COLLALBA NEGRA (Oenathe leucura)

                               Fotografía: Antoni Vidal

 

 

La Collalba Negra,Oenanthe leucura,es la más grande de las tres collalbas que se reproducen en la Península Ibérica y también la más fácil de identificar. El plumaje del cuerpo y las alas es totalmente negro brillante y el obispillo o rabadilla, las plumas debajo del nacimiento de la cola y las rectrices de ésta son de color blanco, excepto los extremos de cada rectriz que son negros y que forman una banda terminal muy visible cuando el pájaro despliega la cola, lo que hace frecuentemente. La pareja central de rectrices es negra desde la punta hasta la mitad de su longitud.

Las alas desde lejos parecen negras, pero en realidad son marrones muy oscuras y cuando el pájaro nos sobrevuela con ellas desplegadas, entonces se aprecia bien un tono grisáceo.

Las hembras son también muy oscuras, pero el dorso no es negro sino marrón oscuro y las partes inferiores algo más claras. De lejos su aspecto y plumaje es dificil de separar del de los machos.

La subespecie que habita en Iberia considerada como típica Oenanthe leucura leucura se diferencia de la del norte de Africa Oenanthe leucura syenitica en que ésta tiene más ancha la banda terminal negra de la cola. Como existe la posibilidad de que alguna de estas collalbas alcance nuestras costas sureñas ocasionalmente, se dá aquí unas medidas del promedio en la anchura de esta banda terminal obtenida por Witherby: 10-16 mm. para las rectrices externas y 30-37 mm. para la pareja central en la raza leucura y 12-18 mm. y 34-40 mm., respectivamente, para la subespecie syenitica. También el color marrón oscuro de la cabeza, no negro, en la raza africana puede ser un buen distintivo, aunque se origina confusión con las hembras y los jóvenes. Las patas y el pico de ambas subespecies son negras. El iris es pardo oscuro.

La Collalba Negra se posa erguida en actitud característica, siempre sobre una roca o lugar predominante desde donde observa el suelo a su alrededor, a veces recordando más a un zorzal Turdus sp. que a una collalba. Habita zonas pedregosas y áridas, desnudas de vegetación y muy a menudo vive en montañas. Probablemente en la Península Ibérica alcance en ellas su mayor densidad, aunque se puede decir que no es abundante en ningún lado y las parejas se ven muy diseminadas. Se observa desde pedrizas al nivel del mar hasta altas montañas, encontrándosela tanto en las estribaciones meridionales de la Cordillera Cantábrica como en la Sierra de Gredos o en Sierra Nevada donde Witherby la vio a 2.000 metros de altitud.

Es un pájaro inquieto que continuamente despliega la cola en abanico, mostrando el color blanco y sobre él la T invertida negra, diseño muy llamativo incluso visto de lejos.

Desde su posadero efectúa continuos vuelos hacia lo alto y en época de reproducción estos acrobáticos ascensos y descensos los acompaña con un canto muy agradable en la linea del Mirlo Capiblanco Turdus torquatus. En las hoces de Vegacervera y Valdeteja formadas entre impresionantes roquedos por los ríos Torio y Curueño en el norte de la provincia de León ya se pueden ver los machos de Collalba Negra en el mes de abril, realizando vuelos hacia arriba como si de bisbitas arbóreas se tratara y lanzando un agradable gorjeo que termina en una especie de silbido o trino, que repiten insistentemente, desplegando la cola y abriendo las alas ampliamente para dejarse caer hasta un posadero bajo, muchas veces una piedra que sobresale a la orilla del río. Es un pájaro escondedizo al que siempre vemos de lejos, volando a ocultarse en cuanto nos acercamos. Sus costumbres retraídas en la montaña quizá impidan darnos una idea de su densidad. Rara vez se ven dos parejas juntas. En muchas zonas de Iberia coinciden las tres especies de Collalba en el mismo habitat, pero con mucho la más escasa parece ser ésta.

La mayor parte de nuestras collalbas negras son sedentarias y se ven durante todo el año en los lugares donde habitualmente se reproducen. Sin embargo, en algunas zonas del sur de España se observa un relativamente importante paso primaveral y otoñal. Bannerman (1954) refiere que hace ya muchos años Stenhouse vio migrantes en paso un 20 de marzo y el 21 de septiembre. También Howard Irby veía esta Collalba durante todo el año en un mismo lugar junto al Peñón de Gibraltar, pero en otros sitios se notaba claramente que el pájaro emigraba. Muchas de estas observaciones se refieren al pasado siglo y la situación no ha cambiado hoy mucho, puesto que la Collalba Negra sigue estando muy diseminada por pedrizas del Sur y Levante y no falta allí durante todo el año. La mayoría son pájaros sedentarios que en determinados lugares pueden alcanzar una buena densidad. Balsac y Mayaud (1962) la encuentran anidando en todo el norte de Africa y en Marruecos no observan migración visible alguna que justifique la llegada a la zona costera española del Estrecho de Gibraltar del buen número de collalbas negras que por allí se ven diseminadas en marzo y abril.

