BUITRÓN (Cisticola juncidis)

                             Fotografía: Jordi Vives Soler

 

 

 

 

 Uno de los pájaros más pequeños de la Península, el Buitrón Cisticola juncidis es un pájaro típico de la campiña húmeda española, que se descubre por su canto y vuelo ambos inconfundibles y que llaman en seguida la atención de los observadores.

Macho y hembra son indistinguibles por el plumaje. El dorso es pardo, rayado de negro y alguna línea blancuzca, incluso en la cabeza. La parte posterior del cuerpo debajo de la cola es pardo ante rojizo y la corta cola es redondeada, con las rectrices centrales marrón oscuro casi negro, las rectrices medias uniformes en la coloración y las externas con la punta blanca y una banda subterminal negra. Las partes inferiores son blancas teñidas de amarillento o pardo claro, sobre todo en los flancos. El pico es fino, relativamente largo y ligeramente curvado hacia abajo, pero lo suficiente para que lo apreciemos en seguida al ver el pájaro a media distancia. Es oscuro por encima y blanco amarillento debajo. Las patas son de color pardo claro y el iris marrón. El macho tiene la cavidad bucal en primavera de color violáceo y la hembra amarilla en toda época.

Los jóvenes se parecen a los adultos, pero son más oscuros y rojizos en el dorso. Las rectrices medias de la cola sobresalen de las demás varios milímetros.

A pesar de que el Buitrón abunda en toda la Península Ibérica, no son muchas las personas que habitualmente se fijan en este pequeño pájaro y muy pocas conocen algo sobre sus costumbres. Normalmente es muy escondedizo fuera de la época de la reproducción y sólo el macho a partir de febrero vuela al descubierto, emitiendo su canto típico e inconfundible. Desde los últimos días de septiembre en adelante rara vez se le oye cantar y en pleno invierno ocasionalmente lanza al ser levantado de entre la vegetación un débil ¡¡sit!! Cuando se posa en lo alto de un arbusto, muy a menudo sobre un carrizo, un junco o la hierba alta de un prado, no permite la aproximación del observador y rápidamente se oculta con la agilidad de un ratón o vuela lejos alarmado, «calándose» en seguida entre la hierba o los arbustos. Vive en praderas húmedas, campos con extensas o desperdigadas junqueras, carrizales de Phragmites y Typha, lugares llanos secos, pero con matojos o plantas arbustivas diseminadas aquí y allí. En el Norte se ve en prados, a menudo lejos del agua o de zonas húmedas. Rehuye bosques y zonas montañosas.

El Buitrón cuando vuela alto acompañándose con su típica voz lo hace en forma «danzante», elevándose y descendiendo, con frecuencia sobre una misma vertical o más corrientemente cuando está alarmado, porque nos aproximamos al nido o a su pequeñísimo territorio, vuela circularmente a buena altura sobre nuestras cabezas. Es curioso que a pesar de que no deja de lanzar su canto resulta a veces dificil distinguirlo contra el cielo, tan diminuto es y a tanta altura se eleva, 20-30 metros generalmente. Cuando se descubre posado en un arbusto, recuerda a un Chochin Común Troglodytes, sobre todo en el movimiento de la cola que agita alarmado y a menudo despliega en abanico. También la lleva así cuando vuela, acompañando los batidos de sus cortas y redondeadas alas con cada sílaba de su canto. Observándolo con los prismáticos, desde lejos, en seguida se nota su plumaje pardo rojizo densamente rayado y los movimientos de la cola. Al «calarse» entre la hierba o los arbustos lo hace desplegando la cola durante un instante.

Los machos cantores son más fáciles de observar puesto que son ellos los que atraen en seguida nuestra atención. Las hembras, muy escondedizas, sólo de forma ocasional salen al descubierto. Entonces se las puede ver inmóviles sobre el extremo de una rama o hierba con la cabeza vuelta hacia un lado e incluso hacia atrás y permiten la aproximación hasta una distancia de 12-20 metros.

Su canto es monótono y consiste en una simple nota repetida incansablemente ¡¡tzit, tzit, tzit...!! a intervalos de medio segundo en vuelo danzante o también desde un posadero, normalmente sobre el tope del poste de una cerca, sobre la rama de un arbusto, una hierba alta o cualquier otro lugar estratégico desde el que el pájaro pueda dominar el terreno. Si su territorio está atravesado por hilos de conducción eléctrica, canta posado en ellos, con frecuencia por periodos muy largos. Cuando el pájaro está alarmado o se excita ante la presencia de un perro o un gato repite rápidamente un ¡¡tsiptsip-tsip...!! También es curioso el movimiento de cabeza que efectúa al cantar desde un posadero, girándola a un lado y otro, como si no quisiera perder de vista lo que sucede a su alrededor. Muy frecuentemente el canto termina con la emisión de varias notas cortas repetidas con rapidez ¡¡plick-plick-plick!! entre tres y doce veces. También mientras canta desde un posadero puede interrumpirse por un corto período y antes de reiniciar el canto emite estas notas cortas y duras. Si al terminar, se lanza hacia el suelo, se le oye un ¡¡plickplick-plick!! más amortiguado.

