COLIRROJO REAL (Phoenicurus Phoenicurus)

                         Fotografía: Rubén Martínez Fraga

 

 

Uno de los pájaros llamativos por su plumaje es el Colirrojo Real macho, Phoenicurus Phoenicurus. El color blanco nítido de la frente es lo primero que llama la atención. Se destaca mucho sobre la cara y la garganta negras, color que bordea los ojos por encima y cruza sobre la base de la mandíbula superior; la cabeza y la espalda son grises y el negro de la garganta se extiende a los lados del cuello. El pecho y los flancos son anaranjados y este color se extiende a los lados del vientre que es blanco en el centro. Las plumas infracobertoras de la cola son beige anaranjadas, las alas pardo negruzcas y la cola castaño rojiza, excepto el par central de rectrices que es pardo negruzco. El obispillo y las plumas supracobertoras caudales son de vivo color castaño rojizo. En el otoño e invierno el contraste en las diversas coloraciones se atenúa porque el gris de la cabeza y espalda está punteado de pardo que enmascara la brillantez de aquél. Lo mismo sucede con el negro de la cara y garganta muy punteado de blanco; el castaño anaranjado del pecho y los flancos es más pálido, menos brillante.

La hembra tiene una coloración notablemente más apagada con todas las partes superiores pardo grisáceas, aunque conserva casi la brillantez del plumaje del macho en el obispillo y en la cola, también castaño rojizos. Las partes inferiores varían desde el beige blancuzco del mentón y la garganta hasta el anaranjado del pecho y los flancos en variable intensidad de unas hembras a otras. Un estudio intenso del Colirrojo Real durante muchos años ha permitido establecer para el norte de Iberia y probablemente para el resto de la Península, aunque no se dispone aún de datos, dos tipos de hembras atendiendo a la coloración del plumaje. Hembras «variedad clara» que responden a la descripción anterior a la que hay que añadir que el color general de los tarsos es el pardo oscuro. Hembras «variedad oscura» sensiblemente diferentes. Tienen frente blanca, píleo, espalda y plumas cobertoras alares grises, auriculares muy oscuras, formando como una mancha redondeada negruzca y sobre todo el babero gris negruzco redondeado que coge el mentón y la garganta y que contrasta bien con el anaranjado ocráceo, variablemente intenso de unas a otras, del pecho y flancos. Los lados del cuello también son grises y en la parte baja del pecho se pueden notar bien plumas con la punta negruzca que forman un somero, pero visible, punteado que no siempre se presenta en estas hembras de variedad oscura.

Los tarsos y los pies son negros, lo mismo que el pico. El iris de los ojos es pardo oscuro en ambas variedades de hembras y en el macho. El plumaje oscuro en las hembras de esta variedad es muy parecido al de los machos jóvenes en su primer otoño. Estas hembras que Witherby (1940) califica de excepcionales no lo son tanto en el norte Ibérico.

El plumaje de los jóvenes colirrojos, machos y hembras, tiene en sus partes superiores (frente, píleo, nuca, espalda y escapulares) un tono negruzco, grisáceo en la base de las plumas que poseen bordes pardos y punteado beige. Las partes inferiores son beige blancuzcas con la punta de las plumas pardo oscuro de manera que forman como un rayado en ondulaciones. El obispillo es castaño rojizo más pálido que en los adultos, pero no la cola que es tan rojiza en las rectrices cómo la de las hembras adultas. Conforme avanza la muda desde julio a septiembre va siendo relativamente fácil diferenciar los sexos. Los machos adultos en plumaje de invierno, que ya lo presentan en septiembre y octubre en la Península, pierden el color negro intenso de la cara y garganta, sobre todo el de esta última, que está densamente moteado de blanco al tener las plumas las puntas de este color, como se decía antes. El gris de la cabeza y la espalda está enmascarado por tonos pardo rojizos. La cola y el obispillo conservan el brillante color de los adultos en primavera.

