FOCHA COMÚN (Fulica atra)

 

 

La Focha Común,Fulica atra,es un pájaro sobradamente conocido y no necesita ser descrito muy minuciosamente, en parte por su popularidad y también por la uniformidad de su coloración. Su plumaje es negro brillante en la cabeza y el cuello y negro pizarroso en el resto del cuerpo. En vuelo se le aprecia bien un borde blanco estrecho en las plumas secundarias. El pico es blanco ligerísimamente teñido de rosa y el escudete frontal blanco puro. Pico y escudete le dan un curioso aspecto y lógicamente su color resulta muy destacado frente al negro de todo el plumaje. Las patas son verdosas con la tibia anaranjada y los dedos, con grandes lóbulos de piel, son grises o azul grisáceos. El iris es rojizo o pardo rojizo. Las fochas jóvenes tienen el plumaje pardo grisáceo con la garganta y el pecho blancuzcos. El pico es amarillento y carecen del escudete frontal de los adultos.

Habita masas de agua de mayor extensión que la Gallineta y casi siempre nada al descubierto. Lagunas, pantanos, grandes charcas, marismas, estanques, riberas de grandes ríos, estuarios, etc., son lugares donde no faltan en todo tiempo las fochas. De manera ocasional y coincidiendo con tiempos fríos, pueden verse mezcladas con patos en la mar. Más a menudo en estas circunstancias se refugian en estuarios. La presencia de vegetación en las orillas les resulta fundamental, aunque son más dadas a aguas libres que las gallinetas. Continuamente se zambullen buscando los fondos con plantas acuáticas donde comen. En aguas someras su comportamiento es muy parecido al de un pato de superficie. Calan la cabeza, el cuello y la mitad del cuerpo, dejando al descubierto la parte trasera y la cortísima cola, ayudándose en esta acción con las patas mucho más que los patos. Sus movimientos al comer bajo el agua de esta manera, son enérgicos y a veces empiezan con un simple calado de la cabeza y cuello para terminar en una zambullida completa.

Se puede decir que la Focha Común es una especie muy gregaria, sobre todo fuera de la época de la cría, concentrándose en grandes cantidades, muy a menudo varios millares, en aguas libres muy al descubierto y lejos de cobertura vegetal. Casi siempre está mezclada con patos de diversas especies y nada entre ellos sin que parezca existir competencia. Al iniciar el vuelo desde el agua lo hace con notable dificultad, pateando varios metros con acompañamiento de batidos de alas, antes de conseguir elevarse. Una vez conseguido esto, su figura es inconfundible con el cuello bien estirado y las patas sobresaliendo por detrás de manera que con su gran volumen y color recuerdan más una larga cola. No parecen muy hábiles voladores y baten las alas con rapidez, pero durante el día son raras volando a no ser que sean espantadas con motivo de una cacería. Donde no son perseguidas llegan a tener gran mansedumbre y aunque siempre están alerta para huir corriendo o aleteando ante cualquier peligro, no tienen inconveniente en acercarse al hombre o a grupos de personas que en estanques dan de comer a patos y gallinetas. Entonces se muestran muy agresivas y a pesar de la gran dificultad que para andar por tierra presentan los lóbulos de los dedos de sus pies, corren fácilmente y disputan la comida a ánades y gaviotas que les pueden doblar el tamaño. Bucean mucho y a menudo y parece que lo capturado o cogido bajo el agua no pueden comerlo porque lo llevan a la superficie y allí lo picotean y comen. Al nadar suele llevar el cuello recogido y hay un cierto movimiento de la cabeza hacia adelante y atrás. El continuo buceo es indispensable en su vida. No parece que sea dada a calarse muy hondo a no ser que determinadas condiciones se lo impongan. Normalmente se zambulle en aguas someras y donde estas no sobrepasen más de 2 metros de profundidad, permaneciendo sumergida apenas 12-15 segundos, muy a menudo menos y rara vez más. Se han comprobado inmersiones de 25 segundos y profundidades de hasta 8 metros. A veces se zambulle sin apenas esfuerzo y como continuación de haber estado con el cuello calado bajo el agua. Saca la cabeza, mira a su alrededor y se zambulle. Otras veces da un pequeño salto y se cala limpiamente sin levantar apenas salpicaduras.

