CHARRÁN PATINEGRO (Sterna sandvicensis)

El Charrán Patinegro Sterna sandvicensis, como los demás de su especie, es fácilmente distinguible de las gaviotas por su cuerpo más delgado, alas estrechas y apuntadas y pico fino y largo. Su vuelo es siempre mucho más ágil y ligero, aunque precisamente el Charrán Patinegro es el más parecido de todos a las gaviotas por su tamaño y fortaleza del pico. Este es negro con punta amarilla y tiene las patas también negras. En el verano la parte superior de la cabeza es negra con las plumas en la nuca prolongadas en una a manera de cresta que suele erizar cuando está excitado. Las alas y el dorso son gris pálido y el resto del cuerpo blanco. Hacia mediados de junio la mayoría han comenzado la muda y en agosto cuando ya los primeros se ven en paso migratorio por la costa cantábrica ya casi todos visten el plumaje invernal en el que el rasgo más destacado es la frente blanca y el negro de la cabeza mezclado con tonos blanquecinos. Su voz es muy característica e inconfundible, un sonido que se puede expresar como «kirrik» y que repite incesantemente cuando en grupos sobrevuelan un banco de peces o penetran en los puertos. Son reproductores coloniales de la misma forma que las gaviotas y exclusivamente costeros en la mayor parte de Europa. La mayoría de las colonias son muy numerosas y los nidos se amontonan unos al lado de otros en las playas y arenales, de forma que puede decirse que los charranes patinegros al incubar lo hacen codo con codo. La mayor parte de las colonias están establecidas en dunas de arena y sobre todo en isletas arenosas, muchas de las cuales son frecuentemente cubiertas por las mareas en un descenso inesperado de presión atmosférica, de forma que las catástrofes en los nidos pueden ser frecuentes y a menudo los huevos flotan entre las someras aguas.

Los adultos retornan a las colonias a finales de marzo y en abril y se dice que las parejas ya están formadas desde el mes de febrero en los lugares de invernada de la costa occidental africana. Aunque como sucede con las gaviotas, muchos charranes, especialmente los que van a reproducirse por primera vez, se emparejan al llegar a las zonas de cría. El cortejo nupcial de estos pájaros es un espectáculo difícil de olvidar con vuelos acrobáticos hasta gran altura, que casi se pierden de vista y con descensos repentinos planeando y acompañando estos vuelos con fuertes gritos.

Su agresividad hacia los demás congéneres es grande, mostrándola adelantando el cuello y erizando las plumas de la nuca. Durante el cortejo, macho y hembra realizan una danza circular con los picos medio abiertos. Los lugares de nidificación son ocupados a finales del mes de abril y más corrientemente en mayo. En 1961 fue comprobado el intento de nidificación en la isla de Buda (Desembocadura del Ebro), por J.R. Pons y S. Maluquer, quienes encontraron un nido con un huevo y observaron en la zona numerosos adultos con alarma que podía indicar la iniciación de la cría. En años posteriores no pudo ser descubierta la reproducción aunque la presencia de adultos y subadultos en la zona en los meses primaverales fue continua.

El Charrán Patinegro anida frecuentemente cerca de los nidos de la Gaviota reidora y de otros charranes. Se ha querido ver en esta asociación para la nidificación un intento para obtener ventaja frente a la depredación, pues la Gaviota reidora es muy luchadora y defiende su zona de reproducción con gran energía, sobre todo si tenemos en cuenta que el Charrán Patinegro es poco combativo a la hora de defender sus nidos. La puesta normal consiste en uno o dos huevos con el fondo de color blanco o pardo muy marcados con puntos y manchas marrones. Para la puesta, la hembra aprovecha una ligera depresión en la arena y en ella van acumulando cortos trozos de vegetación seca e incluso pequeñas piedras a lo largo del período de incubación, que dura de 21 a 29 días, con un promedio de 25 días. Al nacer los jóvenes, permanecen sólo unos días en el nido abandonándolo en seguida. En algunas colonias se acercan a la orilla del agua, pero en la mayoría se esconden entre la rala vegetación de los arenales para resguardarse del sol y del viento, no alejándose mucho del nido. A los 28 días ya tienen la pluma completa y comienzan a volar con los padres, siguiendo a éstos por un largo período. En una pequeña colonia que ocasionalmente se estableció en los bajos de un acantilado de la costa asturiana en junio de 1971, tres parejas lograron solamente criar un joven que seguía en sus primeros vuelos a los adultos, pescando por las playas y haciendo amagos de zambullida.

El Charrán Patinegro tiene una forma característica para cernerse y lanzarse de cabeza sobre algún pequeño pez que divisa al sobrevolar las aguas. Su vuelo, casi danzante con el negro pico apuntando hacia abajo, es tan característico que resulta imposible de confundir con el de cualquier otra especie. Las zambullidas son continuas y rara vez se ve al pájaro surgir de las aguas sin su presa en el pico, que a veces engulle con notoria dificultad, pero haciendo gala de tanta destreza como la propia captura. La altura desde la que se lanzan es notable y lo hacen plegando las alas y formando con el cuerpo una figura aerodinámica que penetra fácilmente en el agua, salvando de esta forma la dureza del golpe sobre la superficie, no sin antes levantar más salpicaduras de agua que el resto de las charranes, que son especies de forma más grácil y de menor peso.

