CARRICERO TORDAL (Acrocephalus arundinaceus)

                             Fotografía: Bogdan Boev

Nadie que haya escuchado el canto del Carricero Tordal Acrocephalus arundinaceus puede dudar de que el nombre castellano está muy bien puesto y designa al pájaro de forma perfecta. Su gran tamaño, un verdadero gigante entre los habitantes alados de las marismas, con pico y patas robustas y sobre todo su inconfundible y fuerte voz, lo identifican inmediatamente. Las partes superiores son pardo oscuras muy uniformes y carentes de rayas. Las partes inferiores pardo anaranjadas excepto la garganta muy blanca y el vientre blancuzco. La cola es ancha y redondeada y llama la atención cuando se le ve volar porque con frecuencia la despliega. Las rectrices son pardo oscuro y se aprecian en ellas, teniendo el pájaro en la mano que las puntas son más pálidas. Los sexos tienen el plumaje igual. Las patas y los pies son pardo grisáceos. El pico es marrón oscuro por encima y en el extremo de la mandíbula inferior, con el resto de color carne rosada. Los ojos sepia amarillentos, bien visibles cuando el pájaro alarmado nos mira desde lo alto de un carrizo.

No hay pájaro más notorio en una marisma o carrizal que éste. Desde que llega en el mes de abril hasta que nos deja en agosto y septiembre se hace visible continuamente y el canto se escucha a considerable distancia y a pesar de ser bastante áspero y monótono es emitido con una entonación tan curiosa y una cadencia tan singular que llega a gustar. Sus hábitos y acciones son parecidas a las del Carricero Común, pero se le ve mucho más al descubierto encaramado en lo alto de los carrizos que se doblan con frecuencia bajo su peso. Vuela bajo por encima de los carrizos con titubeante acción, pero batiendo las alas con rapidez y llevando la cola desplegada. Como desafortunadamente sucede hoy en todas partes son pocas las marismas y carrizales que se libran de un tendido eléctrico por encima. En esos hilos se posan los carriceros tordales muy frecuentemente y desde ellos también cantan. Esta acción es más común en migración. Quizá una alta densidad de migrantes establecidos en una pequeña extensión de carrizos obliga a que los pájaros busquen posaderos fuera de ellos. De este modo también se les ve en árboles y arbustos que rodean los carrizales.

Cuando está alarmado y siempre parece que éste es su estado habitual, en cuanto lo distinguimos lanza un duro ¡¡tack!! y un sonido que recuerda al croar de una rana. Su canto, emitido desde posadero alto, a la vista y con insistencia, es un repetido ¡¡karra-karra-karrakik!! seguido de un croar más bajo ¡¡kerk-jerkjerk!!, intercalando agudos silbidos y trinos. Cuando se le escucha entre la vegetación y no se le puede ver canta como el Carricero Común, en tono muy bajo y muchas veces me ha sorprendido al comprobar que el que cantaba no era el pájaro que yo esperaba ver. Se escucha de noche y de día, pero más a menudo por la mañana temprano y por la tarde. En las tardes de primavera con calma atmosférica el canto tiene un gran poder y alcance y se escucha a menudo desde distancias de 400 y 500 metros. Comienza a cantar a partir de su llegada a Iberia y no se interrumpe hasta los últimos días de julio. Antes y después su voz es oída de forma ocasional. En el Sur de la Península los que arriban temprano en los primeros días de abril ya cantan normalmente con intensidad.

Como otros carriceros se alimenta de insectos típicos de las marismas y sus larvas: Coleópteros (especialmente Donacia), Diptera (Tipulidae), Odonata (Aeshua), ephemeroptera (Ephemeridae) y Lepidoptera (sobre todo larvas). Hasta aquí las especies mencionadas por Jourdain (1940). Pero se ven comer muchos pequeños caracoles e incluso pescar en aguas someras sujetándose bien con las patas en la base de un carrizo (Phragmites) los pequeños alevines de Lisa (Mugil spp.). También Jourdain señala que en migración otoñal consumen una buena cantidad de frutos de arbustos silvestres, lo que es común con otras especies de pájaros de marismas.

