ESTORNINO PINTO (Sturnus vulgaris)

 

 

Cuando desde lejos observamos al Estornino Pinto, Sturnus vulgaris, su apariencia es la de un pájaro negro casi colicorto y de menor tamaño que un Mirlo común Turdus merula. Sin embargo, de cerca, y en plumaje primaveral, se aprecian bien reflejos rojizos, verdes y morados muy brillantes en todo el cuerpo y alas. En la nuca y espalda hay profusión de lentejuelas o pintas beige, que durante el otoño e invierno se extienden a todo el cuerpo, siendo las de las partes inferiores blancas y más grandes y redondeadas las de las hembras, frente a las pequeñas y triangulares o alargadas de los machos. Dado que desde hace años se observa un avance creciente del número de parejas de Sturnus vulgaris que anidan en el norte de Iberia, es necesario matizar más la descripción del plumaje para poder distinguirlo del Estornino Negro Sturnus unicolor, operación no siempre fácil cuando se les ve a distancia. El Estornino Pinto tiene en primavera la cabeza negro verdosa y reflejos morados rojizos o violáceos en la garganta, lados del cuello y parte superior del pecho, tonalidades muy variables según poblaciones e incluso individuos. Nuca y espalda en ambos sexos tienen moteado beige, y en las hembras el punteado es mayor y más extenso, cogiendo parte de la cabeza. Las partes inferiores de las hembras están moteadas de puntos blancos o grises triangulares con el vientre y plumas infracobertoras de la cola. Los machos solamente en estas últimas y en parte del vientre y siempre menos marcadas, más grisáceas y redondeadas. Por contra, las hembras tienen menos reflejos metálicos.

Los jóvenes de ambos sexos antes de la muda, en julio-septiembre, tienen las partes superiores de color pardo oscuro. Las inferiores, mentón y garganta son blancuzcas, y el pecho y los flancos, pardos. El vientre, también pardo, está rayado de blanco grisáceo. Alas y cola son pardo oscuras. En su primer invierno, los dos sexos son muy moteados, con puntas de las plumas blancas, más grandes y redondeadas que las similares de los adultos.

El color del pico es un rasgo útil en la determinación de los sexos. En general, los adultos lo tienen en otoño de color gris o pardo verdoso, con un ligero tono amarillento en la base de la mandíbula inferior. A partir de diciembre comienza el cambio de color, y todo él se tiñe de amarillo limón, conservando las hembras la base rosácea y los machos gris lívido o azulado, tonos éstos no siempre fáciles de delimitar. Los tarsos y los pies son pardo rojizos. El iris de los ojos es en los machos de color pardo oscuro uniforme y en las hembras pardo, con un anillo exterior o interior de color más claro, blanco, crema o amarillo pálido, pero también, a veces, todo el iris uniformemente pardo (Kluijver, 1935; Witherby, 1940). Sólo muy pocas hembras adultas carecen del círculo o anillo claro o lo tienen mal definido, aunque Spencer (Svensson, 1975) da una proporción de tonalidad intermedia tan alta como el 10 por 100, basada en la experiencia obtenida después de manejar cerca de 20.000 Sturnus vulgaris. Krátzing (1936) y Kessel (1951) comprueban que los estorninos jóvenes pueden ser sexados tres-seis meses después de emplumar, los machos con el iris pardo grisáceo oscuro y las hembras, gris pálido y a menudo con un tinte amarillento pálido.

En vuelo, el Estornino Pinto es fácilmente distinguible por su rechoncho aspecto, alas cortas puntiagudas, cola corta cuadrada y pico largo, pero, sobre todo, por hacerlo de forma totalmente directa hacia el posadero, batiendo con rapidez las alas, intercalando cortos planeos. Es fundamentalmente gregario. En época de reproducción cría en colonias y durante el otoño e invierno forma bandos ingentes que vagan por los campos o se agrupan en dormideros. Se posa en árboles y en el suelo con la misma facilidad. En éste come insectos y moluscos, pero también innumerables semillas. Frecuenta los campos donde pasta libremente el ganado vacuno y lanar. Camina y corre por entre las patas de aquéllos e incluso se posa en sus espaldas, intentando capturar los parásitos. También se dice que en el invierno trata de aprovechar de algún modo el calor que sus cuerpos despiden.