El Colirrojo Real es un pájaro fácil de observar y estudiar, tanto por su abundancia como por sus costumbres notorias, anidando en lugares fácilmente accesibles al hombre y posándose siempre al descubierto. Además del brillante plumaje de los machos, llama también la atención el continuo movimiento de la cola, una vibración muy rápida o un temblor de arriba abajo, que le ha valido nombres populares como el de Temblarrabos, y que ambos sexos efectúan. Sus actitudes son características de la especie y resulta difícil asimilarlas a las de otro pájaro. Quizá al estar alarmado recuerda en su movimiento agachándose al Petirrojo Europeo Erithacus rubecula, pero es más activo que éste y sobre todo ocupa un territorio siempre más extenso y sus vuelos son más largos. Se mueve ágilmente por entre las ramas de los árboles y captura insectos al vuelo desde su posadero, pero más corrientemente lanzándose al suelo. Se posa siempre al descubierto en el extremo de postes, alambradas, cables de conducción eléctrica, ramas de árboles tanto secos como con hojas, tejados, muros, rocas, etc. Normalmente ocupa posiciones siempre altas cuando canta y no rara vez en el tope de árboles muy altos.

El hábitat ocupado por el Colirrojo varía mucho. Desde grandes bosques con espacios y claros, hasta jardines de ciudades. Desde caseríos, aldeas, casas de campo, de recreo, parques con viejos árboles, hasta zonas suburbanas de ciudades y pueblos, hay una gama extensa de biotopos que este pájaro escoge año tras año con una fidelidad asombrosa. En la práctica toda la campiña es buen hábitat para él, pero hay una cierta tendencia conectada con la costumbre de acudir anualmente al mismo lugar a que las parejas se agrupen en colonias o semicolonias. Sucede a menudo que en una aldea crían 2-4 parejas y hasta otra próxima, pero distante no menos de 4 km en línea recta, no se encuentra un solo Colirrojo a pesar de que la campiña presenta condiciones ideales a nuestros ojos para este pájaro. ¿No es esto una agrupación en pequeñas colonias? Esta observación es común y ya se hizo eco de ella Ticehurst (Bannerman, 1954). He observado cierta preferencia en este pájaro por casas viejas o medio derruidas, ruinas y muros casi desmoronados. Probablemente le atraen los agujeros y huecos que allí puede encontrar. En el norte Ibérico existen muchas casas con galerías de madera. Algunas de ellas, quizá todas, son ya muy viejas y sus resquicios y tablazón desprendida ofrecen innumerables lugares para que el Colirrojo anide. Y así es en efecto. Muchos nidos se han podido observar en estas viejas casas. No es de extrañar que este pájaro sea ahora un visitante fácilmente atraído a las cajas nido que se colocan en los jardines.

La alimentación del Colirrojo Real es principalmente insectívora: Coleóptera, Lepidóptera y sus larvas, Diptera e Himenóptera. Muchas son las orugas que de todas las especies y colores conducen a los nidos para cebar a los pollos. También las mariposas nocturnas pagan una buena contribución. No pocas arañas son capturadas igualmente, así como gusanos y lombrices de tierra. Los pollos en el nido, son alimentados con un 82 por ciento de orugas. A partir del mes de julio los colirrojos son visitantes de muchos árboles frutales y, aunque no en gran medida, cerezos y ciruelos les atraen más que las higueras. También en el otoño comen frutos del Saúco, Sambucus nigra y, sin duda, otros muchos más.

El canto es difícil de escuchar antes de la primera semana de abril. ¿Cómo es el canto de este pájaro?. En realidad el Colirrojo Real canta agradablemente, emitiendo una corta estrofa formada por dos sonidos: uno que recuerda cierta parte del canto del Petirrojo y otro en tono más alto al que sigue inmediatamente un burbujeo de notas variadas en tono apenas audible a no ser que el cantor esté cerca de nosotros. Hay con frecuencia en él sonidos de otros pájaros. Quizá el Colirrojo tenga tendencia a imitar los gorjeos de la Golondrina Común y del mismo petirrojo. Como sucede con otras especies, también hay colirrojos que cantan bien, fuerte y sostenidamente y otros que apenas lo hacen. Aquéllos son machos viejos generalmente. Los jóvenes del año anterior cantan menos. Otro factor que influye en que el canto se haga más intenso es la tardanza en arribar la hembra. Un macho sin pareja puede pasar muchas horas al día cantando desde un posadero muy alto, que suele ser el extremo de la guía de una conífera o la rama más elevada de cualquier otro árbol. Normalmente el cantor se muestra al descubierto, pero también puede quedar mimetizado con el ramaje del árbol. Muy rara vez canta al vuelo a no ser en unos pocos días de mayo en que el celo es muy grande. Ocasionalmente se le puede escuchar en noches claras. El Colirrojo Real canta desde las primeras horas de la mañana, cesando normalmente en las horas centrales del día para reanudar el canto ya bien entrada la tarde. A poco de llegar, en la primera semana de abril, cantan con fuerza hasta julio. Buxton escribe que el Colirrojo está en pleno canto desde la segunda semana de abril hasta el 15 de junio y después su voz puede ser escuchada durante 15 días más intermitentemente. Inmediatamente que un macho ocupa un territorio canta con vigor tratando de atraer a la hembra. Continúa cantando después de la llegada de aquélla y en especial en los días en que la invita con continuos vuelos hacia el agujero que ha elegido para que la hembra haga el nido. Posándose reiteradamente en el borde de ese agujero no hay duda que trata de estimularla a iniciar la construcción del nido. Tan pronto como ella comienza, y aunque él no toma parte en el trabajo de llevar material, se vuelve silencioso para empezar nuevamente a cantar en cuanto el nido está terminado. Este silencio puede durar solamente 2 días, puesto que algunas hembras se dan una extraordinaria prisa para construir nido. Durante la puesta el macho canta poco, pero en cuanto la hembra se sienta a incubar lo hace con fuerza y continuidad desde un posadero muy próximo al nido. Normalmente nunca a distancia superior a 125 metros. Aunque Buxton asegura que en cuanto los pollos nacen ya no canta más, esto no es completamente cierto. La intensidad del canto disminuye grandemente, pero no cesa por completo y ocasionales emisiones pueden ser escuchadas de vez en cuando. Una segunda puesta en la temporada prolonga el canto durante por lo menos 15-20 días más. De este modo en julio muchos machos cantan todavía con fuerza.

