BUSCARLA PINTOJA (Locustella naevia)

 Una de las especies más difíciles de observar de nuestra avifauna es, sin duda, la Buscarla Pintoja Locustella naevia. No obstante, su extraño y monótono canto pronto descubren su presencia y por él conocemos la fecha de su llegada a Iberia y calculamos más o menos cuando nos deja en el otoño.

El plumaje de las partes superiores es pardo oliváceo con ligeros matices amarillentos en algunos pájaros y muchas rayas anchas formadas por el centro negro de las plumas. Estas rayas están muy atenuadas o casi faltan por completo en el obispillo que aparece como más uniformemente coloreado. La cola es redondeada y graduada de forma que las rectrices centrales son notablemente más largas que las exteriores. El mentón y la garganta blancos son conspicuos. No existe banda superciliar y atendiendo a la coloración del resto de las partes inferiores la especie es dimórfica. Unas son blancuzcas por debajo y otras amarillentas sin que ello tenga relación alguna con la edad o el sexo. Los lados del pecho están teñidos de beige o pardusco y a menudo hay una banda de puntos pardos a través de la parte baja de la garganta. Los flancos y las plumas infracobertoras de la cola son beige pálido. Bannerman (1954) escribe que un rasgo que no hay que olvidar a la hora de identificar este pájaro por el plumaje, es el rayado de las plumas debajo del nacimiento de la cola y que no son tan invisibles en el campo como pudiera pensarse, ya que esta pequeña Buscarla tiene el hábito frecuente de elevar la cola. El pico es pardo oscuro con la base de la mandíbula inferior pardo amarillenta. Las patas rosadas y el iris de los ojos pardo.

Locustella naevia es especie sorprendente en sus acciones. Tenida por muy tímida y esquiva, en numerosas ocasiones y mientras canta con fuerza, como sentada en el tope de un arbusto, con la garganta blanca inflada, moviendo la cabeza lentamente a derecha e izquierda y la cola desplegada, permite que se acerquen cerca de su posadero. Walpole-Bond (1938) encontró algunos ejemplares tan mansos que permitían mayor acercamiento a los nidos. Su hábitat principal en Iberia está constituido por campiña abierta, con preferencia por laderas con arbustos, monte bajo y casi siempre lejos de arbolado. Zarzas y tojares constituyen su biotopo favorito. Se observa a muy variada altitud desde la misma orilla del mar hasta acebales a 1.500 metros. Permanece bien oculta entre la vegetación y a veces se la puede ver corriendo a lo largo de ramas de arbustos más como un ratón que como un pájaro. Lo hace con extraordinaria agilidad y cuando se encarama sobre el tope de un arbusto o una caña para cantar, sube por ella sin la menor dificultad, ni siquiera necesita abrir las alas. Vuela aparentemente muy poco. Todo lo más, si es sorprendida en un arbusto aislado, lo hace con rapidez y en vuelo directo para calarse en picado o introducirse sin pensarlo entre las ramas del más próximo. Muy pocas veces vuela al descubierto largas distancias. Cuando canta y se trata de aproximarse mucho, inmediatamente para de cantar, observa y se cala en el arbusto, desapareciendo. Alejándose, vuelve al mismo posadero y nuevamente canta, sobre todo en época de cría y mientras la hembra está incubando. Es curiosa la experiencia de Walpole-Bond cuando describe la actitud de este pájaro que el tanto observó: al asustarlo de su posadero o pequeño matorral vuela a baja altura hasta el más próximo, generalmente a sólo unos pocos metros, a veces uno sólo y como mucho 50-60 metros. Cuando volaba a ras del suelo le parecía que la Buscarla trataba de correr por el aire.