La Focha Común es un pájaro realmente agresivo no teme a ninguna otra especie, aunque siempre parece que detrás de esta fiereza se oculta una gran presteza para la huida. Entre ellas las luchas son frecuentes y se levantan de forma que se sientan sobre las colas y se golpean con las patas. Casos de fochas agresivas que en plena nidificación luchan y matan a otros pájaros mayores que ellas, son frecuentes en la literatura ornitológica y hay muchas y curiosas observaciones al respecto. Incluso hay una cita de una focha luchando y matando a una Gaviota argéntea Larus argentatus, lo que no es pequeña hazaña En estanques donde hay cisnes comunes se enfrenta a ellos, pero si estos le replican, huye con presteza. Cuando se muestra agresiva con otra de su misma especie nada con el cuello y cabeza muy estiradas y horizontales a ras del agua, llevando las alas entreabiertas y nadando rápida y directamente. Cuando se ve atacada desde el aire por el Aguilucho lagunero Circus aeruginosus o lo ve acercarse, su alarma es espectacular comenzando a batir el agua con las alas y a levantar gran cantidad de salpicaduras. Como esta actitud suele ser efectuada por todas las fochas de una laguna, el aguilucho se asusta ante tal escándalo y abandona la caza. No sale tanto a tierra como la Gallineta, pero es aficionada a caminar por prados de hierba corta en los que encuentra mucho alimento a base de semillas, hierba, insectos y moluscos.

Su voz, que prodiga mucho, puede representarse como un monosílabo emitido en tono alto y agudo, un ¡¡kiuk!! apresurado. Algunas veces suena repetido, pero en tono más bajo ¡¡kiu-kiu-kiu!! Muy a menudo lanza un abrupto y rápido ¡¡kuick!! que repite a intervalos. Varios sonidos más que cualquier observador puede escuchar significan agresividad, temor o alarma. Para expresar ésta emite una especie de bufido fuerte, sobre todo si se la espanta del nido.

La Focha Común se alimenta fundamentalmente de materias vegetales que obtiene, bien en el fondo de las lagunas o en la superficie en prados y marismas, estas con aguas muy someras. Su vigilancia del terreno es continua y realmente es un pájaro muy vivaz que no desaprovecha ocasión de capturar una presa, aunque a veces tenga que dar un salto en el agua para alcanzar con el pico un insecto que esté posado en la rama colgante de un sauce o espadaña. Los tallos tiernos de los carrizos en el momento que empiezan a surgir bajo el agua constituyen para la Focha un alimento insuperable. Pero también otras muchas plantas acuáticas que crecen en los fondos o en las orillas. Se calcula que un 80-85 del total de la dieta está formado por materia vegetal y un 15-20 %, de materia animal. Casi toda la primera está constituida por semillas tallos y hojas de plantas acuáticas y hasta un 15 % de hierba. Las algas y plantas incluyen Chara, Vallisneria, Potamogeton, Zostera, Ranunculus, Myriophyllum, etc. Captura muchos insectos de los géneros Odonata, Hemiptera, Lepidoptera y Coleoptera. También moluscos de agua dulce, pequeños caracoles y limacos. En zonas costeras come muchos gasterópodos, Patella, Littorina, Rissoa, y lamelibranquios marinos, Mytilus, Tellina, Donax, Cardium, etc. Jourdain cita anélidos como las lombrices de tierra y en cierto modo se convierte en un pájaro depredador cuando coge huevos en nidos de Gaviota cabecinegra Larus melanocephalus y Somormujo lavanco Podiceps cristatus y mata pollos de diversas especies de patos.

Aunque durante todo el invierno las fochas son inquietas y sus acciones de agresividad hacia otras recién llegadas pueden interpretarse en cierto modo como parte del celo, no es hasta febrero que las persecuciones y luchas alcanzan su mayor fuerza. Ambos adultos estiran el cuello y con él al nivel del agua muy horizontal, a menudo con el pico ligeramente levantado, nadan en círculos y sin dirección definida. También en el celo se pueden observar actitudes curiosas como cuando ambos se ponen frente a frente, mirándose por sólo unos segundos con el cuello arqueado y el pico medio calado en el agua, levantándolo a veces tan brúscamente que salpican a su pareja. Estas pacíficas representaciones están a menudo mezcladas con otras netamente agresivas y que ya han sido descritas en este ensayo.