La llegada de una hembra al territorio de uno de ellos es fácilmente detectada, no por la observación de su protagonista, casi siempre procurando pasar muy desapercibida, sino por la inesperada intensidad en el canto del macho y su ardor volando de aquí para allí. Al aproximarse a la hembra, ésta permanece erguida mientras su pareja trata de acercarse con las alas levantadas y vibrantes, la cola desplegada en abanico y apretada contra el suelo o la rama donde se posa y siempre mostrando en todo su esplendor el vivo color anaranjado rojizo del obispillo y pecho y el blanco de la frente que parece entonces extenderse a toda la cabeza. Cuando el macho quiere atraer la atención de la hembra hacia el agujero elegido por él, permanece dentro con solamente la cabeza y el pecho asomando o bien introduce la mayor parte del cuerpo y deja fuera la cola bien desplegada. Las persecuciones en vuelos zigzagueantes por entre los árboles y siempre cerca del lugar donde se va a construir el nido, son continuas, terminando alguna vez con el apareamiento. Este cortejo dura hasta que la hembra comienza la incubación.

Casos de bigamia en Colirrojo Real han sido comprobados alguna vez. Male (1975) da una clara descripción de uno en el que el anillamiento contribuyó a su comprobación. Haartmann (1969) conoce 3 referencias de bigamia en machos de Phoenicurus. Hay más casos sólo sospechados. En cualquier caso esta situación no es corriente y de hecho sucede que muchos machos quedan sin emparejar. Las hembras parecen, pues, más escasas que los machos.

El Colirrojo Real anida en lugares muy variados. Primitivamente lo haría en agujeros de árboles o en viejos troncos. Hoy, ha sufrido una extraordinaria adaptación y un gran número de parejas son vecinas del hombre en su propia vivienda construyendo el nido en grietas, agujeros, bajo las tejas, sobre vigas e incluso en el interior de automóviles desechados (Bottomley, 1967). Se han visto nidos en desvanes, aleros, bajos de galerías, agujeros de árboles a alturas hasta de 5 metros, debajo de tejas, en grietas de una pared medio derruida, tocones cerca del suelo, cajas nido artificiales, agujeros de pájaros carpinteros, etc. En el suelo, se cita alguna vez. Walpole-Bond (1938) señala algún nido en el suelo. Normalmente están a una altura entre 1,5 y 4,5 metros pocas veces más bajos.

