CURRUCA MOSQUITERA (Sylvia borin)

                           Imagen: Marco Fortunato

 

 

Poco destacado es el plumaje de la Curruca Mosquitera Sylvia borin. Sus partes superiores con inclusión de la cabeza son pardo claro uniforme con un ligero tinte oliváceo que falta en algunas; las partes inferiores son blancas y el pecho y los flancos están teñidos de beige u ocráceo claro. Las alas y la cola son más oscuras que el cuerpo y los tarsos y los pies pardo grisáceos. Del mismo color es el iris de los ojos. El pico es pardo oscuro, pero en la base de la mandíbula inferior hay una zona pardo amarillenta. Sobre los ojos se aprecia ligeramente una línea más clara. No hay posibilidad de diferenciación de los sexos por el color del plumaje. Los jóvenes también son difíciles de diferenciar de los adultos.

Esta es una de las especies más escondedizas de nuestra avifauna y salvo durante la reproducción, que los machos atraen nuestra atención por el canto y en migración otoñal, hay pocas posibilidades de ver a este pájaro de aspecto rechoncho y coloración uniforme que pone especial cuidado en que no se le observe. Es muy activo, pero tranquilo y reposado en sus movimientos entre la vegetación, evitando volar al descubierto y si lo hace, calándose rápidamente entre el follaje o en un matorral. Unicamente en migración otoñal la especial predilección que tiene por comer higos y frutos silvestres permiten observarle bastante bien. Las currucas mosquiteras que a partir de la segunda quincena de agosto comienzan a llegar a Iberia, invaden prácticamente toda la campiña y se concentran sobre todo en el Norte, en las plantas de Saúco Sambucus nigra que crece espontáneamente por todas partes, comiendo el fruto negro. Los mismo sucede con los higos. Las que se capturan para anillamiento están atiborradas de comida cuyo objeto no será otro que emprender la emigración sobre el norte africano con una buena reserva de grasa. En septiembre de 1965 se capturó una que pesaba 40 gramos, peso no registrado hasta ahora para esta especie en Iberia. Williamson (1964) para 50 migrantes de otoño en Inglaterra obtuvo un promedio de 17,2 gr. (11-25,4 gr.). Promedio de 50 migrantes de otoño en Asturias: 19 gr.

Sylvia borin es pájaro solitario que ocupa matorrales de toda la campiña, setos de linderos de bosques, malezas de poca altura en zonas montañosas, jardines, etc. Es más escasa en bosques de coníferas al faltar la vegetación arbustiva y puede ser observada o escuchada en zonas extensas desarboladas con tojares y zarzas (UlexIRubus).

La primera noticia que de su llegada a la campiña tenemos es el continuo sonido que lanza parecido a otro de la Curruca Capirotada Sylvia atricapilla, pero más lentamente emitido, como más deliberado ¡¡ta-ta-ta...!! espaciando más las sílabas y solamente acelerándolo en el caso de grave alarma. Su canto es dulce y melodioso y consiste en un gorjeo a menudo muy sostenido, sobre todo en machos viejos (de más de 2 años). Los adultos de un año cantan con menos ardor, más parsimoniosamente y sus estrofas son más cortas. Normalmente la duración de cada una no supera los 6 segundos (Tucker, 5 segundos), repitiendo el canto en un minuto 6-8 veces. Excepcionales cantos de machos de 5-6 años de edad duran hasta 10 segundos y la interrupción entre la emisión de cada grupo de estrofas es tan corta que en la práctica en un minuto el pájaro solamente ha interrumpido el canto unas fracciones de segundo, puesto que he medido hasta 6 estrofas en aquel período. Estos son cantos excepcionales, pero que cuando se oyen sorprenden al observador que cree por un momento haber descubierto una alondra. Tucker ya señala que el canto puede ser continuado casi sin interrupción por 5 minutos. Algunas de las estrofas que emite la Curruca Capirotada, sobre todo cuando aún no ha completado el canto de primavera con la incorporación de silbidos, pueden originar confusión y de hecho aun el más experimentado ornitólogo piensa por unos segundos que Sylvia borin ha llegado antes de tiempo. Esto sucede a menudo cuando Sylvia atricapilla emite en febrero y marzo y aun en abril un seudocanto gorjeante que en ocasiones reviste gran vigor y potencia. Sylvia borin canta también sostenidamente antes de estar emparejada y entonces lo hace desde posadero oculto, teniendo el canto una terminación como un floreo y poseyendo limitado alcance, no más de 100-150 metros, cuando canta con fuerte celo y presencia de la hembra puede ser escuchado en buenas condiciones, incluso en el interior del bosque a 200-250 metros. Muchas currucas cantan desde posadero alto, pero no descubierto. Canta mucho a partir de su llegada hasta bien entrado el mes de julio. Además de las notas señaladas ya, cuando cree que su nido está siendo vigilado emite un lastimero ¡¡u¡¡!! o ¡¡bii!! También, si fuertemente alarmada, un duro o áspero ¡¡cherr, cherrrr...!! La dieta alimenticia está constituida fundamentalmente en primavera por insectos y sus larvas. Lepidóptera, Coleóptera, Hemíptera, Díptera (Tipulidae, sobre todo) y ocasionalmente pequeñas lombrices de tierra. Los pollos son alimentados en el nido con orugas, dípteros y arañas. A partir del verano come toda clase de frutos silvestres y cultivados y cuando realiza una segunda puesta, los pollos que de ella nacen son cebados con trozos de cerezas y otros frutos silvestres, incluso pedazos menudos de higo.