En los primeros días de marzo, en zonas situadas en lugares favorables por la temperatura benigna y en mayo en zonas altas, comienzan los machos a aportar el material para la construcción del nido, frecuentemente flotante. Si las lagunas poseen una isleta central ésta es elegida y en sus orillas entre la vegetación encuentran un lugar muy favorable. Donde faltan las isletas eligen macizos de vegetación, carrizos y bayuncos sobre todo, que estén aislados y muy a menudo forman diminutas islas. También en las orillas y a veces usando nidos de otras especies que están construidos en arbustos o ramas colgantes. En general son elevados a 25-30 cm. de altura sobre el agua o el suelo. A veces más, pero esto no es frecuente. En Iberia se ven nidos a todos los niveles, desde marismas a la orilla del mar hasta vegetación situada en lagunas de montaña como el Lago La Ercina en el Parque Nacional de Covadonga, Laguna de Gallocanta y en pantanos y sus colas, como el del Ebro (Burgos-Santander). El nido es grande y en su construcción trabajan ambos adultos, pero aportando casi todo el material los machos, y las hembras entrelazándolo. No lejos del nido principal el macho hace otro u otros que en realidad son plataformas de reposo y vigilancia donde se asienta él mientras la hembra incuba y una vez nacidos los pollos también con frecuencia son conducidos allí. Muchos de los que son construidos en orillas de marismas y lagunas entre carrizos y espadañas tienen una especie de pasarela que permite a las fochas subir a él sin necesidad de trepar. El material está formado por hojas secas de plantas acuáticas que forman junto con muchos tallos la plataforma o base sobre la que se asienta propiamente el nido y cuando el conjunto forma una diminuta isla en la laguna que sube y baja con la elevación o descenso inesperado de las aguas, no puede ser arrastrado por la corriente, porque está normalmente anclado a plantas del fondo. Sobre los tallos secos de carrizos y bayuncos son frecuentes la hojas verdes de espadañas y otras plantas. Las puestas comienzan normalmente en marzo, pero se conocen en Iberia algunas en enero y otras tan tardías como mayo. Normalmente la puesta consiste en 7-8 huevos, pero muy a menudo ponen 5 ó 6 y también se ven de 9-12 huevos y excepcionalmente de 13. Fuera de Iberia Jourdain estima como normales las de 6-9 huevos.

Algunas veces hasta 15 y las encontradas de 16, 17 y 22 deben ser atribuidas a dos hembras que ponen en el mismo nido. Los huevos tienen color gris pálido o gris amarillento, densamente manchados con puntos y manchitas de un marrón negruzco que están repartidos muy regularmente por toda la superficie. Promedio de medidas para Iberia: 51,8 x 36,2 mm. Jourdain para 100 huevos medidos en Gran Bretaña obtuvo una media de 52,57 x 36,17 mm. con un máximo de 56,7 x 39 mm. y uno muy pequeño de 44,2 x 33,1 mm. Niethammer en Alemania da un promedio para 68 huevos de 53,3 x 35,4 mm. La incubación es normal por los dos sexos y no es raro que algunas veces empiecen con la puesta del primer huevo pero más a menudo después de la puesta del 2.° o 3.". Son dejados por la mañana con intervalos de 24 horas y a los 21-24 días comienzan a nacer los pollos que están cubiertos de un plumón negro teñido de gris en las partes inferiores. Es más largo que en otros pollos de rálidas sobre todo en el cuello donde tiene color rojizo. La cabeza está desnuda o lo tiene muy corto y en ella domina el color azulado encima de los ojos; la nuca es roja formando como pequeñas verrugas. El píleo es violáceo y el pico rojo, excepto el extremo blanco. Después de nacer, las pequeñas fochas permanecen en el nido 3 o 4 días cubiertas por la hembra. Cuando se lanzan al agua nadan muy bien y con agilidad, picoteando por la superficie y entre la vegetación de las orillas. Los primeros días son alimentadas por el macho y al atardecer o si llueve suben, no necesariamente al nido en que nacieron, pues si el macho ha construido alguna plataforma cerca con rampa de acceso, los adultos las conducen a ella. Después de unos días la pollada se suele dividir y cada adulto atiende una parte. Con frecuencia los pollos de diferentes parejas se mezclan, pero pronto ante las llamadas peculiares de los padres se separan

