CRÍALO EUROPEO (Clamator glandarius)

                            Imagen: Jorge de la Cruz

Secuencia-evolución nido de corneja con huevos de Críalo.....

                       Imagenes: Yoram Shpirer

 

Uno de los pájaros más interesantes de la avifauna ibérica, el Críalo Europeo Clamator glandarius, nos sorprende con su aparición inesperada en ocasiones en el mes de enero en zonas dispares del país, pero más a menudo en febrero. Resulta inconfundible cuando se le descubre posado en una cerca, el tope de un poste, en lo alto de un arbusto o sobre un muro. Su cabeza crestada y la larga y graduada cola, así como el plumaje del dorso moteado, llaman pronto la atención. El píleo y parte de la cabeza son de color gris, enmarcando la oscura cara un anillo ocular anaranjado bien visible; la garganta y lados del cuello son marillentos o blanco cremoso con tonos amarillos en la garganta; el resto de las partes inferiores son blancas con un tinte crema ligero. Las partes superiores tienen color pardo o marrón grisáceo con pequeñas manchas blancas en las plumas escapulares y, en conjunto, las finas manchas o rayas blanquecinas y gris claro dan un aspecto característico a este pájaro. La cola es, sin duda, con la cresta de la cabeza, el detalle más notorio. La pareja central de rectrices es de color pardo oscuro con un muy ligero tinte verdoso y su extremo es blanco; el resto de las rectrices es más oscuro con tono azulado y los extremos blancos, dando la apariencia de bordes blancos muy destacados, sobre todo si es visto en vuelo bajo. El pico es fuerte y de color gris negruzco, siendo más pálida la base de la mandíbula inferior; las patas y los pies son pardo grisáceos; el iris de los ojos es pardo oscuro.

Los críalos jóvenes tienen la cabeza y la nuca casi negras y hay un tinte rojizo en las alas y el plumaje de las partes superiores ofrece menos contraste porque los puntos blancos de los adultos son en aquéllos de color amarillento o crema y muchos faltan completamente. Las primarias de las alas son castañas y la cola no tiene los bordes y el extremo de las rectrices de un color blanco tan nítido como en los adultos. Por debajo son amarillentos.

El críalo es pajaro de terrenos abiertos, volando con frecuencia al descubierto y siendo en general fácil de localizar y observar. Prefiere la proximidad de matorrales y árboles desperdigados, campos cercados con postes y alambradas, muros de piedra, olivares, linderos de bosques, huertos de frutales, monte bajo, alcornocales, pinares, brezales, etc. Su vuelo resulta inconfundible, no es muy rápido y en él llama la atención su larga cola y silueta como de Cuco Común Cuculus canorus Se posa en los árboles y en ellos puede pasar desapercibido si está silencioso y quieto, pues su color resulta ciertamente mimético en determinados biotopos. También anda por el suelo a saltos de forma un poco extraña, con poca gracia.

Se alimenta fundamentalmente de insectos, sobre todo los de gran tamaño como escarabajos voladores Melolontha y Lucanus (Escarabajo de San Juan y Ciervo volante), Saltamontes, grillos, hormigas, etc. Pero tiene gran predilección por larvas y gusanos e incluso huevos de mariposas, devorando con fruición orugas de muchas especies, entre las que destaca sobremanera la de la Procesionaria del pino Thaumatopaea pityocampa, condicionando con mucha frecuencia su biotopo de forma que los nidos de urracas que están en zonas de pinares infectados por la Procesionaria tienen muchas más probabilidades de ser parasitizados por el Críalo, ya que los primeros que llegan a Iberia a partir de enero buscan con interés los lugares donde estos peludos gusanos son abundantes hasta el mes de mayo.

El nombre de este pájaro viene a ser en cierto modo la onomatopeya de su voz, que expresada muy simplemente suena como un ¡¡críaa-críaa-críaa!! áspero y en ningún modo musical. Subjetivamente puede sonar como ¡¡kaák-kaák-kaák!! el grito que lanza cuando está alarmado y hay quien identifica sus voces con la de los charranes comunes Sterna hirundo ¡¡kériu-kériu-kériu!! ó ¡¡kérrik-kérrik!!