Su hábitat es variado, y lo mismo puede ser visto en los tejados de edificios de pueblos y ciudades como en pleno campo, cultivado o no. Se establece tanto en campos costeros y bajos niveles como en altitudes mayores hasta el límite de los cultivos e incluso en páramos desprovistos de árboles. El Estornino Pinto proporciona durante los meses de otoño e invierno uno de los espectáculos más impresionantes de la Naturaleza cuando, poco más o menos, una-dos horas antes de la puesta del sol, todos los grupos, bandos y parejas dispersas por los campos se van reuniendo y, en el aire, forman una ingente masa que vuela erráticamente de un lado hacia otro; tan pronto se eleva a gran altura como desciende hasta las copas de los árboles y, sin posarse, vuelve a elevarse. A la vez la masa de estorninos se estira y encoge, como si de un acordeón se tratara. Las figuras que el inmenso bando forma en el espacio son siempre inesperadas. Estas impresionantes evoluciones pueden durar más de una hora antes de que los pájaros decidan posarse en un grupo de árboles altos, en carrizales de una marisma o ribera e incluso en pequeños arbustos. En cuanto así lo hacen, inmediatamente notamos su algarabía continua, que se va atenuando para dejar paso a un gorjeo suave y realmente musical y agradable. En estos dormideros, donde pueden concentrarse varios millones de estorninos, no se interrumpe el griterío en toda la noche, y pronto, minutos antes del alba, comienzan los bandos a levantar el vuelo y a dispersarse por la campiña. Los dormideros no necesariamente están en pleno campo. Muchos se sitúan en edificios de pueblos y ciudades, en puentes transitados, en árboles de parques y grandes jardines e incluso en algunos lugares costeros en acantilados son tradicionales estos dormideros, y año tras año los pájaros acuden a ellos, aunque cerca pueda haber otro que a nuestros ojos reúne mejores condiciones de seguridad. En plena noche los estorninos cambian continuamente de posadero, pasando de una rama a otra y revoloteando incesante y ruidosamente.

El Estornino Pinto vuela incansablemente y por largas distancias. Acude al dormidero de muy lejos, a veces desde 100 km., pero más corrientemente un dormidero se nutre con pájaros que vagan por campos situados en un radio no superior a 25-50 km. También en plena época de reproducción los machos suelen agruparse en dormideros comunes no lejos de la colonia de cría y en los que pueden mezclarse con estorninos no reproductores.

El canto es ciertamente agradable. Consiste en una mezcla de silbidos, gorjeos, matraqueos y chasquidos que el Estornino emite desde un posadero alto, la copa de un árbol, el extremo de una antena de televisión, una chimenea, alero, poste e incluso desde el mismo suelo o sobre un montón de tierra. No tiene mucha fuerza, y se oye solamente desde corta distancia, muy a menudo sólo debajo mismo de su posadero. La mayoría de las veces parece como si el pájaro cantara «entre dientes» (?). Imita voces de otras especies e incluso ruidos de carros y puertas que chirrían por falta de grasa. Muchos estorninos son capaces de imitar canciones y silbidos emitidos por el hombre e individualmente algunos son verdaderamente hábiles para ello. Habitualmente emiten un sonido que se podría expresar como ¡¡tchiarr!! y un agradable y prolongado silbido ¡¡tsiiii!!. También un querelloso ¡¡chik-ik-ik!!. Los pollos en el nido lanzan un continuo e insistente ¡¡chissi-sick!!

Hablar sobre la alimentación del Estornino Pinto no es empresa fácil, puesto que este pájaro puede comer de todo, y de hecho así lo hace. Collinge calculó un 51 por 100 de materia animal y el resto (49 por 100) de origen vegetal. En general, durante la primavera y parte del verano, insectos, orugas, lombrices de tierra, moluscos, etc., son la parte fundamental de la dieta. La fruta cultivada y silvestre es comida a partir del mes de junio. En zonas costeras, muchos estorninos capturan gran cantidad de moluscos y crustáceos marinos. Los pollos de los nidos en las costas del Mar del Norte son alimentados con crías de cangrejos de mar. Carcinus maenas. Sin embargo, las proporciones y el alimento son variables de una región a otra. No hay aquí espacio suficiente para incluir siquiera un resumen de los numerosos estudios que en Centroeuropa se han realizado sobre la alimentación del Estornino Pinto en función de si la especie es beneficiosa o perjudicial para la agricultura. Los grupos de insectos más comúnmente registrados en su dieta son coleópteros dípteros y lepidópteros. Entre los primeros dominan a veces los carábidos y melolóntidos. El Ciervo volante, Lucanus cervus el Escarabajo de San Juan, Melolontha melolontha, y otros más pequeños, así como sus larvas, son capturados por los estorninos con gran habilidad. En el suelo introducen el pico en agujeros de lombrices de tierra y las extraen rápidamente. Comen también muchos escarabajos de la patata, pero sobre todo dípteros, como tábanos y mosquitos. El Mosquito gigante, Tipula, y su larva forman, por ejemplo, el 80 por 100 de la ceba de los pollos de los estorninos escoceses. En menor proporción se cita el mismo insecto en Holanda (40 por 100) y en Alemania y Suiza. Las plagas de mosquitos pueden concentrar en una zona enormes cantidades de estorninos pintos.