Muchas fochas no crían todos los años y en un estanque o laguna pequeña cualquier observador paciente puede ver adultos no emparejados que vagan por aquí y allí, siendo atacados por los que tienen crías. La Focha Común puede criar tres veces en un año, pero esto es raro y casi siempre ocasionado por la depredación de las puestas anteriores. Una segunda puesta está bien comprobada y no como reemplazo de otra perdida, aunque esta situación sea la más frecuente. Sin embargo, no siempre cuando pierde la nidada repite puesta de huevos. En años muy húmedos y en los que las marismas y lagunas tienen mucha agua las fochas crían mejor. No hay duda que las fochas se ven impulsadas a criar más unos años que otros, a veces sin explicación aparente.

Las pequeñas fochas que llegan a completar su plumaje no suelen superar el 60-70% y si tenemos en cuenta que de los huevos puestos muchas veces no se obtienen promedios de eclosión superiores al 25%, sucede que la reproducción en algunos casos es muy baja. Afortunadamente no siempre sucede así y en lugares favorables del sur de España pueden obtenerse promedios en el nacimiento del 80%. La depredación es muy grande en las lagunas, tanto por animales como ratas, aguiluchos, cuervos, etc. como por el propio hombre. La costumbre de recoger huevos de esta especie está muy extendida en algunos lugares del Sur. En las Marismas del Guadalquivir la recolección de huevos y pollos es una actividad extendida y muy arraigada entre los lugareños. Según Valverde, sólo la cantidad de huevos de Focha Común cosechados anualmente debía elevarse quizá a cientos de miles entre febrero y abril. Los pollos son capturados sobre todo en junio.

Las fochas jóvenes son independientes de las adultas al cumplir los dos meses.

La Focha Común se reproduce en la mayor parte de Eurasia desde Islandia, donde es irregular, sur de Escandinavia, Islas Británicas, Iberia y Francia y el resto del Continente. Es especie sedentaria y parcialmente migradora, influenciada grandemente por situaciones meteorológicas de olas de frío y fuertes nevadas, a pesar de que como sucede con otras rálidas como el Rascón, muchas no se mueven de sus lugares habituales y mueren de inanición en los estanques helados.

En la Península Ibérica es abundante y en algunos lugares muy común. Ocupa con preferencia grandes masas de agua y vegetación palustre, pero no falta en pequeñas lagunas y estanques, reproduciéndose bien incluso en pequeñas balsas de agua somera y en minúsculos lagos de grandes parques, aunque estén situados en el interior de las ciudades. Las Marismas andaluzas y las lagunas de aquella región, las Tablas de Daimiel, lagunas de Alcázar de San Juan y otras de La Mancha, los embalses de la provincia de Alicante, Albufera de Valencia, Delta del Ebro, laguna de Gallocanta en Zaragoza, pantano del Ebro entre Santander y Burgos y en colas de embalses de toda la Península reúnen la mayor población. También en zonas costeras del Cantábrico cria con una densidad pequeña o mínima y en la costa Atlántica portuguesa, donde El Aveiro puede tener ahora la mayor población de aquel país. La Focha Común es ave popular en toda España. En Asturias recibe el nombre de «Gallineta real» y en Andalucía el de «Gallareta».