A partir de la mitad de mayo ya comienzan a construir sus nidos. A menudo en una pequeña marisma con una extensión de una Ha. puede haber 2-3 parejas de forma que parece que se van a estorbar unas a otras. Pero los pájaros procuran hacer los nidos equidistantes y es raro que uno esté al lado de otro. El nido es construido solamente por la hembra, un pájaro excesivamente tímido y que rara vez puede ser vista al descubierto. En uno de los nidos observados estaba situado justamente sobre aguas someras al lado de la caseta de refugio de unos cazadores. Es bastante más grande, sin embargo, muy parecido, si no igual en la forma al del Carricero Común. La hembra trabajaba muy rápidamente y se pudo contemplar cómo y con qué habilidad enrollaba en cinco tallos de carrizo (Phragmites) las hojas de estos y algún junco, anudándolos de forma especial. Sobre ellos colocaba y luego apretaba con el pico muchas inflorescencias secas de juncos y de carrizo. El macho contemplaba la operación pero no intervenía. Solamente alguna vez se sentaba en el nido vacío y se revolvía en él como queriendo hacer más redondeado su interior. Al terminar su construcción había allí un tubo cilíndrico de hojas secas, con copa profunda y en el fondo varios pelos largos humanos, de perro y una pluma. La puesta oscila entre 3 y 6 huevos. Más a menudo 4 y 5 y son de color azul verdoso en el fondo, pero muy manchados de puntos verdes, cenicientos y violáceos, con frecuencia acumulados en el extremo más ancho donde el conjunto da un tono violáceo. Jourdain y Rey dan para 100 huevos un promedio de 22,56 x 16,24 mm. con un máximo de 24,8 x 16,3 mm. y un mínimo de 21,2 x 15,3 mm. Verheyen para 100 huevos colectados en Bélgica da una media de 18,5 x 13,6 mm. y Niethammer para Alemania da en 64 huevos un promedio de 18 x 13,6 mm. En la Península Ibérica para 10 huevos se obtuvo una media de 18,1 x 13,4 mm. Ambos sexos incuban alternándose, pero la hembra parece ocupar el nido por la tarde y no lo deja hasta la mañana siguiente. El macho acude al nido a cebarla con relativa frecuencia. Muchas veces se acerca a él, pero no se sienta y solamente mira desde lo alto del carrizo, abriendo el pico la hembra ¿amenazadoramente? hasta que el macho se aleja. La incubación dura 12 días desde la puesta del último huevo. Jourdain da 14-15 días y Verheyen 11-13 días. Los jóvenes al nacer carecen completamente de plumón y tienen la boca amarilla con los dos puntos oscuros de la base de la lengua muy conspicuos y típicos de Acrocephalus. Los pollos salen muy pronto del nido, a los 12 días y si se les molesta o hay fuerte viento o lluvia, pueden caer del nido a los 9 ó 10 días. Son entonces colicortos y no vuelan hasta por lo menos los 16-18 días. Una sola cría parece normal.

El Carricero Tordal es un pájaro muy querencioso de los lugares donde ha nacido o desarrollado su primera nidificación y vuelve a una pequeña marisma, carrizal o márgen de canal o río durante años si sobrevive. Su territorio es extraordinariamente pequeño si atendemos al tamaño del pájaro y a su apariencia de ave potente y pendenciera. En España no menos de 1.135 carriceros tordales fueron anillados hasta 1972 y ha habido como consecuencia numerosas recuperaciones en el mismo lugar del anillamiento en años siguientes.

La especie se reproduce abundantemente por toda Europa salvo en Escandinavia donde es muy local Islandia y Gran Bretaña e Irlanda. Llega a Iberia a últimos de marzo, sólo muy pocas aves, y, más corrientemente, empiezan a escucharse con intensidad a partir de abril. La gran caída de migrantes en el norte de la Península se produce en la primera semana de mayo.

Inverna muy extendido por Africa Tropical y por debajo de la línea ecuatorial. Moreau (1972) cita a este pájaro como abundante en Senegal, Costa de Marfil, Togo en lugares secos muy lejos de medios acuáticos según Douaud, 1957, Nigeria donde es muy común en invierno en el sur del país en márgenes de cursos de agua con arbustos y hierba alta, Tchad, Zaire, Katanga, Zambia y Rhodesia. Allí los carriceros se establecen y defienden un territorio con canto tan intenso como en primavera a su llegada a Europa. Aquí llega tarde normalmente. El grueso de los migrantes alcanza Centroeuropa en la mitad de mayo. En los oasis del norte del Sahara (Dupuy, 1970) se ve abundante a partir de últimos de marzo, pero el paso no se interrumpe hasta finales de mayo.