El Críalo Europeo es con el Cuco Común la única especie de la avifauna ibérica que no construye nido, depositando sus huevos en los de otros pájaros. En este caso no en la variedad de nidos de que hace uso el cuco, sino que el Críalo está muy especializado y prefiere los de Urraca Pica pica, aunque en Iberia se han encontrado sus huevos en los nidos de Corneja Negra Corvus corone, Cuervo Corvus corax, Rabilargo Cyanopica cyanea y Cernícalo Vulgar Falco tinnunculus. Valverde (1971) considera como huésped potencial también al Arrendajo Común Garrulus glandarius. Todos los estudios realizados concienzudamente (Valverde, 1953, 1971, Mountfort y Ferguson-Lees, 1961, Friedmann, 1971, Lévéque, 1968, Alvarez y Arias de Reyna, 1974) se han basado sobre todo en la parasitización de los nidos de Urraca. Los mejores han sido hechos en el Coto Doñana y a ellos vamos a seguir en lo fundamental.

A poco de establecerse en un territorio cuyos límites son realmente confusos, los críalos comienzan la vigilancia discreta de las urracas que construyen sus nidos. Aproximarse a ellas no es fácil desde que éstas, conocedoras instintivamente de las intenciones del depredador, le persiguen con saña. Se estima que una pareja de críalos pueden realizar una función doble. Mientras uno de ellos (el macho) atrae sobre sí las iras de las urracas, la hembra aprovecha este momento de desconcierto y alejamiento del nido para efectuar en él la puesta. Sucede, además, que las urracas al atacar a los críalos lo hacen en silencio y no emitiendo su áspera llamada que atraería así a otras urracas próximas, que al abandonar sus nidos podrían ser víctimas a su vez de los críalos que permanecen a la expectativa. Se inicia de este modo una competencia entre las dos especies que durará durante toda la reproducción con resultados finales muy variables. La iniciación de las puestas ha sido señalada ya en los primeros días de abril. Valverde señala como la referencia más temprana la dada por Jourdain, quien el 25 de abril de 1915 encontró en Hato Blanco un nido con 4 huevos de Urraca y 2 pollos de críalo recién nacidos. Considerando un período de incubación máximo de 14 días, esto significaría que la puesta había sido efectuada hacia el 13 de abril. Mountfort y Ferguson-Lees (1961) citan dos nidos con pollos pequeños encontrados en Doñana el 29 de abril de 1952 y 30 de abril de 1953, lo que supondría también puestas como mínimo el 15 y 16 de abril. Lilford (1866) citado por Valverde, menciona el hallazgo de 2 huevos de críalo dentro del nido de una urraca en la Casa de Campo de Madrid el 15 de Abril, pero este dato puede ser poco fidedigno y no se descarta la confusión en la identificación de los huevos. El mismo Valverde encontró dos nidos con 3 pollos de unos 20 días el 7 de mayo de 1957, lo que implica la puesta el día 3 de abril. Hay también reproducciones tardías que se inician con puestas de huevos a partir de la segunda decena de junio. Por lo tanto, entre los primeros días de abril y la mitad de junio se van efectuando las puestas en nidos de urracas normalmente. Cada hembra de críalo pone entre 12 y 16 huevos (15-16 en cautividad, Frisch, 1969). Varias hembras pueden poner en el mismo nido y de hecho sucede a menudo que dos y tres pollos de críalo se desarrollan juntos. Mountfort y Ferguson-Lees encontraron en Doñana un nido de urraca que contenía 3 huevos de diferentes hembras de críalo. Lilford señala hasta 8 huevos de críalo más 5 de urraca en un sólo nido en Aranjuez (Madrid). Mestre Raventós (1968), encontró en Cataluña un nido de urraca que contenía 13 huevos. De ellos, 9 eran de críalo. El críalo selecciona los nidos donde va a efectuar la puesta, procurando que la urraca lleve ya algún día incubando, situación que no es necesario que busque siempre porque de hecho sabemos que mientras el período de incubación del críalo es de 12-14 días (Valverde), el de la Urraca es de 17-18 días. Alvarez y Arias de Reyna (1974) para los 3 únicos huevos de críalo en que se pudo registrar el día exacto en que comenzaron a incubarse y el de su eclosión, obtuvieron un período de incubación de 13 días para uno de ellos y de 14 días para los otros dos. En Doñana el tiempo de incubación de Pica pica es de 17-20 días. De este modo aunque el críalo se descuide y ponga a las pocas horas e incluso días de haber comenzado la urraca a incubar, su corto período de incubación le favorece y los pollos nacen antes, a la vez o escasas horas después de los de aquélla. Los huevos del críalo son de color azul pálido, más claro que los de la urraca y poseen motas pardo rojizas poco abundantes y distribuidas uniformemente por toda la superficie de la cáscara, acumulándose a veces en el extremo más ancho formando como una corona. Vistos por separado puede haber confusión, pero en el conjunto del nido y la puesta de la urraca, los de críalo destacan, además de por color más pálido, por el menor tamaño. Los de críalo no son tan puntiagudos, sino más romos en el extremo delgado y únicamente podrían ser confundidos con huevos atípicos de urraca, bastante frecuentes, es cierto. Esto ha originado confusión en los ornitólogos, dando para la parasitización del críalo proporciones más altas que las reales en los nidos de urracas. Valverde comenta los diarios de campo de Jourdain, a quien, sin embargo, no puede escatimarse una enorme experiencia, y en 5 años en que el ornitólogo inglés visitó las Marismas encontró no menos de 44 nidos de urraca de los que 23 estaban parasitizados, es decir un 52,2 por ciento, lo que es una enorme cifra e indicaría una densidad o concentración de críalos muy superior a la que vemos hoy día en la misma zona. En la región de Hato Blanco al Norte de Doñana, Jourdain encontró una gran proporción de nidos parasitizados, nada menos que el 62,9 por ciento. Para Valverde (1971) no hay duda que se habían confundido huevos atípicos de urracas con los genuinos de críalo. Él mismo y Lévéque (1960 y 1958) recogieron como buena la información de Jourdain, contribuyendo involuntariamente a difundir una falsa impresión.