El canto de la Buscarla Pintoja es un trino continuado, muy sostenido, emitido en tono alto que se escucha a gran distancia y que puede durar sin interrupción hasta algo más de 2 minutos, pero a menudo no sobrepasa de 30-45 segundos. El sonido producido se ha comparado con el que produce el carrete de una caña de pescar o un motor que se oyera en la lejanía. Es más agudo y penetrante que el similar de la Buscarla Unicolor Locustella luscinioides. En condiciones favorables con atmósfera cargada de humedad y próxima lluvia puede escucharse desde una distancia de 400-500 metros, pero normalmente a no más de 250 metros. Días ventosos producen un curioso efecto de «ir y venir» la voz en lo que indudablemente ayuda la costumbre del pájaro de dirigir el pico abierto a uno y otro lado, girando lentamente la cabeza. Una ligera vibración se observa en su cuerpo, pero no siempre. A menudo, si está alarmada y canta con menos vehemencia, permanece inmóvil observando al intruso sin dejar de cantar. No siempre canta al descubierto. A veces lo hace oculta entre las ramas y muy a menudo a baja altura. Otras se oyen cerca del suelo y, presumiblemente, lo hace muy cerca del nido. También puede cantar mientras se mueve entre la vegetación y su sonido se escucha, hora de un lado, hora del otro del matorral. Aunque Walpole-Bond insiste en que su canto fuera de la época en que los pájaros están en plena incubación o ceban pollos, es casi exclusivamente emitido de noche, se asegura que en el norte de Iberia canta a cualquier hora del día y en cualquier época desde que llega en marzo hasta que marcha en agosto y septiembre, si bien en estos últimos meses lo hace sólo ocasionalmente. Al amanecer y sobre todo en las primeras horas de la noche su canto se hace insistente. La mejor manera de conocer el número de parejas que anidan en una determinada ladera de colina, montaña o monte bajo, es prestar atención a partir de la caída del sol. Normalmente los machos no cantan a mayor distancia del nido de 30-50 metros y a menudo mucho menos, incluso prácticamente encima de él.

Las hembras suelen llegar unos días más tarde que los machos, pero es difícil decir cuántos si tenemos en cuenta que su voz, ocasional, es muy débil y corta. Quizá la mejor muestra de la llegada de las hembras nos la dé el macho lanzando con frecuencia entre las ramas del arbusto un continuo y breve ¡¡ui!! ó ¡¡tuit!! que recuerda a una de las tres sílabas del canto de la Codorniz Común Coturnix coturnis. Ambos, macho y hembra alarmados cerca del nido, lanzan breves y sordos ¡¡tek, tek!!

El celo y la representación del cortejo por el macho ante la hembra no son precisamente espectaculares y resultan ser ceremonias breves y vulgares en el mundo de los pájaros. Los machos vuelan hacia arriba sólo un metro sobre la mata o arbusto donde se oculta la hembra de forma que, a primera vista, parece como si trataran de capturar un insecto. Luego, cogiendo cualquier objeto, una hoja, brizna de hierba seca e incluso un insecto, se lo ofrecen a la hembra en el pico. Walpole-Bond observó vuelos y planeos de los machos con la cola bien extendida y el plumaje inflado.

La alimentación parece ser completamente insectívora, aunque no se puede descartar quizá una dieta otoñal más rica a base de algún fruto vegetal. También consume una buena proporción de arañas y los pollos son alimentados en el nido y después fuera de él, con una gran proporción de orugas.

En el Norte Ibérico la nidificación comienza casi siempre en los primeros días de mayo. Nidos terminados en la última semana de abril son realmente ocasionales. Ambos adultos construyen el nido en forma de copa con base de hojas secas y abundancia de hierba seca y tallos, forrado en su interior con pelos, hierba muy fina, plumón de Sauce y alguna pluma, pero no siempre. Normalmente está muy escondido en un hueco de la vegetación arbustiva o de la misma hierba, en el suelo o a pocos centímetros de él y, sólo ocasionalmente más alto. Muchos tienen por encima como una cúpula formada por la misma hierba que los hace todavía más invisibles. Incluso, a menudo, se encuentran algunos que para llegar los pájaros adultos a ellos tienen que caminar por un pequeño túnel formado a través de la hierba. Cada puesta consta casi siempre de 6 huevos y muy rara vez 7 y 8. Algunas también se encuentran de 4 y 5. Su color es blanco muy densamente marcados con puntos menudos pardos, violáceos o azulados, corrientemente tantas pecas diminutas hay, que toda la superficie parece de color pardusco o violáceo. Otros tienen la cáscara casi pajiza, también marcada y con mucho punteado en uno de los extremos, sobre todo en el más ancho. Otros presentan delgadas rayitas marrones como hilos, pero son muy pocos los que se ven así marcados. Jourdain para 100 huevos colectados en las Islas Británicas obtuvo un promedio de 18,08 x 13,8 mm. con un máximo de 20,3 x 14,2 mm. y un mínimo de 16,2 x 13,2 mm. Verheyen en 26 medidos en Bélgica encontró una media de 17,7 x 13,4 mm. con un máximo de 18,2 x 14 mm. y un mínimo de 17,1 x 12,9 mm. La incubación por ambos sexos dura 13-15 días y no comienza hasta que la puesta ha sido completada. Los pollos al nacer excepto por un mechón de plumón grisáceo sobre los ojos, otro en la nuca, dos más en las alas, y otro en el centro de la espalda, están completamente desnudos y el color de la piel es amarillento o rosado. El interior de la boca es amarillo con una tonalidad verdosa en la parte más alta. Hay, además 3 puntos negros en la lengua formando un triángulo isósceles con la base más próxima a la garganta. A los 10-11 días están totalmente emplumados y parecen tener un plumaje más oscuro que el de los adultos, más pardo rojizos encima, no tan amarillento-oliváceos. Los dos padres los alimentan con orugas y continúan haciéndolo fuera del nido duran-te 8-10 días más, en la primera puesta sólo por el macho, mientras la hembra se ocupa de una segunda nidificación. Salvo parejas que han perdido el nido por depredación y repiten puesta en junio, la mayoría hacen dos crías en la temporada, comenzando la segunda a partir del 20-25 de junio.