La llegada de los machos a su zona de cría parece preceder ligeramente a la de las hembras. Una semana probablemente. Esto, sin embargo, es muy difícil de comprobar considerando el carácter tan escondedizo de la Curruca Mosquitera. A juzgar por la excitación que muchos machos sufren cantando con inusitado vigor y congregándose varios en una misma zarza, lanzando su típica llamada ¡¡tak-tak-tak...!! el celo se manifiesta no más tarde de una semana después de ser escuchado el primer canto de curruca. Así como en la Curruca Capirotada el emparejamiento se produce bien al descubierto y muy frecuentemente en las ramas de los árboles o arbustos, Sylvia borin es observada sólo por pura casualidad cuando un macho en el colmo de la excitación se deja ver fuera de cobertura vegetal con las alas entreabiertas, la cola desplegada en abanico y temblándole todo el cuerpo, tratando de entrar entre la vegetación donde parece que existe un enemigo invisible (la hembra) que le hace retroceder. Posado en una rama se acerca, caminando lateralmente, a la hembra, siguiendo las rápidas persecuciones que no se diferencian en nada de las que conocemos para otros pájaros antes de que el apareamiento se produzca.

Sylvia borin construye un nido relativamente ligero en cuanto a material, pero no tanto como el de la Curruca Capirotada. Siempre está a menor altura que el de aquélla y con mucha frecuencia a pocos centímetros del suelo bien oculto entre las ramas bajas de un arbusto, matorral de Rubus spp., mata de ortigas Urtica dioica, plantas cultivadas de Frambuesa, alguna vez en arbustos de adorno como Berberis e incluso en pequeños árboles. Cuando los machos llegan suelen esbozar un nido reuniendo hierba seca y formando un cuenco somero que se parece entonces al nido completo de una Curruca Capirotada. No siempre la hembra elige uno de estos desaliñados comienzos o cimientos. Casi siempre ambos empiezan la construcción del nido definitivo trabajando en el aporte de material a la vez. Fundamentalmente el macho sujeta hierba seca con tallos de plantas también secos sobre el que la hembra añade musgo y alguna hoja seca. Esta estructura no está sujeta, sino simplemente apoyada en una horquilla o entre dos ramas que se cruzan, más bien diría que encajada. Promedio de altura normal sobre el suelo para 10 nidos: 45 cm. Altura máxima: 1,55 m. Altura mínima: 10 cm. Sin embargo, hay datos de nidos a alturas excepcionales en altos y enmarañados arbustos invadidos de plantas enredaderas. Uno de 2,45 m. El interior de los nidos está cuidadosamente forrado con hierba muy fina, pelos y raicillas. La mayoría de las puestas, por lo menos en el norte de Iberia, no se producen hasta los últimos días de mayo. Anteriores al día 15 son verdaderamente excepcionales. Una puesta normal es de 4 huevos. Casi siempre las de 5 son de pájaros de más de un año de edad. Hembras jóvenes ponen con bastante frecuencia sólo 3 huevos. Como extremos se señalan 3 y 7 huevos. Segundas puestas son de 3 ó 4 huevos. Tienen la cáscara lisa y algo de brillo y hay gran variación en el tamaño de unos pájaros a otros. Existe mucha variación en el color. La mayoría son blancuzcos con un ligero teñido de pardo amarillento o beige; los hay verdosos y también azulados. Casi siempre están manchados de pardo oscuro, oliváceo, rojizo, gris, violeta, negruzco, etc. Los puntos y pecas estan irregularmente repartidos y ocasionalmente en algún nido se encuentra un huevo con la cáscara casi sin manchitas y todo lo más un débil punteado muy fino. Resulta difícil dar siquiera una idea de tan abigarrada coloración.

Jourdain para 100 huevos colectados en las Islas Británicas obtuvo un promedio de medidas de 20,1 x 14,79 mm. con un máximo de 22 x 15 mm. y un mínimo de 18,3 x 14 mm. Verheyen en 100 de Bélgica da una media de 20 x 14,7 mm. Niethammer para 71 colectados la mayoría en Alemania encontró una media de 19,9x14,5 mm.