Vuelo con canto fuerte que indudablemente el pájaro emite sobre un territorio determinado, ya se escucha en la mitad de febrero. Pero es más frecuente a partir de los primeros días de marzo. En zonas del Sur y Levante estas fechas son normales, pero en el Norte el tiempo lluvioso o menudo acompañado de vientos fuertes en marzo, suele retrasar algo el canto. No obstante, los pájaros se preparan ya para anidar en la primera quincena de marzo. Los machos vuelan incansablemente sobre su pequeño territorio, dejándose caer repentinamente en picado sobre un lugar próximo al posadero de la hembra a la que persiguen en vuelo rápido y zigzagueante por entre las plantas de juncos, los carrizos y otros arbustos.

Si el canto de este pájaro es un rasgo distintivo que resulta inconfundible a la hora de identificarlo, no lo es menos el complicado nido que los machos comienzan a construir, agrupando y entrecruzando hierbas y plantas palustres, y otras gramíneas para formar con ellas vivas, lo que pudiéramos considerar como un soporte a una altura que varía, pero que muy a menudo no es superior a 30-40 cm. del suelo. Las hierbas están entrelazadas también con hilos extraídos de los capullos donde las arañas ponen los huevos, que pasan a través de algunas hierbas a las que previamente han hecho un agujero con el pico. Como las telarañas son adherentes, pronto queda hecha una sólida estructura que la hembra y a veces el macho, completan con fibras vegetales ligadas interior y exteriormente con telas de araña. En el fondo del nido, muy espeso, hay además fragmentos de hierbas secas, tallos y hojas de carrizo. Sobre esta capa vegetal la hembra acumula otra de inflorescencias secas de Phragmites e incluso de plumón de Sauce. Una vez terminado tiene casi la forma de una «bota de vino» o de frasco ovoidal con el centro de la base muy ensanchado. Es realmente pequeño, no sobrepasando su altura los 15 cm. ni su anchura 6 cm. Los primeros que se ven en marzo y abril son construidos en la parte alta de la vegetación y las hierbas y plantas que continúan creciendo pronto los ocultan completamente. Nadie piensa entonces que aquella masa blanquecina de telarañas y hierba pueda ser el nido de un pájaro. La entrada está normalmente en la parte superior y situada un poco lateralmente, no teniendo el nido una verticalidad total, sujetándolo los pájaros ligeramente inclinado para evitar que el viento y la lluvia causen daños en el interior. La operación de construir el nido dura entre 8 y 10 días.

La puesta de los huevos puede comenzar en lugares favorables y en meses de final de invierno con temperaturas altas, a primeros de marzo. Muchas se encuentran ya a finales de este mes, pero la mayoría, sobre todo en el Norte, en los 15 primeros días de abril. Tiempos lluviosos, tan frecuentes en abril, pueden retrasar considerablemente la construcción

del nido y consiguientemente la puesta. Muchas de estas se malogran todos los años y pueden encontrarse con relativa frecuencia pollos muertos de frío al que este pequeño pájaro parece ser muy sensible. Los huevos tienen un color muy variable. Los hay blancos, rosa pálido, traslúcidos, verdosos y azules y son tan finos de cáscara que cogerlos para medirlos es de suyo una operación delicada. Algunas puestas son de huevos azulados y con frecuencia tienen manchas o puntos difuminados o muy oscuros marrones o negruzcos. Normalmente ponen 4-5 huevos en la primera puesta y raramente 6. En las siguientes son frecuentes 3 huevos solamente. Pone diariamente hasta completar la puesta y únicamente la hembra incuba, permaneciendo el macho siempre cerca. Las dimensiones medias de los huevos son 15,5 x 11,5 mm. con extremos de 14 x 10,2 mm. y 17,7 x 12,9 mm. A los 12 días desde la puesta del último huevo, nacen los pollos que son alimentados por ambos adultos con insectos y arañas. A los 9-10 días ya asoman por el agujero en demanda de comida, saliendo regularmente a los 13 días y no volando hasta los 16, aunque todavia con dificultad. En estos dias andan ocultos entre la hierba como ratones y allí son alimentados. Tres puestas son normales. La primera en abril, la segunda en junio, normalmente en la primera semana y la tercera en agosto, casi siempre a finales de mes. Para esta ultima usan el nido de la anterior. Rara vez cría en septiembre. Robert y Bellard (1975) citan casos de poligamia bien comprobados por ellos en las parejas que anidan en las costas de la Bahía de Somme (Francia del Noroeste), pero este hecho, no improbable, requiere un mayor estudio y hasta ahora no se había observado esta situación en Europa.

