COLLALBA GRIS (Oenanthe oenanthe)

                            Fotografía: Juanma Hernandez

 

 

La Collalba Gris, Oenanthe oenanthe, es inconfundible en plumaje primaveral. Los machos tienen el dorso gris y las alas negras. También la cabeza es gris y sobre los ojos hay una lista estrecha blanca, muy visible porque separa el píleo de las plumas negras de los lados de la cara que ocultan los ojos y forman como un antifaz. La frente es blanca y en ella confluyen las listas del mismo color que pasan sobre los ojos. Sin duda el obispillo de color blanco puro es el rasgo más visible aun a buena distancia, porque se une con el blanco de las rectrices de la cola sobre las que contrasta mucho el negro de la ancha banda terminal y las dos rectrices centrales que son negras hasta cerca de su base. De este modo queda formado un dibujo de T ancha invertida que resulta muy conspicuo, incluso visto desde lejos, ya que la Collalba sacude la cola constantemente en una acción característica. No todas las collalbas tienen la misma superficie negra en las plumas de la cola. Las jóvenes normalmente tienen más que los pájaros adultos, no infrecuentemente el negro les llega en la pareja de rectrices centrales hasta la misma base de la cola, lo que es muy raro en los adultos. Un macho adulto en verano e invierno tiene una superficie negra en las rectrices centrales que puede alcanzar una longitud entre 28 y 40 mm; el resto de las rectrices sólo 16-24 mm; los pájaros jóvenes hasta cumplir el año, ligeramente más. Las partes inferiores del cuerpo, desde la garganta para abajo, son de color ocráceo pálido o beige, aclarándose al llegar al vientre y a las plumas infracobertoras de la cola.

Las hembras poseen una coloración mucho más apagada y por lo tanto son menos llamativas. Por encima el tono tiende al pardo y las alas no son negras sino marrones muy oscuras, lo mismo que las plumas auriculares; la lista superciliar es amarillenta o crema y las partes inferiores variables en la intensidad del color beige o pardo ocráceo claro. La garganta tiene un tono más claro y el pecho más oscuro, pero existe considerable variación. El obispillo y el diseño de la cola son como en el macho, pero en ellas el color negro es marrón oscuro, detalle que se aprecia con el pájaro en la mano únicamente. Realmente en hembras con el plumaje gastado en verano, puede haber confusión en la determinación de sexos, porque las partes superiores llegan a veces a ser grisáceas.

Los machos y hembras en plumaje invernal se parecen al perder aquéllos la coloración gris del dorso. Las jóvenes collalbas se asemejan a las hembras en el otoño y el obispillo es de un blanco sucio o crema, lo mismo que las rectrices. Los colores oscuros están menos acentuados que en los machos adultos y la línea superciliar apenas es visible. En algunas partes del cuerpo, como en el pecho, vientre y obispillo, las puntas oscuras de las plumas les dan una ligera apariencia moteada.

La Collalba Gris Oenanthe oenanthe se reproduce a través de todo el continente europeo desde Noruega y Rusia al Norte hasta Gran Bretaña e Irlanda al Oeste y los países mediterráneos al Sur. En muchas zonas, algunas extensas, cría localmente y con preferencia en altos niveles y falta en Mallorca, Menorca y quizá en Cerdeña.

En la Península Ibérica la Collalba Gris es ave de zonas áridas, terrenos secos, amplios espacios cultivados, lugares pedregosos, praderas de montaña con hierba corta y rocas diseminadas y no infrecuentemente a alturas hasta de 2.000 metros, pero rara más arriba. En Navarra y otras regiones prefiere la estepa cerealista a niveles medio y bajo. También le atraen las dunas con vegetación rala y los taludes terrosos y acantilados costeros de poca altura. Durante la migración se ve por todas partes y con especial densidad en praderas de la costa y en terrenos intermarealés de rías, en dunas costeras y cerca de los acantilados y faros.

