CURRUCA RABILARGA (Sylvia undata)

 

                          Imagen: Rafael Zapata Mojarro

 

 

Muy difícil de observar, la Curruca Rabilarga Sylvia undata es, sin embargo, un pájaro inconfundible por su pequeño tamaño y su larga cola que siempre lleva levantada e incluso muy a menudo desplegada. A primera vista da la impresión de un pájaro negruzco. De cerca se aprecia en el macho la cabeza de color gris pizarra y el dorso marrón grisáceo en algunos y en otros pardo oscuro. Las partes inferiores tienen un matiz rojo vinoso que tira al morado. La cola es negra con los bordes de las plumas grises y la pareja de rectrices exteriores con un fino borde blanquecino. Un rasgo característico y que se ve bien, a pesar de los movimientos inquietos de este pájaro, es el color rojo anaranjado de los ojos y del anillo orbital más rojo todavía. El pico es negruzco y la base de la mandíbula inferior amarillo rosada. Los tarsos y los pies son amarillentos. Las alas son muy oscuras, casi negras. En el otoño sobre el mentón y la garganta hay numerosos puntos blancos.

La hembra tiene todo el plumaje más claro. La cabeza es marrón, no gris, y el resto de las partes superiores son pardo oscuras. En el pecho falta el intenso tono rojo vinoso y a lo más hay un matiz rosado. Las currucas jóvenes se parecen más a la hembra que al macho y el plumaje de las partes superiores es terroso oscuro, más que el de las hembras, y su aspecto es más uniforme.

Hay una considerable variación en el color del plumaje de esta especie.

A la hora de escribir de la Curruca Rabilarga poco se puede decir que no quede limitado a las escasas veces en que el observador tiene la suerte de poder ver a este pájaro al descubierto.

Su canto recuerda algo al de la Tarabilla Común Saxicola torquata que ocupa su mismo biotopo, pero es más breve y más débil. Es dulce y agradable, burbujeante a veces y lo emite desde lo alto de un arbusto, ocasionalmente en árboles. También desde cables del tendido eléctrico. Además de su típico canto que puede oírse en la práctica durante todo el año, emite como alarma un duro y metálico ¡¡tchrrr...!! moviéndose entre la vegetación y saliendo al descubierto sólo un instante para observar al intruso. Si se excita, lanza un repetido y agudo ¡¡te-te-te-te...!! Cuando se acerca al nido y se siente observada, produce un agradable sonido que puede expresarse como ¡¡tcherr-chiui!!; la segunda parte ciertamente musical. La variedad de sonidos es grande y puede ser muy subjetiva su descripción.

La alimentación es fundamentalmente insectívora. Captura pequeños coleópteros, lepidópteros pequeños y grandes y sus orugas, dípteros (Tipula, Muscidae, Chironomidae), etc. Las arañas, tan abundantes entre las plantas de tojo, pueden ser un buen recurso durante el invierno. Probablemente no debe ser escasa la materia vegetal en la dieta de otoño e invierno. Semillas de gramíneas, frutos silvestres, etc., parecen concentrar pequeños grupos de currucas.

En el mes de marzo ya se observan los machos con vuelos de celo. En los primeros días de abril si no llueve, resulta fácil escuchar su canto continuadamente que, a pesar de ser breve y no muy fuerte, puede oírse a considerable distancia. Como el territorio que cada pareja ocupa es muy pequeño, los machos realizan sus modestas exhibiciones revoloteando con alas y cola desplegadas y al posarse inflando las plumas de la cara y cabeza de manera que ésta parece tomar un tamaño exagerado para un pájaro tan pequeño.