Entre rocas, muy cerca del suelo, se citan alguna vez, pero no es ésta una situación normal ni mucho menos. Lugares insólitos son: entre raíces de árboles viejos, en el antiguo nido de una Golondrina Común o en un talud. Faus (in littera) descubrió un nido en el hueco de una ventana protegida por la persiana. Solamente la hembra construye el nido, y ya se ha dicho que lo hace en pocos días. Buxton estima que de 2 a 4. Algunas tardan más y, en todo caso, las condiciones meteorológicas son influyentes. El nido es una ligera construcción de hierba seca y musgo no muy bien entrelazado con tallos delgados y largos de plantas secas, cortezas y raicillas. El interior está forrado con pelo, lana y algunas plumas. Para dar una idea de la gran actividad que una hembra de Colirrojo despliega en la construcción del nido, se cita la observación de Buxton, quien en 11 horas comprobó su llegada con material nada menos que 239 veces. Ruiter (1941), en su estudio sobre Colirrojo Real, cita una hembra llegando al nido con material un promedio de 17 veces por hora, aunque para construirlo tardó dos días más que el observado por Buxton, de donde se deduce que el número total de viajes podría haber sido el mismo. El macho es quien elige el lugar donde la hembra construirá el nido y la forma en que trata de atraerla allí. Durante la construcción permanece en un posadero próximo cantando con gran vigor y sólo de forma ocasional se acerca a la entrada del agujero, pero no aporta material alguno.

La puesta normal en Iberia es de 5 huevos. No pocas veces también 6 y, ocasionalmente, 7 y 8. En segundas puestas en la misma temporada, invariablemente 5 huevos y alguna de 4. En Gran Bretaña 6 es la media normal, algunas de 5 y no es raro encontrar de 7 y 8. Jourdain las cita de 10 ocasionalmente y Buxton da como record una de 11 huevos. Desde 1970 los colirrojos ibéricos han sufrido una considerable merma en sus efectivos. Esto, unido a la general corta vida de esta especie migradora, es causa ahora de que un gran porcentaje de las parejas que llegan para criar, sean jóvenes que inician tarde la reproducción. José María Faus, que ha realizado un exhaustivo trabajo de anillamiento y observación de colirrojos en Villafranca de Ordizia (Guipúzcoa) anota, como primera llegada de macho de Colirrojo, un 26 de marzo (1968). Caía una copiosa nevada que siguió a una elevada temperatura. De 25° bajó a 0° en 24 horas. Ese día capturó 3 machos. Nuevamente el día 27 capturó otros 3 machos, presumiblemente todos ellos migradores hacia el Norte. Para ese año fija la llegada de los nativos entre el 11 y el 16 de abril. Sin embargo, el 29 de marzo de 1966 observó un macho anillado que no se movió ya de la zona, probablemente anidando en un muro cubierto de hiedra en lugar inaccesible. La primera observación ese año de una hembra no fue hasta el 21 de abril, pero Faus añade que indudablemente debería de haber llegado antes. El macho fue capturado con red y se comprobó que había sido anillado en el mismo lugar en agosto de 1964 como macho adulto y recapturado en julio de 1965. Su insistencia en volver a criar en el jardín suburbano de Villafranca prueba una gran fidelidad y es más que seguro que la pareja inició la reproducción muy pronto, terminando con éxito dos puestas.

Los huevos son normalmente de color azul claro sin marcas y sólo de forma ocasional se ven algunos que tienen un extremo, el más ancho, ligeramente oscurecido con pequeñas motas pardas. Jourdain, para 100 huevos colectados en Gran Bretaña, obtuvo un promedio de 18,7 x 13,9 mm. con un máximo de 21 x 14,5 mm. y un mínimo de 16,1 x 13,1 mm. Verheyen, en 100 obtenidos en Bélgica, da una media de 18,8 x 13,7 mm., medidas sensiblemente iguales. En Asturias, 10 huevos dan un promedio de 18,2 x 13,2 mm. Los pollos nacen según Verheyen en un período de 12-14 días. Al nacer los jóvenes colirrojos tienen plumón de color gris oscuro en la cabeza y espalda, bastante largo y espeso. El interior de la boca es amarillo, sin puntos oscuros en la lengua; las comisuras tienen un tono blanco crema.

