CURRUCA CABECINEGRA (Sylvia melanocephala)

              Imagen: Francisco Javier Tamargo Santisteban

 

 

La Curruca Cabecinegra,Sylvia melanocephala,se reproduce en abundancia en toda la costa mediterránea española y realmente parece venir a sustituir allí a la Curruca Capirotada Sylvia atricapilla con la que tiene un gran parecido. Los machos poseen la cabeza negra en contraste con el color blanco de la garganta y parte inferior de los carrillos. La espalda y dorso de las alas tienen un tono gris pizarra o ceniza oscuro con un ligerísimo tinte parduzco que se aprecia bien cogiendo el pájaro en la mano, pero no posado o en vuelo. El pecho y el vientre son blancos, aquél a veces tiene un ligero tinte rosado en la parte superior. Los lados del pecho y los flancos son grises. La cola es muy oscura, casi negra, con rayado gris y destacando mucho el blanco de la pareja exterior de rectrices. Las plumas primarias y secundarias de las alas son pardo negruzcas. El pico es negro con la base de la mandíbula inferior más clara y los tarsos y los pies color carne. El iris de los ojos es castaño o pardo y está enmarcado por un anillo orbital de color rosa salmón en los adultos y pardo rosado en los jóvenes. Williamson (1964), en base a unos pocos ejemplares machos colectados en Palma de Mallorca en el mes de abril, señala que el plumaje de las partes superiores es de color gris mucho más pálido que la raza típica melanocephala y mucho más blanco por debajo con sólo un ligero tinte rosado.

Las hembras tienen un plumaje mucho más apagado. Prácticamente la cabeza posee el mismo color pardo grisáceo que el resto de las partes superiores y no produce la impresión de encapuchado del macho. La garganta y el vientre son blancos, pero el pecho tiene un tinte rosado en el centro, o más bien pardo-rosado, que es más oscuro en los flancos. Las rectrices exteriores de la cola ostentan menos destacado el blanco, son más grisáceas. Las currucas jóvenes tienen el plumaje más apagado, pero los machos se pueden diferenciar por tener la cabeza más oscura, más gris, incluso que la propia hembra adulta y las hembras jóvenes con el píleo parduzco que no se diferencia del color del resto de las partes superiores.

El tamaño pequeño de este pájaro no permite que sea confundido por ejemplo con la Curruca Mirlona Sylvia hortensis mucho mayor y con la cabeza gris, no negra. Vive en arbustos y malezas a baja altura, pero también puede observarse en árboles. Pájaro muy escondedizo, se escucha antes que se ve. Su matraqueante alarma llama poderosamente la atención. Al acercarnos, sale un momento al descubierto, nos mira atentamente desde lo alto de una rama y casi sin darnos tiempo a observarla, se cala inmediatamente en el fondo del arbusto o vuela como a sacudidas hacia otro próximo. Pocas veces se la puede ver volar grandes distancias y más a menudo pasa el tiempo husmeando por entre las ramas bajas de matojos y arbustos sin parar un instante de lanzar su característica voz. Si se la observa al descubierto, permite la aproximación a una distancia de 4-5 metros y al volar muestra claramente las rectrices exteriores blancas de la cola. Come en las ramas en posturas acrobáticas y realmente es un pájaro de hábitos reservados al que cuesta trabajo estudiar e incluso ver.

La curruca cabecinegra canta agradablemente y su melodía suena más musical y es más sostenida que la de la curruca zarcera. Emite el canto desde el fondo de un arbusto, en una rama alta al descubierto y también en vuelo de celo, una breve ascensión para bajar inmediatamente al mismo o a otro arbusto próximo. En la práctica canta durante todo el año. Desde marzo hasta los primeros días de agosto la escucho anualmente, con más regularidad en abril y mayo. En el otoño e invierno emite un llamémoslo seudocanto, más suave, más gorjeante y que se escucha sólo a corta distancia. En días soleados de enero y febrero la actividad de estas currucas es muy grande y el canto las descubre en seguida. Su nota de alarma suena como un acelerado ¡¡tri-tri-tri-tri..!! o ¡¡trrtrrtrrtrr...!! emitido en tono bajo y ronco, pero también lanza otros sonidos, probablemente de alarma o enfado como ¡¡sir-sir-sirsir!! o ¡¡stictictictic!!

La dieta alimenticia es fundamentalmente insectívora. Orthóptera, Hemiptera, larvas de Lepidáptera, etc. También arañas. En el verano, otoño e invierno come higos, uvas, frutos silvestres, semillas de gramineas, etc.