El comienzo de la reproducción está siempre en el norte de Iberia muy condicionado por la temperatura ambiental y por la lluvia. Los nidos que los machos esbozan no pasan de ser unas pocas hierbas secas agrupadas y que a veces resulta difícil saber si se trata de nidos de machos o de materia vegetal caída allí al azar. La mayor parte de los nidos son construidos en matas bajas de Brezo Calluna vulgaris y en plantas de tojo. Algunos, pocos, en matorral de Rubus. La altura sobre el suelo es variable. Muy bajos en el brezo, a no más de 25 cm., altos en el Tojo entre 40 y 130 cm. y a media altura en la Zarza, 50-80 cm. La hembra realiza la mayor parte del trabajo arreglando hierba seca y musgo sobre alguna de las estructuras que el macho ha hecho previamente. El interior está forrado con tallos finos secos de Brezo, raicillas, hierba fina, lana y alguna pluma. También pelo, crines y telas de araña que cubren y apelmazan los bordes del nido. A partir del 10 de abril los nidos están terminados en muchos lugares, pero las puestas no empiezan en general hasta la segunda quincena del mes. Normalmente pone 3-4 huevos, alguna vez 5 y son muy raras las puestas de 6 (Jourdain). Su color es blanco sucio o verdoso pálido con punteado fino pardo oliváceo, gris ceniza o pardo rojizo, muy repartido por la superficie y acumulándose en un extremo algunas veces. Jourdain para 100 huevos colectados en Gran Bretaña obtuvo un promedio de 17,53 x 13,17 mm. con un máximo de 19 x 13,6 mm. y un mínimo de 15,3 x 13,2 mm. D´Almeida para 10 recogidos en el norte de Portugal da una media de 16,6 x 12,6 mm. No pocas rabilargas no inician las puestas hasta la primera semana de mayo. La incubación es realizada casi completamente por la hembra y en pocos momentos es relevada por el macho. A los 12-13 días nacen los pollos que no tienen plumón alguno y su piel es muy oscura. El interior de la boca es de color amarillo pálido y hay dos puntos negros en la base de la lengua. Ambos adultos atienden a los pollos cebándolos con insectos y sobre todo pequeñas orugas. A los 12-13 días dejan el nido, pero pueden hacerlo antes si son molestados y el tiempo es muy caluroso. Walpole-Bond (1938) registra un abandono del nido a los 11 días. Fechas anteriores no parecen posibles. Realizan dos crías anuales y se admite la posiblidad de una tercera.

Sylvia undata se reproduce en toda la Península Ibérica y en el occidente y Sur de Francia, así como en Italia e islas mediterráneas de Sicilia, Córcega y Cerdeña. Su densidad es variable de unos años a otros y esto se aprecia bien en Inglaterra donde hay una exigua y local población en los condados del Sur. En 1960-61 se censaron allí 460 parejas; en 1963, después del crudo invierno, solamente quedaban 11 parejas que aumentaron a 70 en 1970 y a 560 en 1974. Esto pone en evidencia la gran influencia que en la supervivencia de este pájaro tienen las bajas temperaturas invernales y la fuerte lluvia. Estas oscilaciones probablemente no son tan acusadas en Iberia, pero su status no está aún bien estudiado en general y solamente hay trabajos parciales referidos al Norte. Allí Sylvia undata es especie numerosa que aprovecha las condiciones de temperaturas suaves y abundante monte cubierto de Tojo y Brezo. En el invierno se aprecian claramente movimientos erráticos, descendiendo de nivel las currucas que viven en alta montaña. Posiblemente en toda la Península se acusen desplazamientos de mayor envergadura. No otra cosa parecen indicar las observaciones y capturas de esta especie en Baleares donde no se reproduce, pero Munn (1921, 1931) considera que no es rara en invierno. Una no despreciable cantidad de nuestras rabilargas atraviesa el mar e inverna en el norte de Africa donde Balsac y Mayaud (1962) consideran que las que se ven allí abundantes en el litoral entre octubre y marzo no pueden tener más origen que el europeo. Quizá las observadas en Marruecos oriental proceden en su mayoría de Iberia. La población africana no es lo suficientemente abundante como para justificar allí la masiva presencia en los meses invernales de Sylvia undata, pero falta, sin embargo, en el noroeste de Marruecos donde Pineau y Giraud-Audine (1976) no la observan.