El paso de otoño de la Buscarla Pintoja se hace sensible ya en la primera quincena de agosto, pero no es hasta septiembre cuando pasan la mayor parte y ya el pájaro es raro los primeros días de octubre, salvo en carrizales de la costa mediterránea. Aparentemente, a través del Estrecho de Gibraltar el paso otoñal es escaso. Probablemente muchas buscarlas siguen la línea costera portuguesa y alcanzan el noroeste africano volando sobre el atlántico. Smith (1965) levantó, de arbustos de Salicornia un 1 de octubre en la costa occidental de Marruecos, 17 buscarlas, llegadas allí sin duda el anochecer o en la madrugada anterior. Muchas han sido observadas en paso en varios lugares del Sahara Occidental y hay registros de su presencia en otoño y primavera en el Senegal. Aun más (Moreau, 1972), Roux vio en la costa desértica de Port Etienne (Mauritania) muchas buscarlas a diario entre el 12 de febrero y el 12 de abril. Probablemente la mayor parte de nuestra población de buscarlas pintojas inverna en el Africa Tropical Occidental, presumiblemente en zonas húmedas más al sur del Senegal.

La llegada primaveral en el sur de Iberia está menos documentada. Muchos pájaros indudablemente deben realizar un vuelo sin escalas desde Africa. En el norte de Marruecos se ven escasas y las observaciones son realmente esporádicas.

La Buscarla Pintoja se reproduce en Europa desde el norte Ibérico, Inglaterra e Irlanda al Oeste y sur de Suecia al Norte y por todo el interior del Continente hasta Rusia, sur de Siberia y Mongolia. Falta en los países mediterráneos, siendo local en el norte de Italia y los Balcanes y estando totalmente ausente de Islandia.

En la Península Ibérica ocupa una franja en el Norte desde la parte más septentrional de Portugal y Galicia, siguiendo hacia el Este la Cordillera Cantábrica, bajando poco hacia León y Castilla, pero al Norte hasta la misma orilla del mar. Cría en Navarra, sobre todo en la zona prepirenaica, norte de Aragón, y dudosa su presencia en Cataluña, donde, sin embargo, hay que destacar el hallazgo por Raventós en el Delta del Ebro de varios nidos que por su esmerada construcción hacían presumir se tratara de los de esta especie. Allí el mismo Raventós (Montells, 19 de junio) observó y obtuvo un ejemplar cuya piel se conserva en el Museo de Barcelona. Anteriormente no había más citas allí (Maluquer, 1971) que las de Norman, quien en mayo (día 1) observó 7 ejemplares. Wallace y Sage (1968) la escuchan en la Costa Brava (Estartit) el 22 y 23 de mayo y consideran que se trataba de migrantes en paso primaveral. Cabe, sin embargo, la posibilidad de nidificación en aquélla e incluso en zonas más meridionales, pues biotopo adecuado no falta.