Durante los meses invernales en Iberia, el régimen alimenticio difiere totalmente. Los bandos se abaten sobre los olivares y causan cuantiosos daños. Durante dos meses, las aceitunas deben procurar el principal alimento de estos pájaros. En Extremadura, Andalucía, Levante y valle del Ebro, los estorninos inician con el amanecer una dispersión que los lleva hacia los olivares donde pasan todos el día comiendo, a pesar de la persecución de que, lógicamente, son objeto. Bernis (1960) escribe: «El radio de acción de las bandas llega a ser considerable. Positivamente podemos decir que los que se concentran en los dormideros de «Valero» y «Corchuelas» se desperdigan cada día alcanzando, al parecer, las comarcas olivareras de Gata, Plasencia y Talavera de la Reina del Norte, y las del sur de Cáceres y nordeste de Badajoz por el Sur, unas y otras como menos distantes. Dichas comarcas olivareras distan no menos de 50-100 km. en línea recta del dormidero. La entrada de bandadas en el mismo ocurre muy tarde, en pleno anochecer». Por toda la mitad meridional y el Levante español existen tradicionales dormideros donde se persigue desde tiempos antiguos al Estornino Pinto, capturando muchos millares a veces en una sola noche. Bernis también menciona como dormidero y biotopo de alimentación al monte bravío de tipo mediterráneo, que hoy está reducido a las sierras y a algún que otro coto de caza mayor. Se trata de una formación vegetal abigarrada con o sin árboles y plena de arbustos de hoja perenne, como el Madroño, Arbustus unedo; la Escuernacabra, Pistacia therebinthus; el Lentisco, Pistacia lentiscus; el Arrayán, Myrtus communis; los labiérnagos, Philliraea spp.; brezos, Erica spp.; jaras, piornos, etc., y todo ello mezclado con pequeños árboles, como el Acebuche, Olea oleaster; la Encina, Quercus ilex; el Quejigo, Quercus lusitanica; el Alcornoque, Quercus suber, etc. Casi todos ellos fructifican tardíamente y proporcionan al Estornino una buena fuente de alimentación.

La reproducción comienza en abril, cuando se observa a los machos persiguiendo en vuelos rápidos a las hembras. Pero también esta caza amorosa se produce entre las ramas de los árboles, y en muchos de estos casos es la hembra quien vuela detrás del macho después de que éste ha ido subiendo de rama en rama a pequeños saltos o revoloteos hasta alcanzar la copa. Cría generalmente en colonias pequeñas, pero también hay parejas dispersas por tejados y agujeros de muros o árboles. Debajo de tejas, en grietas de rocas, soportes de grandes nidos de otros pájaros, agujeros de pájaros carpinteros, huecos de desvanes, etc., son otros lugares que proveen cobijo a las parejas reproductores. Algunos aprovechan densa hiedra que trepa por los muros de paredones y edificios abandonados. Los machos, antes de emparejarse, construyen con hierba seca o paja una somera plataforma bastante desaliñada que la hembra luego mejora, pero no mucho, añadiendo nuevo material y forrando el interior con pelos, lana y plumas y ocasionalmente musgo. La puesta de cinco-siete huevos es normal, pero hay muchas de ocho huevos y se citan también de cuatro y nueve. Su color es azul pálido, algunos casi blancos y con poco brillo. Jourdain cita algún huevo con puntos finos rojizos. Cien medidos en Gran Bretaña dieron un promedio de 30,2 x 21,2 mm., con un máximo de 34,1 x 22,4 mm. y un mínimo d 27,2 x 19,8 mm. Balcells y Masoli (1960), en un nido encontrado en la provincia de Gerona con cinco huevos, obtuvieron una media de 27,95 x 21,66 mm., con máximo de 28,7 x 21,7 mm. y un mínimo de 26,5 x 21,3 mm. La incubación se efectúa por ambos sexos y comienza al estar completa la puesta. Durante la noche solamente incuba la hembra. A los doce-trece días nacen los pollos (doce-quince días, Harrison) que son alimentados por los dos adultos con insectos. Al principio están parcialmente cubiertos con un plumón largo y denso de color blanco grisáceo. El interior de la boca es amarillo brillante y las comisuras, amarillo pálido. No hay puntos oscuros en la lengua. El desarrollo es rápido al principio, y la hembra acude muchas más veces que el macho al nido con cebo, siempre varios insectos y orugas de cada vez. Una cría en la temporada es normal, pero no son raras dos.