Inconfundible, dejándose observar a corta distancia, pero no permitiendo la aproximación, volando entonces lejos, normalmente no a más de 50-60 metros y sólo de forma ocasional durante la cría a 100 metros. Es un pájaro incansable que se mueve continuamente, posándose al descubierto sobre una roca o elevación del terreno; tan pronto permanece inmóvil un buen rato como realiza vuelos cortos y rápidos en persecución de insectos que pasan cerca de su posadero. Se mueve por el suelo muy rápidamente, parándose en una pequeña eminencia del terreno, permaneciendo erguida y vigilante un breve instante para realizar a continuación un corto vuelo, no sin antes echar el cuerpo hacia adelante, como cogiendo impulso para volar, en una acción característica, o el desplegado de la cola que mueve arriba y abajo. Muy adicta a zonas donde existan muros de piedras sueltas sin masa que las una, se posa sobre ellas y allí permanece inmóvil si se siente observada. Vuela a baja altura y también se posa en ramas de arbustos espinosos con preferencia. Muy a menudo lo hace a ras del suelo. Muy rara vez se ve posada en un árbol. Durante la cría las parejas se hallan muy repartidas y diseminadas. En migración las collalbas viajan solitarias o en parejas. Durante el día pueden verse varias relativamente juntas en una zona apropiada. La Collalba Gris es una especie eminentemente «conservadora». El observador puede tener la seguridad de que la misma zona será ocupada por una pareja en el transcurso de los años. Sorprendentemente hay en la región muchos lugares que a ojos del ornitólogo reúnen las mismas características. Pero tiene que ser siempre aquélla la escogida por el pájaro. Bannerman dice que Baxter y Rintoul, dos ornitólogos del sexo femenino que recorrieron cada parcela de las tierras escocesas durante muchos años, pudieron comprobar que en un lugar determinado, siempre el mismo, las collalbas grises anidaron 62 años consecutivamente (Baxter y Rintoul, 1953)

Pronto, en cuanto llega a nuestros campos canta con frecuencia de forma agradable, emitiendo un corto y modulado gorjeo que, a pesar de su tono, se puede escuchar a gran distancia. Lo mismo cantan desde el suelo. casi siempre desde una pequeña eminencia del terreno, como desde una roca, sobre la rama de un arbusto e incluso desde los alambres del tendido eléctrico. Muy a menudo en vuelo y también con preferencia desde montones de piedra suelta que los pastores o campesinos utilizan para la delimitación de los campos. En las primeras horas de la noche es ocasional, pero no tanto poco antes del amanecer. Abril, mayo y junio son los meses en que canta insistentemente. En los últimos días de junio su voz se escucha menos y en julio poco o nada en zonas bajas y todavía persistentemente en la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. Además emite notas de alarma en todo tiempo mientras está en la Península y que pueden representarse como un áspero y repetido ¡¡chak-chak!!.

La Collalba Gris se alimenta principalmente de insectos. Su método habitual de cazarlos es permanecer inmóvil sobre una piedra o lugar elevado y lanzarse repentinamente al suelo o bien en un corto y acrobático vuelo para capturar alguno que pasa cerca. Jourdain cita coleópteros, dípteros, himenópteros, lepidópteros, ortópteros etc. También pequeños moluscos y posiblemente lombrices de tierra. Los pollos son cebados con insectos y muchos dípteros son entonces transportados al nido por ambos adultos. Es curiosa una forma de caza que se ve con frecuencia practicar por este pájaro. Como si fuera un cernícalo, se cierne inmóvil en el aire a escasa altura del suelo, moviendo sólo la cola para mantener su posición y mirando atentamente hacia abajo hasta que repentinamente se lanza en picado sobre un insecto que ha descubierto entre la hierba. Inmediatamente vuelve a elevarse, esta vez a mayor altura, y su estabilidad en el aire supera con mucho a la del propio cernícalo.

A los pocos días de llegar a Iberia, las collalbas comienzan las operaciones de nidificación y los machos en cuanto las hembras están presentes, representan su celo en curiosas acciones que van desde una persecución agresiva de la hembra hasta la más sorprendente acción en la que ambos, macho y hembra, se acercan a una pequeña depresión del terreno, un agujero o zanja y allí el macho, tal como si se hubiera trastornado, comienza a saltar de un borde a otro con el plumaje esponjado pareciendo entonces más que un pájaro una bola de plumas que botase en el suelo y describiera en el aire un arco para luego echarse ante la hembra cual si estuviera muerto con las alas caídas, la cola desplegada y la cabeza pegada a tierra. Aunque estas ceremonias no siempre son bien observadas, no hay duda que forman la parte principal del cortejo que normalmente dura de 10 a 20 días, antes de que la puesta de los huevos comience.

Si tomamos como fecha de partida para que ya algunas hembras estén en Iberia el día de San Patricio (17 de marzo), habrá que calcular un mes más para poder encontrar los primeros nidos con las puestas de huevos completas. Pero esto no es lo normal y muy a menudo, aun en zonas favorables del sur de España, no se ven nidos hasta la última semana de abril. En las cordilleras del Norte. muchas collalbas todavía están comprometidas en sus representaciones nupciales en mayo.