Otro aspecto interesante de la biología de la reproducción del Críalo Europeo es que parece estar claro (Valverde, 1971) que durante la incubación de sus huevos por la urraca u otro huésped, el críalo vigila la puesta y a pesar de las persecuciones continuas de que es objeto por alguno de los miembros de la pareja, que trata de alejarlo del nido e incluso lanzarlo fuera del territorio, aquél consigue en el mínimo descuido llegar al nido y destruir alguno de los huevos. No todos al mismo tiempo, dice Valverde, lo que acarrearía el abandono del nido y con ello la muerte de su propio huevo, sino poco a poco y con un sistema increíblemente astuto: sin producir daño aparente, pero provocando el que la urraca retire los huevos que observa faltos de peso o con grietas. Valverde encontró huevos de urraca, nunca de críalo, con melladuras que sin duda habían sido producidas por el pico o las uñas. Para él no cabe duda de que deliberadamente se había producido la destrucción de los huevos de urraca. Unos estaban picados, otros ligeramente aplastados y algunos tenían fisuras. Este aspecto de la reproducción del críalo ya fue expuesto por Mountfort y Ferguson-Lees (1961) y confirmado, como digo, por Valverde. Sin embargo, Alvarez y Arias de Reyna (1974) que examinaron detenidamente los huevos de nidos de urraca parasitizados por el críalo, no encontraron nunca en ellos señales de las melladuras producidas por pico o uñas. Para estos naturalistas, en el supuesto, confirmado por Valverde, de existir y ser los críalos los causantes de los daños, este comportamiento pudiera no estar muy generalizado.

Jourdain y Rey para 78 huevos medidos (probablemente no todos de críalo) obtuvieron un promedio de 32,1 x 24 mm. con un máximo de 35,4 x 25,1 mm. y un mínimo de 28,4 x 22 mm. La mayoría de los huevos son puestos entre los últimos días de abril y la primera decena de mayo con fechas anteriores y posteriores, como ya he dicho antes, bastante frecuentes. Mestre Raventós para 20 huevos obtuvo un promedio de 31,73 x 23,73 mm. con máximos y mínimos de 34,1-29,9 x 24,9-21,8 mm.

Los pollos al nacer carecen de plumón y tienen los ojos cerrados hasta el 5.° día de vida. Su piel tiene un color rosa pálido y pronto se oscurece con la aparición de los cañones de las plumas, de forma que al 6.° día ya solamente las partes inferiores conservan el color original. Las patas son rosadas hasta el 4.° día que comienzan a oscurecerse y un dato importante para la identificación y separación de los pollos de su huésped: los dedos de las patas son zigodáctilos, es decir, dos dedos están dirigidos hacia adelante y dos hacia atrás a diferencia de los de los córvidos, anisodáctilos, con 3 dedos hacia adelante y uno hacia atrás. El interior de la boca es rojo y el paladar y la lengua tienen bordes denta dos o espinosos, notándose en esta última una mancha negra en la punta.