Muy pronto se observan los vuelos nupciales, elevándose los machos unos metros sobre su posadero y cantando brevemente. En zonas donde su densidad es alta llaman la atención sus inquietos movimientos y su continuo canto ya en los primeros días de marzo. He observado un descenso con alas extendidas y arqueadas, cola desplegada y píleo ligeramente erizado del mismo modo que la curruca zarcera, pero ésta se desplaza más, da idea de más potencia y vigor. Los nidos empiezan a ser construidos en arbustos a muy baja altura a partir de la mitad de marzo. Ocasionalmente también antes y se citan algunos en los últimos días de febrero. Ambos adultos hacen el nido con ramitas y hierba seca, bien oculto en el fondo de un matorral, arbusto, mata entre la hierba, ortigas, etc., a la altura que oscila entre 25 y 90 cm. Algunos se encuentran mucho más altos en plantas trepadoras o enredaderas, hasta 2,5 m. A menudo la estructura del nido tiene telas de araña que le dan más consistencia y el interior está forrado con plumón vegetal, pelos, raicillas, hierba fina y crines. Cada puesta consiste normalmente en 3-4 huevos, rara vez 5 y ocasionalmente 2 (¿puesta incompleta?). El color es muy variable, desde blancos ligeramente teñidos de verdoso hasta parduzcos o rosados. Todos tienen pecas, puntos muy finos y manchas de coloración variada, pardo rojiza, olivácea, gris, beige, amarillenta, violácea, etc. En general las marcas están distribuidas por igual en toda la superficie, pero en algunos, pocos, se acumulan en el extremo más ancho. Jourdain para 100 huevos (39 colectados por Rey) obtuvo un promedio de medidas de 17,86 x 13,6 mm. con un máximo de 19,3 x 14,2 mm. y un mínimo de 15,3 x 13,4 mm. La mayor parte de las puestas se han concluido para el 20 de abril, fecha en la que hay ya pollos en muchos nidos, pero en otros aún incuban ambos adultos alternadamente durante 13-14 días. Los pollos al nacer carecen de plumón y el interior de la boca es amarillo con dos manchitas o puntos oblongos de color oscuro a cada lado de la base de la lengua. Las comisuras son amarillas. Posiblemente las manchas de la lengua desaparecen pronto, pues de hecho en muchos pollos son ya muy débiles en los primeros días. Los dos padres los alimentan con orugas e insectos y a los 11 días dejan el nido, siendo atendidos entonces por el macho solamente si es la primera puesta, mientras la hembra se ocupa de preparar una segunda nidada. Dos puestas en la temporada están bien comprobadas en condiciones normales. Sucede, sin embargo, que la destrucción del primer nido con huevos o pollos, condiciona mucho la posibilidad de otra reproducción con éxito antes de julio.

Sylvia melanocephala es especie claramente mediterránea reproduciéndose en las riberas de este Mar desde el Sur de la Península Ibérica (¿también en el litoral atlántico portugués?), Levante, islas Baleares, sur de Francia, Italia, costas de Yugoslavia, Albania y en Grecia. La raza tipo melanocephala ocupa también el norte de Africa desde Marruecos hasta Cirenaica. Su densidad es buena en todo el litoral levantino español y también en Andalucía y Extremadura, donde por zonas es localmente abundante, extendiéndose hasta Tras-os-Montes (Portugal) por el occidente peninsular, pero difícilmente alcanza las costas del Atlántico portugués. Falta también en Galicia, aunque hay supuestas observaciones en Orense que no pueden dudarse. Más escasa o ausente en la Meseta Castellana. Purroy (1974) la considera nidificante en Navarra. Realmente no resulta fácil realizar observaciones de esta pequeña curruca donde no es abundante. Es escondediza y puede ser confundida en una somera observación con la curruca capirotada.

La curruca cabecinegra es sedentaria y sujeta únicamente a movimientos erráticos en otoño e invierno, probablemente motivados por cambios en la dieta alimenticia. Que algunas atraviesan el Estrecho está fuera de toda duda. Pineau y Giraud-Audine (1976) observan ciertos movimientos en el extremo noroeste de Marruecos en marzo y a finales de noviembre. Esta curruca es allí muy abundante y en toda la línea costera atlántica se mueve entre plantas del tipo euphorbia. Bannerman (1954), considera que en la Isla de Mogador (Marruecos Occidental) este pájaro tiene la mayor densidad que él ha visto nunca. En Mallorca y en general en todas las Baleares, Munn estima que es uno de los pájaros más comunes. Se le encuentra en los puntos más remotos donde ningún otro pájaro puede ser visto, entre arbustos diseminados en la cumbre de las montañas, en inaccesibles acantilados, pero también en huertos, jardines y bosques, incluso en los más pequeños jardines de las ciudades.