Sturnus vulgaris se extiende por todo el continente europeo, faltando o siendo muy local en los países de la cuenca mediterránea. En todas partes es muy abundante y el oeste y sur de su área se conduce como especie sedentaria, migrando hacia el Sur-Suroeste en el resto. En la Península Ibérica es fundamentalmente una especie invernante en gran número, y generalmente se considera como una auténtica y peligrosa plaga para los cultivos. Solamente en unas zonas de Iberia se han descubierto colonias pequeñas o parejas aisladas anidando; en una, Lérida, es ave ya común. Desde la cita de Vayreda (1883), quien señala que la primavera de 1851 «una pareja de Sturnus vulgaris se quedó en el llano de Vich (Barcelona) y anidó en un tejado de una casa de campo», no se había constatado su nidificación en Cataluña, aunque esto no quiere decir que una pequeña población endémica no existiera allí (Balcells y Masoliver, 1960). En mayo y junio de 1960, varias parejas se observaron en los tejados de edificios. abandonados en la provincia de Gerona. Dos pequeñas colonias fueron entonces descubiertas con nidos debajo de las tejas y estudiados por Balcells y Masoliver. En el mismo lugar, situado a dos km. de Rosas (Gerona), Pons (1963) encontró una puesta tardía el 26 de noviembre de 1961. En un nido recién construido había dos huevos frescos. Maluquer (1973) cita en su obra «Els Ocelis de les terres catalanes» comunicaciones de criar en Castellfollit de la Roca y en el valle de Vianya (Mestres in litt.). También Verdaguer (in litt.) le informa de su reproducción en Manlleu desde hace tiempo. Nuevas colonias son descubiertas en Cataluña por Maluquer y Pons (1966): «En el término municipal de Penellas, provincia de Lérida, en pleno Llano de Urgel, anidan cada primavera tres a cuatro parejas de Sturnus vulgaris; suelen construir los nidos en álamos blancos, Populus alba, a una altura media de unos seis metros y mezclados a menudo con grajillas, Corvus monedula. Se observaron pollos volanderos en la primera quincena de junio». En 1971, la nidificación en Cataluña occidental se había incrementado en gran manera, hasta ser ya un hecho común (Maluquer, 1973). En Mollerussa (Lérida) también se reproducen desde hace años. Ultimamente (1973) Jacas observa varias parejas en las ruinas de La Illeta (delta del Ebro) el 6 de mayo, y el 20 del mismo mes no menos de cuatro parejas se reproducen allí. Mestre Raventós (1975) confirma la reproducción y observa algunos sedimentos en la zona sur del mismo delta pensando en una posible reproducción allí. En mayo de 1974, el mismo ornitólogo ve estorninos posados en los tejados de construcciones y barracas, y hay bandos, alguno de hasta 16-20 individuos. También observa jóvenes volanderos y un bando de 30 (La Alfacada).

Mestre Raventós realizó un exhaustivo trabajo de censo de parejas y localización de colonias en la región catalana que se resume. En 1962, en el Llano de Urgel había localizado la primera bandada en la que se integraban estorninos pintos jóvenes. En años anteriores, en zonas próximas no había visto ninguno. Desde 1971 ya ve muchos en localidades de Urgel hacia La Segarra (Lérida).