Cuando nacen sus hermanos adoptivos, normalmente el críalo ya ha alcanzado un peso considerable y en función de una mayor agresividad y mayor presteza ante la presencia de los adultos con cebo, en la práctica consigue ser debado ininterrumpidamente. Su costumbre de mantener el pico abierto en una posición vertical, sin parecer sentirse saciado mientras los adultos están presentes o cebando, impide que sus hermanos adoptivos reciban una ración suficiente o mínima siquiera. Concretándonos a nidos de urracas, hay que insistir en que cuando éstas nacen, ya los críalos tienen un peso considerable aplastándolas contra el fondo del nido aun sin proponérselo. Alvarez y Arias de Reyna observaron bien este comportamiento en el Coto Doñana. En un nido, el pollo de críalo nació 7 días antes que los de urraca. El críalo ya pesaba entonces 61 gr. y estaba bastante emplumado frente a 5,6 y 5,8 gr. de las urracas recién nacidas. El mismo día del nacimiento de las urracas, el críalo recibió en 6 horas 10 bocados o cebas, mientras que entre las dos urracas solamente 2 bocados. Lógicamente al siguiente día el desarrollado críalo ya se apoyaba en los cadáveres de las dos pequeñas urracas. Los pollos muertos son retirados por las urracas adultas. Incluso en nidos con pollo de críalo de la misma edad que los de urraca, aquél recibía más bocados o cebas que éstas. Esto puede interpretarse como resultado del diferente comportamiento a que se aludió ante el estímulo de la presencia de las urracas adultas portando el cebo. Aparte de ello, los críalos se desarrollan naturalmente con enorme rapidez y mientras un pollo de críalo tiene los ojos abiertos a los 8 días, las urracas no consiguen ver hasta los 12 días, lo que sin duda influye considerablemente a la hora de pedir el cebo a los adultos. Sucede también que el críalo es capaz de posarse en el borde del nido a los 14 días de vida e incluso alejarse un poco de él y moverse entre las ramas haciendo que los adultos no puedan acercarse al nido casi nunca con cebo para las pequeñas urracas, que de esta manera perecen por inanición. Para darnos una idea de la capacidad y voracidad de los pollos de críalo es obligado mencionar la experiencia realizada por Alvarez y Arias de Reyna quienes colocaron en un nido con una urraca de 17 días un pollo de críalo de 9 días. A pesar de la enorme diferencia de edades, en 7 días de intensa observación pudieron contabilizar 103 bocados o cebas a la urraca y 109 al críalo. A partir de los 16 días normalmente los jóvenes críalos se alejan del nido, aunque a no mucha distancia y por unos días pueden volver a él a dormir. A los 21 días ya lo abandonan definitivamente, pero continúan siendo atendidos por las urracas adultas, vagando con ellas por entre la vegetación por lo menos dos semanas más.

No se debe terminar este resumen de las actividades desarrolladas por el críalo para reproducirse sin añadir el curioso caso citado por Bannerman. Jourdain en sus andanzas por España recogiendo huevos para su colección, encontró uno de críalo en un nido viejo de urraca donde había también una puesta reciente de Cernícalo Vulgar Falco tinnunculus. Este, que fue espantado del nido por el ornitólogo, estaba, de acuerdo con un hábito normal, haciendo uso del nido de las urracas y el críalo, evidentemente reconociendo el nido de aquéllas, dejó en él su huevo. ¡¡Hubiera sido muy interesante conocer lo sucedido si la puesta se hubiera respetado por el colector!! El joven críalo se habría encontrado cara a cara con unos compañeros de nido tan agresivos y luchadores como él. Desafortunadamente este problema no se presentó y esta poco usual puesta fue exhibida en una reunión celebrada en el Club de Ornitólogos Británicos en Londres en enero de 1920.