El nido es normalmente una bastante voluminosa estructura de hierba y raicillas secas con bordes salpicados de musgo. El interior está forrado de raicillas, lana, pelo, plumas, bien de alguno de estos materiales o de todos ellos a la vez. Walpole-Bond señala como muy raro, pero es un hecho comprobado, que las hembras añaden durante la puesta y aun en la incubación más material para forrar el interior del nido. Este es construido muy a menudo en un agujero, que puede ser la madriguera de un conejo y a veces bastante al interior, de forma que no se ve desde fuera, en un hueco de un muro, en grietas de rocas, desagües de alcantarillas, tramos finales de drenajes, tubos de uralita o gres abandonados, vasijas, envases de hojalata abandonados en playas y campos, debajo de grandes piedras o al abrigo de ellas, huecos en el suelo protegidos por un arbusto, entre la piedra suelta de canteras abandonadas, etc.. Verheyen (1967) cita nidos bajo grandes raíces de plantas. Ambos sexos trabajan en la construcción del nido. La hembra lo hace con más dedicación. La puesta normal parece ser de 6 huevos, pero en la Península Ibérica no son raras las de 5. Ocasionalmente 7 y más escasas de 3 y 4 huevos. Estas suelen encontrarse muy a menudo como segundas puestas en la temporada. El color de los huevos es azul pálido, quizá mirando mucho pueda apreciárseles un ligerísimo tono verdoso, y no tienen marcas casi nunca; a veces unos pequeños puntos pardo rojizos. Walpole-Bond y Jourdain citan puestas de 8 huevos como excepcionales, tanto como las de 3. Para 100 huevos medidos, Jourdain obtuvo en Gran Bretaña un promedio de 21,2 x 15,9 mm. con un máximo de 24,8 x 15,4 mm. y un mínimo de 19 x 15,3 mm. Niethammer para 62 colectados la mayoría en Alemania obtuvo un promedio de 20,3 x 15,4 mm. En el Benelux los promedios son sensiblemente iguales como es lógico en una zona tan reducida y de idénticas características: Verheyen para 100 huevos determinó promedio de 21 x 15,5 mm.

La incubación es efectuada en su mayor parte por la hembra, aunque el macho la releva a menudo, pero por cortos períodos. A los 14 días nacen los pollos cubiertos parcialmente con denso y largo plumón de color gris oscuro. El interior de la boca es anaranjado pálido y no hay puntos oscuros en la lengua. Ambos adultos los alimentan con asiduidad, llevando cada vez en el pico varios insectos y a los 15-16 días los pollos, colicortos aún, salen del nido y se ocultan entre las piedras. Si se les molesta lo hacen antes, no raramente a los 12 días. Ya son tan tímidos como los adultos que pocas veces se dejan observar incubando. En cuanto el observador se acerca a 10 metros del nido, la hembra vuela alarmada. En los últimos días de mayo son frecuentes los pollos volanderos de Collalba Gris en muchas partes de Iberia, pero en las cordilleras no antes de la primera semana de junio.

Resulta difícil describir las zonas ibéricas donde este pájaro resulta más numeroso. Se halla tan diseminado que no parece abundar más que en las laderas y campas de las cordilleras, pero inesperadamente podemos encontrar alguna pareja establecida en una playa, al lado de dunas o taludes terrosos. Falta en extensas zonas del Levante español que, aparentemente, podrían ser favorables para la reproducción de esta Collalba. Anida, sin embargo, según Moreau en Ibiza y Formentera. Pero como mejor conocen muchas personas a este pájaro es por su carácter eminentemente migrador. Nunca en grupos o bandos y sí normalmente solitario o en parejas diseminadas, aparece en nuestras costas en los últimos días de febrero. Presumiblemente ninguna de estas collalbas pertenecen a la población ibérica que arriba a partir de la mitad de marzo. Los pájaros nacidos en mayo comienzan a dispersarse y a emigrar entre el 15 y el 20 de julio. No obstante, no hay marcha masiva hasta agosto, los jóvenes a primeros de mes y los adultos a partir de la segunda semana. La llegada de migrantes del Norte europeo comienza a hacerse sensible en la última semana de agosto, continúa durante septiembre y ha terminado hacia la mitad de octubre. Collalbas retrasadas pueden verse en nuestros campos costeros en noviembre y posiblemente las escasas observaciones de diciembre haya que atribuirlas a invernantes que no llegan a marchar a Africa. Balsac y Mayaud (1962) estiman que las collalbas que se ven en el norte de Africa a partir de los primeros días de agosto pertenecen a la población ibérica, viéndose algunas todavía en diciembre. En primavera comienzan a pasar desde finales de febrero, pero la gran masa de migrantes atraviesa el occidente marroquí en marzo y abril. Los cuarteles de invernada en Africa de las diferentes subespecies europeas de collalbas se superponen por lo menos en parte. Moreau estima que el occidente africano reúne una población invernante, sobre todo desde Sierra Leona hasta el Senegal. Oenanthe oenanthe se extiende más al Sur y a oriente, notándose el paso a través de Gambia y siendo abundante en Nigeria, Tchad y Sudán y más al Sur en el Congo y Tanganika. Solamente escasas alcanzan Zambia o Malawi y pocas Somalia. Moreau estima en 125 millones la población de collalbas grises que llega en el otoño a invernar a Africa.