En 1975 estima esta zona como la mas importante, y hay estorninos pintos criando en no menos de 140 localidades que se expanden en todas direcciones y hacia el sur de la capital. Muchos se establecen en campanarios y tejados de iglesias, y calcula que varios millares de parejas anidan en los llanos de Lérida, pero señala la imposibilidad de dar una estimación siquiera aproximada. La expansión del pájaro de un año a otro es realmente considerable en toda la zona prospectada. En la provincia de Gerona varias pequeñas colonias y parejas se hallan dispersas por los tejados de casas de labranza. Massip descubre el 21 de marzo de 1973 un nido con pollos en Banyols. En Rosas, Castelló de Ampurias y Riumors hay no menos de 25-30 parejas criando en los tejados de casas de campo y edificios. En el Vall de Vianya se reproducían 100-125 parejas. En Manlleu (Barcelona) había no menos de 50 parejas. También en el Penadés (Barcelona) y cuenca del río Gaiá se observaron un mínimo de tres parejas criando pollos, y existen numerosas citas más.

Otra zona, cada año más importante, está en Navarra. En 1967 hay noticias de su reproducción en Vera de Bidasoa. Purroy (1974) señala contingentes muy reducidos en Eugui, planicie de Burguete. Elósegui asegura, que la expansión desde el norte de la región navarra hacia el sur es notable, y prevé una unión con el Estornino Negro que avanza de Sur a Norte. En la montaña prefiere proximidades de robledal y ganado pastando. Varias parejas, sin duda, criando se ven en Lecunberri y también cerca de Pamplona. Algunas han llegado hasta Monreal, pero, por el momento, no hay evidencia de su nidificación allí. En Guipúzcoa se descubrieron los primeros nidos en la zona de Jaizubia en 1972, al pie del monte Jaizquibel, cerca de la ciudad de Irún. La expansión continuó los años siguientes, y Faus informa que, por lo menos, en gran parte de la mitad oriental de la provincia se ven parejas reproductoras de Sturnus vulgaris. Su progreso es evidente y ya ocupa la zona alta del Goyerri y también en Larraiz, al pie del Txindoqui. En Villafranca de Ordizia hay un cañaveral donde duermen nutridos grupos. Llegan citas sin confirmar de parejas anidando en el sur de Teruel, y Pechuán no descarta que alguna pareja haya penetrado por el norte de la región valenciana.

Una nueva e importante área de reproducción en franco aumento corresponde a Santander. González Morales informa de su nidificación desde hace unos tres años en localidades costeras de aquella provincia, en las que puede observarse junto con Sturnus unicolor, coincidiendo con él solamente en parte de su nicho ecológico. Los ornitólogos García Oliva y Lavir comprobaron nada menos que 26 localidades de cría en la primavera de 1976 en una línea costera que va desde Santana a Suances. Ni a oriente ni a occidente de estos dos puntos vieron Sturnus vulgaris criando. En Gajano anillaron varios pollos, y un adulto fue cogido a mano dentro del nido. Todos los nidos eran voluminosos, hechos de hierba seca y forrados con plumas de gallina y del propio pájaro, estando situados en tejados, bajo las tejas y en huecos.

La expansión que la otra especie, Estornino Negro, tiene ahora en Asturias, hizo sospechar que, dado que varias pequeñas colonias estaban en tejados de iglesias y almacenes, alguna podría ser de Sturnus vulgaris. Visitadas en junio de 1976 en compañía de Alberdi, se pudo descartar, de momento, la presencia en ellas de Estornino Pinto. Sin embargo, dada la dificultad que existe de distinguir las dos especies a distancia, a no ser por la voz, no siempre oída y sobre todo que el lugar de nidificación es bastante inaccesible, no puede descartarse en absoluto la posibilidad de entrada de Estornino Pinto en Asturias y su reproducción, al igual que ocurre en Santander.

