CURRUCA CARRASQUEÑA (Sylvia cantillans)

                       Imagen: Juan Manuel Breva López

 

Otra curruca mediterránea que, sin embargo extiende su área de reproducción dentro de Iberia hasta casi las mismas orillas del Atlántico, es la Curruca Carrasqueña Sylvia cantillans. El macho posee un color ocráceo rosado muy vivo en el pecho y los flancos que llega también hasta la garganta y sus partes superiores son grises, muy claramente delimitado este color en la cara por una raya o bigotera blanca que es una de las características más visibles de este pájaro en toda época. La cola redondeada y algo graduada es oscura, gris pardo, con la pareja de rectrices exteriores blancas y las siguientes con una proporción variable de color blanco en el extremo. La hembra y los jóvenes tienen un tono general más parduzco y menos brillante, pero conservan en las partes inferiores un tinte ocráceo y la raya blanca de los carrillos está más difuminada. Ambos sexos tienen un anillo orbital rojizo u ocráceo y el iris es de color castaño o pardo claro; el pico es azul pizarra y las tarsos y los pies pardo amarillentos.

Fácil de confundir con la Curruca Rabilarga Sylvia undata con la que coincide en biotopo, tiene, no obstante, la cola más corta y sus acciones no son tan rápidas como las de ésta. Se excita continuamente y entonces levanta y despliega la cola a la vez que lanza un suave y lento ¡¡tchek-tchek!! de alarma. Se posa pocas veces al descubierto y corrientemente permanece oculta entre la vegetación. Vive en arbustos que crecen en campo abierto y frecuenta tojares y malezas de monte bajo. Donde hay madroños, allí se podrá encontrar una Curruca Carrasqueña. Vuela poco y cuando lo hace, bate las alas de forma característica y sólo recorre una corta distancia, calándose inmediatamente entre la vegetación.

Su canto es parecido al de la curruca zarcera, pero un poco más débil y a la vez más sostenido y musical. Rara vez introduce en él notas ásperas y sí en cambio lo prolonga con frecuencia con notas dulces. No escuchándolo de cerca, produce la impresión de ser insignificante y si no fuera por el continuo y más fuerte ¡¡tchek-tchek!! con el que a menudo inicia el canto principal, sería difícil reparar en ella. Suele cantar desde lo alto de un arbusto o en la rama baja de un árbol, pero también, y en esto no se diferencia de las demás currucas, oculta entre la vegetación de un matorral o arbusto. Ocasionalmente se eleva en vuelo de canto, descendiendo a continuación con alas desplegadas. Desde su llegada a la Península Ibérica en el mes de marzo hasta julio canta intermitentemente, pero en zonas donde su densidad es baja o las parejas están muy dispersas, pasa muy desapercibida. La nota de alarma difiere poco de la de otras currucas. Sí es notablemente más trémula y suave que, por ejemplo, la de Sylvia atricapilla. El ¡¡tche-tche!! pausado carece del énfasis que otros pájaros de la familia ponen en su emisión.

Su alimentación es insectívora, capturando muchos dípteros al vuelo o entre las ramas de arbustos y pequeños árboles. También come larvas de insectos y arañas y bastantes frutos silvestres y semillas de plantas herbáceas.

La reproducción comienza en seguida. Todavía no se han establecido todas las parejas y ya muchas han comenzado la construcción de los nidos. Los machos vuelan de forma que recuerdan a un muricélago desde un punto o posadero destacado hasta otro, trazando en el aire una línea curva sin dejar en ningún momento de cantar. Los machos que llegan a la zona tan temprano como en la segunda semana de marzo comienzan en seguida la construcción de sus nidos, haciendo una ligera estructura sin forrar por dentro. La llegada de las hembras empieza a notarse hacia finales del mes; normalmente hay un intervalo de 10-15 días y entonces la construcción de «nidos de machos» se acelera. Si la hembra ha quedado en un territorio, inmediatamente se empareja y comienza a colaborar con el macho en la construcción de un nido, hecho que normalmente no suele suceder antes del 15 de abril. Armitage que estudió minuciosamente esta especie en Andalucía separó dos clases de nidos. Unos, muy voluminosos y bien hechos estaban construidos a base de hierba seca y situados en plantas de Tojo Ulex. Otros, más pequeños y compactos, habían sido colocados en Jara Cistus. Ambos estaban forrados en su interior con hierba fina, lana y pelos de cabra. Las puestas consisten normalmente en 3-4 huevos de dos tipos en opinión de Armitage. Unos parduzcos, beige pálido o verdosos con puntos marrones y grises y otros blancos o rosados con puntos rojizos y pequeñas pecas. También algunos son de color blanco puro. Las primeras puestas pueden oscilar entre 3 y 5 huevos y las segundas entre 4 y 5. Jourdain para 69 huevos da un promedio de medidas de 16,48 x 12,93 mm. con un máximo de 19,1x13,7 mm. y un mínimo de 15x12,1 mm. La incubación efectuada en su mayor parte por la hembra dura 11-12 días y los pollos al nacer carecen de plumón y el interior de la boca es anaranjado sin puntos oscuros en la lengua. A partir de la mitad de mayo la mayoría de los nidos contienen ya pollos, algunos emplumados. La segunda puesta comienza a primeros de junio.

Sylvia cantillans se reproduce en los países mediterráneos y en las islas de este Mar, pero no cría en las Baleares donde, sin embargo, hay citas antiguas de la captura de algún ejemplar. En la Península Ibérica tiene una buena densidad y falta únicamente al norte de,la Cordillera Cantábrica a cuyas laderas meridionales llegan sólo contadas parejas. En Galicia anida localmente en Orense y probablemente más al Norte, pero no se dispone de datos seguros. Mead (1975) en el campo de anillamiento establecido en Morais (Tras-os-Montes, Portugal), no duda en considerar allí a Sylvia cantillans como la más abundante de las currucas durante el otoño, reproduciéndose en el lugar. La mayoría fueron capturadas y observadas en agosto y septiembre y en octubre muy pocas permanecían en la zona.

Es especie migradora que comienza a observarse después del 15 de marzo, llegando primero los machos. Algunos territorios no son ocupados hasta finales de abril. En agosto comienzan a dejar las zonas de cría y muchas jóvenes se observan en campos abiertos con arbustos y árboles diseminados formando pequeños grupos. Inverna en la región del Sahel al sur del Sahara. La raza europea cantillans se ha capturado en Níger, Senegal, Gambia, etc. El paso primaveral a través del Sahara es muy acusado en los oasis durante febrero, marzo y abril.. Muchas ya alcanzan Marruecos en febrero y hay observaciones en Mogador de fin de febrero. Pineau y Giraud-Audine la observan en marzo-abril en migración hacia el Norte en las proximidades de Tánger, pero contrariamente no acusan su paso otoñal. Este debe transcurrir en parte a lo largo de la costa occidental africana. Serle (1956) la observa en la mar frente a la costa de Mauritania el 11 de septiembre. Como el paso primaveral por el Sahara occidental es muy notable, se deduce que probablemente gran parte de la población Ibérica migra por una ruta muy occidental, sobrevolando a la vez grandes espacios de mar abierto. Walter (1968) entre las presas del halcón de eleonor colectadas en los despedazaderos de la Isla de Mogador (costa occidental de Marruecos) donde hay una buena colonia, desde el 23 de agosto hasta el 21 de septiembre, determinó la presencia de 53 Sylvia cantillans, lo que puede ser indicio de la existencia de un no despreciable paso otoñal costero de esta curruca, probablemente volando los pájaros a través del mar desde la costa portuguesa del Algarve.