El críalo se reproduce en Europa solamente en la Península Ibérica y en una estrecha franja de la costa mediterránea francesa. Hay también esporádicas observaciones más al interior e incluso se citan varias en Italia y una en Cerdeña. Algunas no son muy seguras y hay notable confusión a la hora de identificar los huevos. En Iberia alcanza a casi todas las regiones con variable densidad, faltando únicamente en la franja cántabro-atlántica desde Guipúzcoa hasta Pontevedra y en alturas por encima de los 1.000 metros donde todo lo más es muy escaso. Sin embargo, en muchos de estos lugares se nota cada vez más frecuente su presencia en los últimos meses invernales y en el comienzo de la primavera. En el País Vasco hay varias observaciones en febrero y marzo con ocasionales capturas. Muy raro en Santander y más frecuente en Asturias. En la provincia de Lugo, Bernis lo observa el 9 de junio, lo que presupone posible reproducción. También hay citas para Orense y Vigo. Alguna captura estival parece también asegurar su reproducción, aunque escasa. Bernis considera probable su expansión, siguiendo a la ya alarmante de urracas. Lo observa en Ponferrada (León, 21 de junio) y para él (escribía en 1956) podía habitar los cálidos valles del Sil y del Miño. No es improbable, sin embargo, que alguna reproducción esporádica se produzca, si atendemos a la constante presencia de críalos al comienzo de la época de la reproducción y a la enorme cantidad de urracas que ahora pueblan toda la campiña norteña. En Iberia la densidad es variable y un mapa de distribución no puede expresar claramente las grandes lagunas que existen. La mayor densidad se alcanza en la mitad occidental pero en zonas del centro parece también localmente abundante, siendo menos numeroso en Cataluña y Levante y faltando como reproductor en Baleares.

La llegada de los críalos a la Península Ibérica es muy temprana y muchas de las observaciones que se dan como base para considerar que algunos invernan aquí, más bien habría que estimarlas como primeras o anticipadas llegadas. En diciembre, enero y febrero, no son raros los críalos que se observan en distintos puntos de la Península Ibérica. Mestre Raventós (1968) registró como primeras llegadas a Cataluña un 28 de enero de 1960, 25 de enero de 1961 y 30 de enero de 1967. Anterior es allí una captura el 30 de diciembre (Travé, 1957). En Andalucía las observaciones de finales de diciembre no son raras y frecuentes en enero y febrero. Balsac y Mayaud (1962) sugieren la posibilidad de invernantes en el noroeste de Africa en base a las apariciones de críalos en aquella región en los primeros días de diciembre (Mogador, 6 de diciembre, Mazagán, 12 de diciembre, Khenifra, 13 de diciembre). Smith (1965) observó en dos años 15 críalos en variadas fechas de diciembre y enero. No puede, por lo tanto, descartarse totalmente la posibilidad de una exigua población invernante, pero faltan observaciones de otoño, lo que también podría hacer pensar que el críalo se mueve pronto hacia el Norte desde su habitual cuartel de invernada en Africa Tropical. Sin embargó, su presencia allí queda enmascarada por una abundante población africana de Clamator glandarius. Moreau (1972) considera que la evidencia de que el Críalo ibérico inverna en Africa occidental es buena. Centenares de juveniles han sido observados en el sur de Mauritania el 20 y 21 de agosto (Morel y Roux, 1966). Un poco más al Sur, en el norte del Senegal se ven en el otoño bandos que permanecen allí hasta diciembre cuando la cantidad de insectos disminuyen drásticamente. En Gambia son muy comunes desde noviembre hasta la mitad de febrero. No hay por el momento razón para suponer que los críalos paleárticos crucen el Ecuador. En Marruecos Balsac y Mayaud consideraron que sus datos eran escasos y antiguos para afirmar allí una regular reproducción. Francois (1975) observó un críalo inmaduro en Agadir en el mes de julio. Este dato precoz le hizo pensar en una reproducción local. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la Península Ibérica muchos adultos comienzan a abandonar sus zonas de reproducción tan temprano como a mediados de junio y se dice también que algunos pueden dejar Iberia a finales de mayo. Igualmente algunos inmaduros comienzan a emigrar hacia el Sur en los primeros días de julio y aunque su viaje va retrasado con respecto al de los adultos, la presencia en agosto y septiembre de jóvenes ya en Africa Occidental nos da pie para pensar en un flujo notable de críalos del año a partir de julio. Valverde observó jóvenes el 11 y el 21 de julio en el Sudoeste del río Lucus (Marruecos) lo que le hizo pensar que se reproducía allí. Capturas y observaciones de críalos lejos de su área habitual de reproducción son frecuentes prácticamente en todos los meses del año. De este modo se han registrado en muchos países europeos tan al norte como en el sur de Finlandia y en Escocia. Por lo que respecta a la Península Ibérica ya se han mencionado sus esporádicas, pero constantes apariciones en campos de la costa Cantábrica y no es aventurado predecir que no tardará muchos años en ser especie nidificante allí. Las capturas en Baleares son frecuentes en los primeros meses del año, aunque no se reproduce y hay que presumir que se trata de críalos en migración primaveral.