Una especie tan notoria en sus costumbres y atractivas para la realización de estudios por la facilidad de acceso a las colonias, ha sido forzosamente estudiada por ornitólogos de todo el mundo. Así, se ha llegado a determinar que los pequeños peces constituyen el 98 por 100 del total de la dieta que los adultos aportan a las crías en el nido. Solamente un 2 por 100 está constituido por invertebrados marinos. Las especies de peces están en razón de las épocas del año y sobre todo de las costas frecuentadas por los charranes. Así, en el Cantábrico español la pequeña anchoa y sobre todo la cría de la sardina, del múgil y de la lubina, probablemente forman casi la totalidad de la dieta del Charrán Patinegro a su paso por estas aguas costeras.

Durante la cría los adultos recorren grandes distancias a lo largo de la costa por playas y estuarios en busca de alimento. La pequeña colonia a que antes se hacía referencia estaba situada en la costa asturiana y los charranes habían tomado como límite Oeste para sus vuelos de pesca el promontorio de pesca de Santa Catalina en la misma playa de San Lorenzo de Gijón y en ningún momento rebasaban este punto. El regreso a la colonia se hacía mucho más rápidamente e invariablemente los pájaros pescaban formando un grupo de seis adultos.

Los jóvenes charranes, una vez iniciados en el arte de la pesca, van derivando hacia el Sur acompañados siempre por los adultos, recorriendo costas y estuarios y posándose a descansar en playas, puertos y arenales y frecuentemente mezclados con gaviotas.

Las colonias de cría de esta especie suelen ser muy desiguales en el número de sus componentes. Aparte de la exigua colonia que ya se mencionó en la costa asturiana y cuyo establecimiento parece ser que fue auténticamente ocasional en las costas españolas del Cantábrico, en el Golfo de Vizcaya existe una colonia en la desembocadura del río Adour (Bayona, Francia), que pasa por varias vicisitudes de depredación y cambios físicos de la zona y algunos de cuyos componentes pueden desplazarse fundando colonias en otros lugares. En el resto de Iberia hay que citar, además de la esporádica del Delta del Ebro no repetida en siguientes años, la de la desembocadura de los ríos Tajo-Sado (Portugal).

Las fluctuaciones de las colonias de esta especie son muy grandes de unos años a otros, sin que se sepan las causas. En una playa o arenal donde en un año se establecen para criar centenares de parejas, inexplicablemente la zona es desertada parcial o totalmente al siguiente año, pero no por disminución o muerte de los pájaros, que probablemente han formado otra colonia 100 km. más lejos.

Esta especie ha sido objeto de un masivo anillamiento científico y consecuentemente han sido muchas las recuperaciones. De este modo se sabe que las poblaciones de patinegros migran a lo largo de las costas atlánticas de Africa e invernan en el Africa Tropical, desde el Sahara hasta El Cabo y Natal, aunque algunos se pueden observar en las costas de la Península Ibérica durante el invierno. Los que se ven en el Mediterráneo occidental en invierno, pertenecen en su mayoría a poblaciones que se reproducen en el Mar Negro.

En el mes de septiembre y parte de octubre, pasan el grueso de los charranes patinegros europeos por las costas cántabro-atlánticas, aunque debe destacarse aquí que este paso no es todo lo regular que pueda suponerse. Muchos otoños es difícil ver uno solo de estos pájaros cerca de la costa, y sin embargo, mar afuera, en una línea que puede trazarse desde Bretaña francesa a la ría de Ribadeo, son extraordinariamente abundantes. Aquí, sin que ciertamente se sepan las causas, falla su carácter eminentemente costero. Se sospecha, sin embargo, que esta situación está en razón de los movimientos de las masas de los pequeños peces. Lo que sí es bien notorio es que los Charranes patinegros, en mayor medida que las otras especies de charranes, frecuentan las playas y puertos, volando por encima del borde de los muelles y en el interior de los estuarios justamente en la pleamar, estando ausentes en la marea baja.

La madurez reproductora de esta especie es adquirida poco antes del final del cuarto año de vida y está bien comprobado que la mayoría de los charranes inmaduros pasan el verano en sus lugares de invernada, sobre todo en las costas del Golfo de Guinea y de Mauritania.

Un año antes de ser adultos llegan a las costas europeas pero no se reproducen y vagan por el litoral y las playas, pudiendo originar confusión su presencia al pensar que se trata de reproductores. Esta especie da un alto índice de longevidad habiéndose obtenido ejemplares anillados de más de 13 años de vida, con un máximo extraordinario de 23 años y 9 meses.

Las recuperaciones de anillados se distribuyen a lo largo de todo el litoral peninsular, pero es necesario hacer hincapié en que esta especie da aún un mayor índice de recuperaciones del que generalmente se somete a estudio. La captura de charranes en el litoral cántabro-atlántico es un pasatiempo para nuestros pescadores, que aprovechan el cebo vivo de los viveros de sus buques para capturar con anzuelos una enorme cantidad de estos pájaros, muchos de los cuales están anillados y las anillas no se entregan.

El área de cría del Charrán Patinegro en Europa es relativamente pequeña, ocupando prácticamente todas las costas de Gran Bretaña, noroeste de Francia, Mar del Norte y parte del Báltico. La población más oriental dentro del ámbito europeo cae en la costa ucraniana del Mar Negro.

En las costas portuguesas de Algarve y Beira Litoral y en las españolas de Cádiz se ha capturado una mínima parte de charranes de las colonias ucranianas, frente a una gran mayoría de aves procedentes del noroeste europeo. En cambio, dentro del Mediterráneo español, los anillados recuperados de las dos procedencias se equilibran bastante.

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