CARRACA (Coracias garrulus)

                     Fotografía: José Luis García Larred

 

 

 

 

Al Orden Coraciiformes pertenecen pájaros que destacan mucho por la brillantez de sus colores, a menudo también por colas largas, crestas y picos grandes y fuertes. Entre ellos algunos encuentran su alimento en el agua (Alcedinidae), otros en el aire (Meropidae) y los más en la tierra (Upupidae) o en los árboles. La mayoría hacen sus nidos en agujeros de los árboles o excavando túneles en la tierra. Todos nos recuerdan el exotismo propio de los Trópicos. Además del Martín Pescador Alcedo athis, la Abubilla Upupa epops y el Abejaruco Común Merops apiaster, en Iberia se reproduce la Carraca,Coracias garrulus. La cabeza y el cuello tienen color azul celeste a menudo variable entre azul pálido y azul verdoso. La espalda y plumas escapulares son castaño claro, el obispillo, parte de la espalda, los hombros y las cobertoras pequeñas tienen un color netamente morado que destaca mucho cuando el pájaro despliega las alas y en reposo se ve como una línea de aquel color. Las plumas primarias y secundarias de las alas tienen un tono muy oscuro entre marrón negruzco por encima y morado por debajo. El resto de las alas es azul verdoso. Las partes inferiores varían desde el mentón pardo blancuzco, la garganta y lados del cuello verde azulado con un ligero rayado claro hasta el pecho y el vientre verde azulado más pálido. La cola es larga y cuadrada y la pareja central de rectrices es totalmente de color pardo verdoso y el resto de ellas pardo negruzco con los extremos verde azulado muy claro, casi blanco excepto en las puntas de las exteriores de cada lado que son negruzcas y se notan mucho sobre todo cuando el pájaro despliega la cola al posarse o entrar en el agujero del nido. El pico es fuerte relativamente largo, pardo negruzco y ligeramente ganchudo en la punta; las patas y pies son amarillentos y los ojos pardo pálido, pero quedan confundidos por una raya negruzca que partiendo de la base del pico los atraviesa y continúa unos milímetros hacia atrás. Cuando la Carraca está posada solamente se destacan dos colores, el castaño claro de su dorso y el tono general azulado del resto del plumaje. Es al volar cuando se pueden apreciar bien los diversos matices y sobre todo el destacado color morado de parte de las alas y obispillo. Ambos sexos tienen el plumaje similar; las carracas jóvenes son más pardas en la cabeza y cuello y la coloración general del dorso es más apagada; la garganta y el pecho están teñidos con pardo y el tono general no posee aún la brillantez de los adultos. Antes de que las jóvenes muden su plumaje entre julio y noviembre el desgaste de las plumas del pecho las hace parecer punteadas de blanco.

La Carraca es muy dada a caminar por el suelo donde salta o brinca pesadamente, pero prefiere mantenerse a la expectativa posada en un poste, sobre la rama extrema de un árbol, en un hilo de teléfono o de la conducción eléctrica, sobre un pedrusco colocado en un tejado para sujetar las tejas contra el viento, en el suelo en una gran piedra o prominencia, en un arbusto con pocas hojas, etc. Casi nunca se posa en estos sitios erguida sino que está como sentada en ellos con los tarsos flexionados bajo el cuerpo y con el plumaje a menudo inflado, dando la sensación de muy poca actividad. Sin embargo, y a despecho de esta aparente pereza, se lanza con rapidez y en hábil pirueta sobre cualquier insecto volador que pasa a su lado, capturándolo fácilmente y volviendo al mismo posadero donde permanece por mucho tiempo si no se la molesta. Durante la cría las parejas están diseminadas, pero en lugares favorables para la nidificación por la abundancia de árboles con agujeros, corteza desprendida o grietas y edificios ruinosos, pueden concentrarse unas cuantas parejas que dan al lugar apariencia de estar ocupado por una colonia de carracas. Antes de la cría vagan solitarias o en parejas y en el comienzo del celo vuelan muy a menudo entre rama y rama de los árboles, recordando entonces una actitud similar del Arrendajo Garrulus glandarius. A partir del mes de julio las carracas jóvenes se concentran en bandos y su presencia es entonces muy notoria por toda la campiña. El vuelo es boyante y con frecuencia muy recto con ocasionales y espaciados planeos. Su aspecto compacto queda desmentido al verla volar con tanta facilidad. Es especie tímida que normalmente no permite la aproximación, pero muchas se vuelven extremadamente, mansas y siguen al hombre que trabaja en la tierra, observando todos sus movimientos conocedoras de la posibilidad de que algún insecto quede al descubierto. A veces cazan sobre campos llenos de grillos, volando a baja altura y lanzándose en picado sobre ellos.

