directamente a que Corvus monedula se haya convertido en una verdadera plaga en extensas zonas de Iberia. Los córvidos, con su desarrollado instinto de defensa colonial, necesitan muy poco estímulo para crecer desorbitadamente. Los jóvenes se protegen en el bando y la natural mansedumbre e inexperiencia de los primeros meses de vida queda paliada al permanecer unidos a los adultos más experimentados, incluso, en muchos casos, hasta que alcanzan la madurez sexual después primer año de vida. Si unimos a esto que son extraordinariamente adaptables a cambios ecológicos, modificaciones hábitat o variaciones en el biotopo, fácilmente comprenderemos el por qué de tan inusitada expansión.