En la incubación toman parte ambos adultos, pero es difícil medir tiempos para cada sexo. A tenor de los largos períodos de silencio en el canto del macho cuando en el nido hay huevos, debe pensarse que aquél incuba por largos períodos. Aunque ocasionalmente se le puede oír cantando a partir del momento en que sale el sol, es más frecuente que el canto no empiece hasta las 8 horas (hora solar). Supuestamente el macho puede incubar durante la noche y ser relevado por la hembra al amanecer. Como este pájaro es muy conservador en sus costumbres, invariablemente recorre el mismo camino para salir y entrar en el nido y aprovechándome de esta circunstancia se ha capturado con la red y comprobado por su plumaje mojado que la duración del período de incubación del macho había sido prolongada, mientras la hembra se mantenía seca. La incubación dura 12 días (Verheyen, 12-13 días, Harrison, 11-12 días). Los pollos al nacer están desnudos de plumón y tienen el interior de la boca de color rojo salmón brillante con dos puntos morados en la base de la lengua. La alimentación por ambos adultos es continua y silenciosa, dejando de cantar el macho casi completamente. De este modo el desarrollo es muy rápido y a los 9 días algunos completamente colicortos abandonan el nido y se colocan juntos en una rama cercana donde continúan siendo cebados por los adultos. Con frecuencia la hembra los tiene agrupados y aunque ya no los cebe, toda la familia se mantiene unida, salvo el macho. Con relativa frecuencia en una segunda puesta están posados en el mismo matorral, donde uno de los adultos incuba, jóvenes de la primera cría.

Sylvia borin se reproduce en la mayor parte de Europa, faltando en Islandia y siendo escaso o local en la cuenca mediterránea. En la Península Ibérica es abundante en el tercio Norte a todos los niveles y aunque no puede decirse que sea precisamente un pájaro de jardín, sí lo es típico de la campiña verde de la zona Cantábrica, Galicia, gran parte de León y Castilla la Vieja, La Rioja, Navarra, Aragón y sólo en altos niveles en Cataluña. Maluquer (1971) no lo considera nidificante en el Delta del Ebro. En el Sur es local y hay más parejas reproductoras de lo que se cree.

La Curruca Mosquitera es un migrador notorio que comienza a observarse en el sur de Iberia no antes de la segunda semana de abril. Las primeras en llegar son indudablemente aves en paso hacia el Norte de Europa y no nativas como se ha supuesto. El paso a través de Iberia desde el 20 de abril hasta el 15 de mayo se nota por todas partes con especial concentración en las cabeceras de los Pirineos. Sin embargo, el grueso de los migrantes puede sobrevolar la Península Ibérica y solamente condiciones meteorológicas desfavorables ocasionarían «caídas» de migrantes siempre espectaculares. Los pájaros presienten un cambio repentino en la situación atmosférica, deteniéndose en su viaje y permaneciendo incluso varios días estacionados en zonas de monte bajo y arbustos o matorral. El mayor contingente de migrantes puede pasar entre el 28 de abril y el 5 de mayo. Las currucas nativas no se establecen hasta después del 10 de mayo y no todas. Muchas continúan llegando hasta los primeros días de junio. Una fecha normal en el Norte es el 20 de mayo, en que ya son muy numerosos los machos cantando. Fechas anteriores son ocasionales.

El paso de otoño es mucho más espectacular. En la práctica toda la mitad occidental de la Península queda cubierta por una enorme masa de currucas que pululan por arbustos y árboles frutales, con especial dedicación a las higueras, siguiendo el ciclo de maduración de este fruto desde el País Vasco hasta el sudoeste portugués y andaluz. En toda la costa Cantábrica se nota el paso, lo mismo que en Galicia y Portugal. En este país donde las parejas que anidan deben ser muy pocas o por lo menos producen la sensación de estar dispersas en el Norte (Mead, 1975, no la cita como nidificante en Tras-os-Montes), se producen verdaderas matanzas capturándose millares de currucas para servir como «pajaritos fritos» bajo la denominación más gastronómica de «hortelanos». En otras zonas de Iberia también se aprecia el paso otoñal, aunque no con la fuerza de la mitad occidental.

Sylvia borin inverna en una extensa zona africana que va desde el Africa Tropical Occidental hasta Kenia al Este y Sudáfrica al Sur. En el invierno es numerosa en Sierra Leona, Gambia y Nigeria. El anillamiento masivo de esta especie en Europa ha producido recuperaciones tan lejanas como una alemana en Zaire, otra francesa en Camerún y cinco de Finlandia en Zaire (3), Zambia y Rhodesia, todas capturadas allí en enero y febrero. Durante su invernada comen principalmente frutos silvestres.

El anillamiento ha permitido comprobar la fidelidad que las currucas mosquiteras guardan a su lugar de nacimiento al que regresan año tras año para anidar. Igual que otras muchas especies uno de estos pájaros puede persistir en ocupar el mismo matorral donde invariablemente es capturado. Entre los anillados se ha comprobado regresos exactamente al mismo lugar 5 años consecutivos del mismo pájaro. Teniendo en cuenta que éste había sido anillado como adulto, hay que calcular sin error una edad de 6 años como mínimo. Casos como éste son frecuentes.