La salida del nido de los colirrojos es muy variable. Ambos adultos los ceban con orugas e insectos alados, y, aunque el macho se muestra muy notorio y activo, es la hembra quien discretamente acude al nido más veces. Algunos machos ceban más a menudo que las hembras, y hay otros que apenas lo hacen. Buxton, ante las encontradas opiniones de unos y otros sobre este particular, conviene en afirmar, que existe mucha variación local e individual. La tasa normal de cebo debe estar influenciada por las condiciones meteorológicas. El macho captura muchas de las presas al vuelo. La hembra normalmente entre la vegetación. De este modo, la asistencia al nido no es en modo alguno regular, y unas veces acuden los dos juntos, o con intermitencias de pocos minutos, y otras permanecen ambos alejados por períodos de 15-18 minutos. La piel azulada de los pollos se va cubriendo con los oscuros cañones y solamente se conserva el plumón de la cabeza incluso cuando ya están emplumados. No abren los ojos hasta el sexto día y completamente hasta el noveno. Sus débiles piídos no se escuchan hasta el 5° día de vida. A los 11 días empiezan a aletear y algunos salen fuera de la cavidad a los 12-13 días, pero no suelen abandonar el nido hasta cumplir los 15-18 días. No vuelan apenas y son colicortos. Durante dos o tres semanas más son alimentados por los adultos, o por el macho solamente si hay una segunda puesta. Al cumplir el mes son ya independientes y se dispersan, pero es frecuente que vaguen por los jardines y huertos en grupos de dos o tres. Pronto empiezan a mudar las plumas del cuerpo (a las seis semanas de edad) y, al desarrollárseles completamente la rojiza cola, se parecen mucho á las hembras adultas. Los adultos mudan a la vez que los jóvenes de la primera nidada, pero si hay una segunda puesta, indudablemente debe retrasarse. Los jóvenes del año capturados por Faus en Guipúzcoa, a finales de julio, estaban en plena muda. Todos los machos que observo y capturo en el mes de agosto tienen plumaje en eclipse.

El Colirrojo Real se reproduce en casi toda Europa. Su amplia distribución, sin embargo, no indica una gran densidad, siendo especie numerosa localmente, con preferencia por regiones húmedas y frescas. Falta en gran parte de los países mediterráneos, siendo ocasional en Irlanda, desconocido en Islandia y no alcanzando el extremo norte de Escandinavia. No se determinan subespecies, pero no hay duda de que existe una variación clinal de Norte a Sur y de Oeste a Este. Ambas parecen afectar a la coloración más pálida cuanto más al Sur y al Este, y a la longitud alar mayor cuanto más al Este, pero sensiblemente igual o menor cuanto más al Sur.

El Colirrojo Real inverna al sur del Sahara desde Guinea hasta Etiopía. En Senegal muchos han sido capturados en el mismo lugar en años consecutivos, lo que indica una gran fidelidad a su área de invernada. En Gambia se ven en los bordes de tierras cultivadas. En Nigeria son comunes.

La invernada en algunos lugares del Sur y Levante de Iberia, aunque sea de manera ocasional, se ha citado numerosas veces. La confusión con hembras de Colirrojo Tizón es un hecho probable en muchas observaciones precipitadas. Algunos se retrasan considerablemente en migración otoñal y su presencia a finales de noviembre no es rara. En Baleares (Bernis, 1958) hay numerosas citas y Munn (1921, 1931) lo considera como invernante frecuente. Otros ornitólogos y naturalistas (Barceló, Hernández Ponseti, Jordans hasta 1924-25, Moll, etc.) lo creían sedentario y nidificador allí. En la actualidad no se reproduce y su abundancia en los pasos por las Baleares hasta mayo y noviembre puede originar confusión. Existen datos de recuperaciones invernales (diciembre, enero y febrero) en Portugal, España y Albania, de cuatro colirrojos anillados en países europeos (Buxton, 1950).

Hasta 1972 la Sociedad Española de Ornitología había anillado 3.518 colirrojos reales y la Estación Central de Ecología, dependiente del Ministerio de Agricultura, 518 en cuatro años, operando en diversas provincias, pero sobre todo en Logroño, Soria y Columbretes (Castellón). En cajas anideras, o nidos artificiales, se anillaron 228 pollos, lo que da idea de lo bien que esta especie acogió estos nidos. La Sociedad de Ciencias Naturales Aranzadi de San Sebastián también anillo hasta la fecha varios centenares de colirrojos, en especial Faus, quien obtuvo controles en años siguientes de los mismos pájaros criando en el lugar de nacimiento. Entre las recuperaciones de anillados habidas al paso por Iberia, se destaca uno que lo fue en Chipiona (Cádiz), en octubre y que fue encontrado muerto el 25 de abril, dos años más tarde, en Fair Isle, pequeña isla del grupo de las Shetland, al norte de Escocia. Probablemente se trataba de un pájaro de origen noruego o sueco en plena migración primaveral cuando pereció.

Las oscilaciones en la densidad de población de los colirrojos ibéricos es variable de un año a otro. De cualquier forma, una baja en la densidad general de Colirrojo Real se ha notado en todo el norte Ibérico y en la mayor parte de Europa.