Bernis (1960) ha resumido la copiosa bibliografía y los estudios que en Europa se han realizado sobre la biología y los movimientos del Estornino Pinto. Las poblaciones migradoras de Europa continental muestran una clara separación migratoria. Las del CentroNorte, Norte y Noreste vuelan hacia el Oeste, alcanzando como cuarteles de invierno principales los Países Bajos, norte de Francia e Islas Británicas, mientras que las poblaciones del centro y sureste de Europa se dirigen, sobre todo, hacia los países de la mitad occidental del Mediterráneo. Hay, sin embargo, una zona de superposición de ambas corrientes migradoras en la que los estorninos se comportan de un modo ambiguo. Una parte de las poblaciones realizan previamente a la migración de invierno una dispersión o desplazamiento hacia un cuartel de finales de verano y otoño, desde el que iniciarían después la verdadera migración invernal. El anillamiento masivo de esta especie en toda Europa ha permitido estudiar muy bien sus movimientos. Refiriéndonos a la Península Ibérica, los que invernan aquí proceden en su gran mayoría de Suiza, Alemania del centro, este y sur, Polonia media y meridional, Bielorrusia y comarcas de Rusia en los distritos de Smolenks, Moscú y Kelinin (Bernis). El grueso de las poblaciones que entran en Iberia están realizando una migración en dirección Suroeste.

Los estorninos invernantes producen cuantiosos daños en los cultivos de invierno en todos los países mediterráneos, en especial en los olivares. Este pájaro es muy mimado en Europa por el gran consumo de insectos que realiza durante la época de cría, y su nidificación es alentada artificialmente con la colocación de muchos millares de cajas-nido, que el pájaro parece adoptar con preferencia a lugares naturales. Dado que no se realiza el control de natalidad que sería de desear en beneficio de la agricultura de los países mediterráneos, la caza masiva en dormideros, la voladura y envenenamiento de éstos es una práctica corriente. Sobre todo la caza con red. En Iberia existen muchas y extensas manchas de carrizos que sirven de reposadero nocturno a millones de estorninos. En ellos capturan docenas de miles de estos pájaros que son dedicados al consumo humano de las grandes ciudades. Bernis hace un resumen de los distintos y más importantes dormideros, algunos de ellos hoy desaparecidos o mermados considerablemente por drenaje y desecación. La mayoría están situados cerca de las zonas olivareras españolas. Sin atender a un orden de importancia resumo de Bernis (1960): Carrizales del Ebro (Tudela, Navarra), Gallur y pueblos cercanos (Zaragoza), Zaidín (Huesca) y pueblos próximos, ya en la provincia de Lérida; Camp del Puerto y Lluchmayor (Mallorca), carrizales del pantano de Elche (Alicante), Idanha Penha García (Portugal), Membrio (Cáceres), dormideros de Torrejón el Rubio (Cáceres), situados en pleno monte bravío y malezas del río Tajo: Don Benito (Badajoz) centro de una comarca donde la caza de estorninos es costumbre tradicional durante las lunas nuevas de enero y febrero; Canllana y Villaverde del Río (Sevilla), donde en un solo cañaveral podían cazarse 300.000 estorninos en una temporada; Laguna Zoñar, cerca de Aguilar de la Frontera (Córdoba) etc. En conjunto, puede estimarse que varios millones de estorninos pintos y negros son cazados por diversos medios durante el invierno en la Península Ibérica. Las recuperaciones de anillados son masivas. Teniendo en cuenta que en Europa han marcado varios centenares de millar de estos pájaros, no es extraño que las anillas recogidas en España y Portugal sean incontables, al extremo de que muchos pajareros profesionales y sus familias se adornaban con pulseras y collares hechos con anillas enhebradas en un hilo. A pesar de la matanza anual, el control de las poblaciones de Sturnus vulgaris debe ser realizado en los países donde se reproduce en tan gran número. En ellos también producen daños en frutas y campos, pero no en la cuantía con que lo hacen en las naciones mediterráneas. La alta tasa de mortalidad anual de los nacidos, calculada en un 50 por 100, no parece afectar grandemente a este pájaro, que continúa su expansión.

Una gran masa de estorninos pintos alcanza África. Desde Marruecos a Egipto, los invernantes comienzan a hacerse ya sensibles a finales de agosto, pero no es importante su presencia hasta últimos de septiembre y, sobre todo, en octubre. La mayoría proceden del centro de Europa (Suiza, Alemania, Hungría, Austria, etc.) y del oriente del continente (Polonia, Rusia, Bulgaria). En África, además de atacar los olivares, comen muchos dátiles y persiguen al vuelo las termitas aladas. En Marruecos, Pineau y Giraud-Audine (1976) estiman su llegada invernal muy variable. Algunos años son escasos (1971-72) y otros excesivamente abundantes (1970-71). En general, su presencia es regular todos los años desde octubre a marzo, pero variando el volumen de sus efectivos. Muchos llegan incluso hasta el Atlas y los bordes septentrionales del Sahara.