La voz de la Carraca no es precisamente agradable y a ella debe su nombre. Emite un sonido repetido, ronco y de bastante alcance ¡¡rrok-rok-rrok!! que resulta inconfundible y puede tener ligeras variaciones hasta un alto y fúnebre grito ¡¡kraa!!

Aunque es pájaro que prefiere los bosques no muy espesos de árboles caducifolios y de coníferas, sobre todo durante la reproducción, también es visto en campo abierto a menudo en lugares poblados por arbustos bajos y caza sus presas en zonas terrosas y de vegetación herbácea rala. En el centro de Iberia es frecuente encontrarla en pinares abiertos próximos a ruinas o viejos edificios donde puede anidar. Ferguson-Lees (1963) escribe que en el norte de Europa depende mucho de zonas ocupadas por árboles viejos en los que encuentra agujeros hechos por pájaros carpinteros sobre todo de Pito Negro Dryocopus martius y de Pito Real Pinus viridis. Los agujeros son a menudo tan pequeños que las carracas tienen enorme dificultad para entrar y salir de ellos, quedando a veces como presas y estropeando considerablemente su plumaje en su forcejeo por librarse. El ornitólogo inglés England (1963) refiere sus experiencias con esta especie en una pequeña colonia de carracas situada a 130 km. al norte de Madrid en un bosque de Pinus pinaster. Esta pequeña área arbolada es sólo una parte reducida de un bosque de pinos de considerable extensión, aunque separada de él por grandes campos. Los pinos son sangrados para obtener la resina y esta industria ha tenido un gran efecto ecológico en los bosques a causa de qué las cicatrices dejadas en la madera, al desarrollarse los árboles crecen también aquéllas con lo que facilitan la nidificación de numerosas especies que lo hacen en agujeros y grietas. De este modo los viejos agujeros fueron allí ocupados por carracas, abubillas, gorriones chillones, cuatro especies de páridos y una de Agateador Común (Certhia brachydactyla). En 1961 por lo menos 6 parejas de carracas ocupaban aquella pequeña zona, y tres anidaban en agujeros de Pito real a 3, 4 y 12 metros de altura.

La alimentación de la Carraca se basa gran parte del año en materia animal, siendo los insectos su presa principal, capturados sobre todo en el suelo, donde los atrapa de forma que recuerda similares actitudes de los alcaudones Lanius spp. Jourdain cita sobre todo coleópteros (Carabus, Harpalus, Scarabaeus, Melolontha, Curculio, etc.,), ortópteros (Saltamontes y grillos), dermápteros (Forficula), dípteros, himenópteros. También pequeños lagartos, escorpiones, pájaros y ranas. En el otoño y a menudo al comenzar la emigración come uvas, higos y otras frutas. En el norte de Europa la reducción de esta especie se relaciona (Durango, 1946) con la disminución de saltamontes y escarabajos por toda la campiña como consecuencia de la cada vez mayor utilización de plaguicidas.

La llegada a la Península Ibérica no es anterior a abril. Los grupos más numerosos empiezan a verse a partir de la mitad del mes. Pronto comienzan los pájaros a perseguirse unos a otros por entre el ramaje de los árboles y realmente que es un espectáculo curioso por la brillantez de sus colores y por las acrobacias que el macho realiza en el aire, después de elevarse a una altura considerable, desplomándose y girando sobre sí, «rizando el rizo» y lanzando un sonido extraño. Una vez formadas las parejas, casi siempre en los últimos días de abril cuando aún muchas carracas no han llegado a Iberia, macho y hembra se posan juntos y cantan (?) a dúo de manera regular, emitiendo su voz de forma alterna 6-8 veces, terminando con un rápido y repetido ¡¡rook-rook!! lanzado por el macho. A propósito de esta observación, England no está seguro de que los pájaros que se posan juntos y cantan a dúo, sean de distinto sexo y bien pudiera tratarse de machos rivales. Durante sus rápidos vuelos por el bosque todos visitan y se asoman a los numerosos agujeros que hay en los árboles hechos en temporadas anteriores o en el invierno por el Pito real, pero a menudo ninguno de ellos es luego escogido para anidar.

