CORMORAN MOÑUDO (Phalacrocorax aristotelis)

 


                        Imagen: Jose Antonio Sencianes

 

El Cormorán Moñudo Phalacrocorax aristotelis es la única especie que se reproduce anualmente en las costas de Iberia. Tiene el plumaje negro verdoso brillante, que a distancia parece negro. La garganta y bordes de la boca son amarillos. El pico y las patas son negros. Por un muy corto período durante la cría, ambos sexos tienen una pequeña cresta curvada en la parte superior de la cabeza. Los inmaduros, a poco de dejar el nido, son de color marrón oscuro, algo más pálidos debajo, pero al final de su primer año este color ha sido reemplazado por un plumaje marrón oscuro. Al terminar su segundo año de vida alcanzan el plumaje completo de adultos, aunque algunos pájaros de dos años se reproducen también frecuentemente. Es una de las aves marinas más silenciosas; solamente el macho emite un graznido que le ha valido en gran parte de nuestro litoral, junto con el color de la pluma, el nombre de Cuervo marino. Este grito podría expresarse como ¡aak_ aak... aak... ! cuando se aproxima al nido.

La base de su alimentación está formada por pequeños peces costeros que varían mucho porque la fauna marina de las costas cántabro-atlánticas es muy rica. En los países europeos donde abunda extraordinariamente se le acusa de destruir gran cantidad de pescado y entrar en competición con el hombre.

Los cormoranes moñudos crían en colonias en pequeños y diseminados grupos dentro de la misma colonia, generalmente en repisas de acantilados, y existe una gran lucha entre los machos de las diferentes parejas por escoger un lugar más protegido, no sólo de las inclemencias atmosféricas, sino también a cubierto de depredadores de huevos y pollos. Generalmente son los pájaros viejos los que ocupan los mejores lugares y los jóvenes deben contentarse con sitios descubiertos. El material para la construcción del nido es recogido en las proximidades de la colonia por el macho y consiste, fundamentalmente, en plantas, ramas, algas secas, etc. Las estacas y palos más gruesos son usados para construir la base del nido y el material más fino para el recubrimiento interior. Aunque el macho puede comenzar el acopio del material antes de haberse emparejado, cuando encuentra una hembra aumenta muy activamente el acarreo del material. Durante la incubación y aun en pleno período de alimentación de los pollos, suelen seguir añadiendo material al nido, incluso éste puede luego ser reconstruido o usado por una nueva pareja.

El comienzo de la estación de cría varía mucho y en ello puede influir el estado del tiempo. En las costas cantábricas españolas, donde se ha estudiado bien esta especie, el primer huevo no es puesto antes de la mitad del mes de abril y, si tenemos en cuenta cuán lluviosas suelen ser las primaveras en las regiones del norte peninsular, no es extraño que una verdadera reproducción no comience antes de mayo en todas las pequeñas colonias repartidas por el litoral. Posiblemente se puedan dar fechas más tempranas para los cormoranes que anidan en la zona mediterránea de Iberia, Islas Baleares sobre todo. También es probable que mayor influencia que el tiempo, lluvia y temperatura la tenga la abundancia o escasez de pequeños peces, especialmente cuando la anchoa se acerca a las costas en primavera, lo que hace ahora con poca regularidad.

Se citan tempranas puestas de huevos en febrero y aun antes, pero esto no está comprobado para la Península Ibérica, al menos por ahora. Los huevos son blancos y la puesta normal es de tres, aunque puestas mayores no son infrecuentes, pero casi seguro que se trataba de dos hembras utilizando el mismo nido. Ambos adultos incuban, curiosamente, colocando los huevos sobre sus patas anchas y palmeadas, dícese que por ser éstas muy calientes. Si el pájaro es asustado cuando incuba y obligado a abandonar repentinamente el nido, puede lanzar al vacío fácilmente los huevos. La incubación dura de 30 a 35 días y los pollos recién nacidos son de color gris oscuro, alimentándolos ambos padres por regurgitación. Estos, a la búsqueda de alimento no se alejan mucho de la colonia, probablemente no más allá de donde puedan verla. Los jóvenes ya están emplumados cuando alcanzan los 48 ó 50 días, bajándose a las rocas de la costa, donde permanecen quietos sobre ellas, siendo alimentados en grupos por sus padres, durante un mes más. Ocasionalmente este cuidado dura hasta dos meses. Se calcula que los jóvenes no son independientes y pueden comer solos antes de los 75 días.

La dispersión posgenerativa de los jóvenes cormoranes no les lleva a recorrer grandes tramos de costa y permanecen casi todo el año muy próximos a sus lugares de nacimiento. Los anillamientos efectuados en Galicia no han producido recuperaciones lejanas y sí muy próximas al lugar de cría. Los adultos son muy sedentarios y prácticamente apenas recorren espacios de costa superiores a 5 ó 10 km.

El plumaje de los cormoranes se humedece cuando éstos bucean y tienen que secarlo al aire y al sol. De ahí el espectáculo frecuente de grupos de ellos con las alas abiertas posados sobre las rocas del litoral o en las playas y rías. Durante el primer año de vida los jóvenes son notablemente más pálidos por debajo, pero también existen adultos en las costas cantábricas que poseen un plumaje muy claro, casi blanco en el pecho y viéntre.