En zonas abrigadas y de buena temperatura del sur de España muchos machos cantan ya esporádicamente en diciembre. La época de mayor intensidad se alcanza desde finales de enero hasta marzo. Para describir la reproducción en Iberia es forzoso referirse a las experiencias de Richardson (1965), realizadas en el Instituto de Aclimatación de Almeria entre octubre de 1961 y mayo de 1962. Allí se eligió la rambla de Tartala donde pudieron estudiarse 7 parejas. Los primeros síntomas del celo se notaban en diciembre, pero los conocidos vuelos con intenso canto sobre el supuesto territorio no se iniciaron hasta febrero. En este mes empieza la construcción de los nidos, aprovechando los pájaros una grieta o agujero en la roca con promedios bajos de altura. Richardson obtuvo 1,6 m. sobre el suelo para varios nidos. Algunos pueden estar situados en pequeñas cuevas. El material suele estar formado por hierba seca, tallos y palitos secos, forrado interiormente con plumas, lana y crines. La costumbre de colocar debajo de él y delante pequeñas piedras es bien conocida y quizá por ello este pájaro lleva en muchos lugares de Andalucía el nombre de Pedrero. Casi todos los nidos tienen piedras y el número de ellas es muy variable, desde sólo 3-4 hasta varios centenares. Las pequeñas cuevas o agujeros quedan con el nido y las piedras completamente cubiertos. Un nido descrito por Irby tenía un muro delante formado por 282 piedras, mientras el cimiento sobre el que se asentaba tenía 76 piedras más, es decir en total 358. De los 37 nidos examinados por Richardson en Almería había uno con más de 9.000 piedras, sin duda acumuladas en muchos años. El macho es quien aporta todo este material. La mayoría de las piedras pesaron en promedio entre 3 y 10 gramos, pero algunas pesaban 28 gramos, lo que es un notable peso si pensamos que el pájaro pesa de 38 a 55 gramos. En los últimos días de marzo se encuentran las primeras puestas formadas por 4-6 huevos, muy a menudo 5 y muy raramente 7, de color azul pálido casi blanquecinos algunos y con puntos rojizos que forman una corona en la parte más ancha. La mayor parte de las puestas son dejadas en abril y hay muchas en el Norte en el mes de mayo. Jourdain y Rey obtuvieron promedios para 62 huevos de 24,5 x 17,8 mm. con un máximo de 27 x 17,6 mm. y un mínimo de 22,4 x 17,6 mm. Es la hembra la que incuba durante 16-17 días (Richardson) y ambos adultos ceban a los pollos durante 14-15 días. Al nacer están cubiertos parcialmente con largo plumón de color gris. Tienen el interior de la boca amarillo y carecen de puntos negros en la lengua.

La alimentación es insectívora fundamentalmente, capturando las presas a la manera que lo efectúan los roqueros. Las collalbas caminan con paso rápido por el suelo y entre las piedras o las matas arbustivas recogen muchos coleópteros y lepidópteros. Cuando inmóviles en un posadero observan una zona soleada, se lanzan con gran rapidez a la captura de tábanos Tabanus bovinus. Con frecuencia también cazan otros dipteros en el aire. Richardson en Almería determinó en deyecciones y egagrópilas gran número de coleópteros (sobre todo los del género Chrysomela). También comen muchas hormigas.

La curiosa acumulación de piedras en el nido de que hemos hablado antes ha motivado numerosos y minuciosos estudios y más suposiciones sobre el objetivo que el pájaro persigue con ello. Richardson cree que puesto que es una operación que solamente realiza el macho, debió de tener originariamente una función de ostentación dentro del cortejo nupcial y, no como otros ornitólogos opinan, una misión defensiva del nido, sino más bien que actúe de soporte de aquel. Kóenig (1966) que estudió la especie en el bajo pirineo catalán, estima por su parte que tan singular construcción tendría un triple objetivo: servir de soporte al nido, disminuir el paso de entrada al nido y como parte fundamental en el llamativo pavoneo y cortejo que el macho desarrolla. Bannerman por su parte opina que puede tener por objeto mantener el nido seco e incluso se ha sugerido que puede ser una protección contra las culebras y lagartos, pero esta parece una idea un tanto peregrina.

La Collalba Negra se reproduce en Europa solamente en Iberia y en el sudeste de Francia. Falta completamente en la zona Cantabrica y gran parte de Galicia y norte de Portugal. En la Cordillera Cantábrica no falta en zonas altas pedregosas. La reproducción en Navarra está localizada sobre todo en zonas pedregosas y secas de las Bardenas (Elásegui). En Cataluña es numeroso tanto en la costa como en montaña. No anida en Baleares, pero ocasionalmente es vista allí en otoño (Moreau, en Formentera). En Cármenes (León) está criando muy cerca ya de la Cordillera Cantabrica. (Proximidades del Puerto de Piedrafita)