Aunque el lugar habitual para hacer la puesta de los huevos es el fondo de un agujero en un árbol viejo, también utilizan otros en muros, taludes y ruinas de muros viejos de piedra suelta. Excepcionalmente se citan en nidos de Paloma Torcaz Columba palumbus y de Urraca Pica pica (Jourdain, 1940). En el agujero colocan muy poco material o éste falta completamente y es sustituido de forma casual por el serrín de la madera y trozos de ella podridos, junto con alguna pluma, pelos y poca hierba seca. La puesta normal es de 4 huevos, muy a menudo 5 y se dice que 6 y 7 también se han encontrado. Son de color blanco sin manchas ni puntos, muy brillantes y de forma notablemente esférica. Goebel para 208 huevos obtuvo un promedio de 35,44 x 28,23 mm. con un máximo de 39,5 x 31,5 mm. y un mínimo de 32 x 26 mm. Las primeras puestas comienzan a encontrarse desde los primeros días de mayo y hay alguna observación en la última semana de abril, pero esto no parece ser muy frecuente. Los huevos son dejados con intervalos de 48 horas y cuando las carracas comienzan a incubar antes de completar la puesta, situación que se da algunas veces, los pollos nacen escalonadamente y en los nidos se nota considerable diferencia en su desarrollo. No está claro el papel que el macho representa durante la incubación. Cuando la hembra sale a comer es sustituida por el macho, pero la permanencia de éste dentro del nido dura muy poco y la evidencia de que incube también, no lo es tanto. A los 19 días nacen los pollos que carecen completamente de plumón. Ambos adultos los alimentan con grandes insectos, sobre todo grillos comunes, escarabajos de San Juan, abejas y ocasionalmente con pollos recién nacidos de otras especies de pequeños pájaros (England, 1963). Después de salir del nido las jóvenes carracas, los ornitólogos pueden encontrar en él un regular número de pequeñas piedras que, sin duda, fueron llevadas allí por los adultos durante la cría. Cuando los pollos comienzan a emplumar, pronto se asoman fuera del agujero en demanda de alimento y resultan tan chillones y lo hacen tan continuadamente que sus gritos pueden ser escuchados a considerable distancia. A los 27-29 días dejan el nido y se posan en las ramas de los árboles donde son alimentados por los adultos que se ven y desean para atender a tan voraces comensales. Estos ya lanzan sonidos muy parecidos a los habituales de carracas adultas. Solamente efectúan una puesta durante la temporada.

En Europa la Carraca se reproduce localmente en el sudeste francés, Italia (rara en el Norte), Córcega, Cerdeña, los Balcanes, Alemania oriental, Polonia, sur de Suecia, Estonia, Rusia y sudoeste de Siberia. En el Noroeste de Africa (desde Marruecos a Túnez) cría la misma subespecie garrulus que lo hace en la Península Ibérica. Aquí es pájaro no excesivamente abundante, pero que enmascara su no demasiada numerosa población al hacerse muy notorio por todo su ámbito, posado al descubierto y volando en zonas libres de arbolado donde su color y gran tamaño llaman en seguida la atención. Falta completamente en el Norte y su límite septentrional parece ser el valle del Duero al Oeste y el del Ebro al Este. En éstos su población parece ya limitada a esporádicas parejas y grupos de ellas anidando localmente. Se nota cierta expansión hacia la zona Cantábrica y de hecho se han realizado capturas en Santander y Asturías, pero probablemente se trataba de dispersión postnupcial en unos casos y en otro (captura en mayo en un bosque asturiano) descarrío en la migración primaveral. Las primeras carracas que llegan a nuestras costas del Sur lo hacen a partir de la segunda semana de abril. Antes se ven de forma esporádica. A partir del día 10 la arribada es ya continua y hay una notable llegada entre los días 15 y 25, bajando algo a finales de mes y no cesando hasta el 10-12 de mayo. A partir de julio se ven grupos de carracas dispersos por todo el centro y sur de Iberia y como es pájaro que emigra de día y tiene que alternar sus vuelos con la caza de insectos y una no escasa dieta de frutas, se hace muy notorio, sobre todo en los primeros 15 días de agosto. Rara vez se ven carracas en los campos sureños después del 10 de septiembre y aún antes puede decirse que son escasas las retrasadas.

Los datos que existen no permiten delimitar la zona de invernada en Africa de este pájaro (población ibérica), pero recogiendo la información publicada por Moreau (1972) hay que convenir con este naturalista que no es razonable limitar los cuarteles de invierno al este y sur de Africa donde sin duda invernan las carracas que se reproducen en Europa oriental y Asia. En el otoño se observan grupos volando hacia el Sur a lo largo de la orilla occidental del Lago Tchad y algunas alcanzan el sur de Nigeria. Más al oeste no había evidencia de carracas europeas excepto la cita que se refiere a una piel que pertenece a un pájaro que se dice fue capturado en Gambia.