CHOVA PIQUIRROJA (Pyrrhocorax pyrrhocorax)

 

El negro plumaje y el ágil vuelo pronto nos descubren a la Chova Piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax. Vista de cerca se puede apreciar bien el pico largo y curvado hacia abajo de color rojo o anaranjado las jóvenes, las patas rojas y las plumas negro brillante con tonalidades azuladas en el cuerpo y verdosas en las alas y cola. Su vuelo es boyante y poderoso, mostrando las alas muy redondeadas y extendidas, con las primarias abiertas y ligeramente curvados los extremos hacia arriba. Normalmente vive en parejas o pequeños grupos que forman las colonias de cría en acantilados y roquedos. Sus vuelos sobre los cortados de montaña son espectaculares y las parejas suben y descienden en picados rapidísimos, volando a trechos con lento batir de alas, cerniéndose y girando en el aire en una exhibición de acrobacias sorprendente. Las corrientes termales pueden ayudarlas mucho en sus ascensiones y con frecuencia siguen una espiral en su vuelo hasta casi perderse de vista. Todos estos vuelos son acompañados de continuos gritos y llamadas, sobre todo de un sonido nasal ¡¡chíaá!! que resuena en toda la montaña y la distingue inmediatamente del silbido de la Chova Piquigualda Pyrrhocorax graculus.

A partir de los meses de septiembre y octubre la Chova Piquirroja forma bandos numerosos que recorren campos costeros y de montaña en un ir y venir incesante, picoteando entre la hierba y caminando a saltos que alterna con cortas carreras, adelantándose unas a otras de forma tan curiosa que resulta imposible poder contarlas. Se posan siempre en el suelo y sólo excepcionalmente en un árbol seco. Más a menudo en roquedos y repisas de cortados verticales. Cuando se lanza al espacio a menudo vuela realizando cortos picados que alterna con planeos y también gira en el aire y planea invertidamente como lo hace el Cuervo Corvus corax. Si de lejos se ve una pareja solitaria posada, puede confundirse con la Grajilla Corvus monedula, de casi el mismo tamaño, pero su cuerpo más delgado y actitudes inconfundibles ya descritas, la identifican pronto. Cuando se alarman, normalmente cerca de los nidos, lanzan gritos que recuerdan a los de las gaviotas ¡¡kuarr!! y que pueden repetir a coro.

Se alimentan fundamentalmente de insectos y sus larvas y también recogen gran cantidad de materia vegetal, singularmente granos y semillas. En zonas costeras come crustáceos y moluscos y estos también en los campos de montaña. Jourdain (1940) cita lagartijas y pequeños roedores, aunque sin confirmación para los últimos.

Cada pareja vigila un territorio donde pasa gran parte de su vida y allí anida. Probablemente no alcanzan la madurez sexual antes del segundo o tercer año como otros córvidos, pero viven emparejadas ya antes de criar.

De este modo se ven colonias formadas por 10-15 parejas en las que únicamente hay 5-7 nidos. Estos son construidos por ambos adultos con palos, hierba seca y forrados de lana en su interior. La mayor parte del trabajo estructural corre a cargo del macho y la hembra se encarga de arreglarlo por dentro con variados materiales que a veces no se comprende de dónde pudieron haberlos traído. Casi siempre los nidos están en el fondo de profundas grietas o cuevas, en agujeros o chimeneas de acantilados marinos y cortados rocosos. También se ha encontrado en edificios desmantelados, almacenes y en ruinas. La puesta consiste en 3-6 huevos y más raramente 2 ó 7. Son blancos, amarillentos o verdosos, pero siempre con puntos y manchitas sepia o pardo amarillentas y manchas gris ceniza. También algunos tienen la cáscara completamente blanca. Jourdain para 100 huevos medidos en Gran Bretaña obtuvo un promedio de 39,4 x 27,9 mm., con un máximo de 41 x 29,5 mm. y un mínimo de 34 x 26 mm. En acantilados costeros las primeras puestas pueden ser encontradas a primeros de abril y más a menudo en los últimos días de este mes. En montañas no antes de la primera semana de mayo. A partir de la puesta del primer huevo la hembra incuba sola, naciendo el primer pollo a los 17-18 días y con intervalos de 24 horas los demás. El macho alimenta a la hembra mientras incuba y ésta sale fuera del nido si pasan 30 minutos sin que el macho aparezca y comienza a llamarlo con agudos gritos. Los pollos son atendidos por la hembra las dos o tres primeras semanas, cubriéndolos continuamente y dándoles la comida que aporta el macho cada 20-37 minutos (Holyoak 1972). Después de realizar el primer vuelo fuera de la oscura cueva, normalmente a los 38 días de nacer, se esconden en las grietas de las rocas y agujeros donde permanecen 4-9 días hasta que vuelan bien y siguen a los adultos en sus correrías durante 4 o 5 semanas. No obstante, antes ya pueden comer solos, capturando insectos con habilidad.

La Chova Piquirroja está disminuyendo en toda Europa y muchos acantilados costeros de las Islas Británicas donde antes abundaba, están ahora desiertos o con escasas parejas. Cría en la Bretaña francesa y localmente en los Alpes, sur de Italia, Balcanes y en algunas islas mediterráneas. También en el noroeste de Africa. En la Península Ibérica es especie no escasa, pero muy repartida por cortados rocosos de alta y media montaña e incluso al nivel del mar en acantilados. En la Cordillera Cantábrica se ve local en primavera y formando bandos en el otoño e invierno. En la costa hay sólo parejas o pequeños grupos en acantilados marinos. En Navarra, Elósegui dice que cría en toda la región, formando colonias pequeñas. En invierno se agrupa con chovas de pico amarillo y los bandos mixtos vagan por Aralar, Urbasa, Andía, etc. La misma situación se observa en el resto del país. No se nota una reducción apreciable, salvo en la zona Cantabrica donde disminuye de año en año, pero la población es todavía importante allí y ocupa siempre zonas más bajas que Pyrrhocorax graculus, normalmente por debajo de 1.500 metros.