A partir de agosto se ven fochas en Iberia procedentes de otros países europeos, bien como consecuencia de dispersiones posgenerativas de las jóvenes o a causa del comienzo de la migración otoñal. En los primeros días de septiembre de 1975 en la laguna de Gallocanta había no menos de 8-10.000 fochas. Los lugareños del pueblo de Gallocanta dijeron que estas aves habían aumentado mucho en los últimos años allí y consideraban que la mayoría procedían de la relativamente cercana Albufera de Valencia y quizá del Delta del Ebro. Muchas aparecían muertas en aquellos días en las orillas de la laguna y se pensaba allí que llegaban enfermas de la Albufera a causa del envenenamiento producido por los tratamientos con insecticidas en los campos de arroz. Nunca antes se había apreciado una mortandad tal. En octubre el número de Fulica atra que entran en Iberia es muy grande. Como este pájaro se anilla profusamente en Europa, las recuperaciones son abundantes todos los años. Por todo el Continente son muy abundantes las fochas en el invierno. En Holanda coincidiendo con fuertes fríos llegan muchas alemanas y del sur de Escandinavia y pueden contarse allí cantidades muy por encima de las 100.000. Lo mismo sucede en Francia, en especial en la Camarga. Muchas de las que allí se anillan se capturan por el levante y sur español. En los lagos suizos es tradicional la gran masa de fochas invernantes y entre ellos, la Camarga y el Levante español se establece una corriente de estas aves que varía en intensidad proporcionalmente a la dureza de los inviernos. En el sur de Iberia y en el noroeste de Africa las fochas son comunes desde septiembre hasta marzo. Pocas parece que llegan hasta el Atlas y lagunejas del norte del Sahara. Algunos datos hay sobre su llegada hasta el Senegal y Moreau (1972) la menciona al oeste del lago Tchad. En el sur de Rusia y en orillas y bahías abrigadas del Mar Caspio se cuentan normalmente en duros inviernos varios millones de fochas. Bernis (1966) menciona los datos obtenidos por los ornitólogos rusos al efectuar una metódica comprobación del peso. Así, se pudo comprobar la gran capacidad que las fochas tienen para variar de peso ya que pueden pasar desde un estado de inanición total a un engorde tan grande que incluso les impide el vuelo. Frecuentemente duplican el peso y aun lo sobrepasan. También distinguieron los ornitólogos rusos entre fochas de agua dulce con pesos medios de 600 gr. y fochas marinas con promedio de 850 gr.

En los inviernos ibéricos las fochas varían mucho en cantidad. En diciembre de 1967 se veían en las Marismas del Guadalquivir, más o menos 21.000 fochas. En noviembre de 1973 Hafner y Walmsley desde una avioneta contaron 1.640 en los lucios de Ansares y Marilópez, pero reinando condiciones de extraordinaria sequía. En la laguna de Medina próxima a Cádiz que fue bordeada a pie, había en aquella fecha 12.000 fochas. En enero de 1974 y en la misma laguna sólo había 7.110 y poco más del millar en las lagunas de Zorrilla. En el invierno de 1973-74, Muntaner et al. contaron en el Delta del Ebro no menos de 10.250 Fulica. En el Pantano del Ebro la población normal invernante puede estar entre 1.000 y 3.000 aves. La mayor cantidad que se recuerda en el Sur probablemente corresponde a 51.300 fochas que fueron contadas en la Laguna de Fuente de Piedra (Málaga) en enero de 1972. En la misma fecha había en el Delta del Ebro 5.000 más o menos y 4.000 en la laguna de Gallocanta. En la Albufera de Valencia las cifras oscilan en los meses invernales entre 2.000 y 10.000 Fulica. También en Mallorca (Albufera de Alcudia) inverna anualmente una no despreciable cantidad (550 en enero de 1972), pero cifras mayores no son raras. En resumen, la población de fochas invernantes, que, por supuesto, debe incluir gran parte de las nativas, es muy probable que en años normales sea del orden de las 50-100.000 aves, cantidad que puede ser más elevada en inviernos duros.

Como ya señalaba antes, muchas han sido las fochas anilladas en Europa que se recuperaron en España y Portugal. Las anilladas en la Camarga francesa caen casi todas por el Levante español en meses invernales. Algunas de las anilladas en otros lugares de Francia se capturaron aquí; así, una en Badajoz en noviembre y otra en el Delta del Ebro 19 días después de ser anillada y volar 900 km. hacia el Sur-sudoeste. Hay también muy numerosas recuperaciones de Pochas alemanas, inglesas, holandesas, checas, danesas, rusas, etc. En la Reserva de Doñana, Marismas del Guadalquivir, Reserva de Guadiamar, Marisma de Hinojos y otros lugares se han anillado numerosas fochas que han dado un alto índice de recuperaciones. Estas han demostrado la gran dispersión posgenerativa de muchos pollos que fueron capturados en zonas tan alejadas del lugar de anillamiento como el Delta del Ebro o la Albufera de Valencia. También hacia el Noroeste hubo un notable desplazamiento y las recuperaciones en Portugal son igualmente numerosas. Pollos y adultos realizan corta migración hacia el Sur. En Marruecos las capturas de fochas anilladas en el sur de España son frecuentes y alcanzan a veces distancias superiores a 500 km.