Este pájaro es insectívoro, pero tampoco desdeña pequeñas semillas de plantas palustres. Cuando se mueve entre los juncos, busca con frecuencia las arañas y desde luego nunca coge una telaraña para hacer su nido sin antes comer a su propietaria. Los insectos son capturados entre la vegetación y en el suelo bajo ella, rara vez al aire.

La especie Cisticola juncidis ocupa extensas zonas del sur de Asia y Africa, siendo en Europa eminentemente mediterránea, salvo en Francia donde la repetición de consecutivos inviernos de temperaturas suaves ha favorecido su expansión hacia la costa Atlántica, probablemente de buitrones originarios de la Península Ibérica. En Iberia cría en casi todas las regiones con notable densidad en la costa levantina, viviendo en la Albufera de Valencia y otras zonas incontables parejas. También en el Sur es muy abundante. En el Norte mantiene una buena densidad, en alza probablemente al persistir los inviernos con temperaturas suaves, aunque este pájaro no es estrictamente sedentario en la zona Cantábrica. Dada la orografía de la zona Cantábrica y teniendo en cuenta que la especie rehuye montañas y bosques, el Buitrón nidifica actualmente con regularidad en toda la costa Cantábrica y Atlántica, tanto en los biotopos que se han considerado siempre como apropiados para este pájaro, como en otros menos húmedos, praderas y pastizales con frecuencia alejados del agua, probablemente empujado por el creciente drenaje de aquellos habitats y por la gran densidad que esta especie ha alcanzado en muchas zonas donde antes era escasa o prácticamente desconocida.

En casi todo su habitat en Iberia el Buitrón es sedentario, pero sujeto en parte a trashumancias de finales de otoño. El mismo flujo parece sensible en agosto y septiembre. Faltan, sin embargo, datos más concretos referidos a capturas de pájaros anillados que nos permitan determinar si estos buitrones proceden de la fluctuante población francesa de las costas de Vendee, Charente Maritime y sur de Bretaña (Quiberon y Brest).

Como el pájaro permanece casi mudo a partir de octubre hasta febrero, resulta difícil poder detectar la población invernante. De las observaciones y estudios realizados hasta ahora, parece deducirse que es migrador parcial en Asturias, Cantabria, País Vasco y Galicia, aunque teniendo en cuenta también su carácter escondedizo y lo dicho antes sobre la falta de voz en parte de los meses de otoño e invierno, es necesario continuar el estudio y observación en esas épocas para mejor determinar su situación real. Lo que está bien confirmado es que muchos permanecen en el Norte para invernar. Prueba de ello es que un duro invierno trae como consecuencia una drástica disminución de las parejas que anidan la primavera siguiente, desapareciendo prácticamente en lugares donde fue abundante sólo un año antes.

En el sur de Iberia hay datos de L.athbury (1970) quien observó en la zona próxima a Gibraltar un regular y acusado movimiento otoñal de buitrones, y mucho menor en primavera. Para él estas fluctuaciones en el número de ellos presentes allí indicaba un paso irregular a través del Estrecho hacia y desde el norte de Africa. Aquí se reproduce en buen número de parejas en las marismas litorales: Muluya, Tetuán, Ceuta, etc. y siendo especialmente común en las marismas del Lucus y del Rharb (Balsac y Mayaud, 1962). Al sur de éste habita toda la zona litoral hasta Mogador, siendo raro o faltando completamente más al Sur. Como en Marruecos es abundante en los lugares citados se han observado allí pequeñas invasiones de buitrones en viveros de Eragrostis curvula, probablemente para capturar insectos parásitos que se acumulaban sobre los tallos de las plantas. También es digno de destacar lo observado por Brosset en Marruecos oriental. Las parejas reproductoras se agrupaban por territorios y el grupo entero podía cambiar de un lugar de nidificación a otro, probablemente por una razón ecológica. Las capturas de buitrones en buques que navegan por alta mar resultan siempre sorprendentes a la hora de valorar descarríos por nieblas costeras, vientos fuertes o quizá posibles migraciones de este pájaro. Uno fue recogido vivo el 14 de marzo de 1961 a bordo de un buque que navegaba a 350 km. al Oeste-Noroeste de Casablanca (Marruecos) y a 400 km. al Sudoeste de Cabo San Vicente (Portugal). Otro, también lejos de Cabo San Vicente, llegó a un buque el 30 de julio de 1964, junto con otros pequeños pájaros migradores.

Ya se señalaba antes la importancia que tienen en la supervivencia de esta especie y en su expansión la continuada sucesión de inviernos con temperaturas suaves. Sin duda la gran expansión que el Buitrón ha experimentado en todo el norte de España en los últimos 12 años hay que atribuirla a aquella causa. Su densidad es ahora alta y un sólo invierno duro no mermaría su población, pues el poder de recuperación es muy grande en base a una alta natalidad. El Buitrón es un pájaro popular en gran parte de España y en el Sur se le da el nombre de Tin Tin, onomatopeya de su canto.