BISBITA CAMPESTRE (Anthus campestris)

 El color pálido del plumaje y su erguida postura identifican pronto al Bisbita Campestre Anthus campestris. Las partes superiores son pardo arenoso rayadas en el píleo y uniformes en el resto, salvo en las plumas cobertoras donde se distinguen bien listas o rayas finas más oscuras. El obispillo no está rayado y la cola, muy larga, es pardo oscura o negruzca en las dos rectrices centrales; las demás tienen bordes estrechos beige y las dos exteriores de cada lado bordes blancuzcos. En conjunto y en plumaje primaveral resulta una tonalidad general por encima beige, apreciándosele en la mano unas ligeras listas oscuras. Sobre los ojos hay también una marcada lista crema claro que nace en la base del pico y llega hasta muy atrás en el píleo. El mentón y la garganta son amarillentos o blancuzcos; el pecho está a veces muy ligeramente rayado, pero normalmente es beige o crema uniforme lo mismo que los flancos; el vientre y las plumas infracobertoras son más pálidos, El pico es pardo oscuro, algo más claro en la mandíbula inferior; las patas amarillentas y el iris de los ojos pardo negruzco. Los sexos son indistinguibles por el plumaje, aunque los machos parecen poseer una coloración más brillante. Los jóvenes tienen el pecho rayado y se les nota bien una bigotera oscura que en algunos adultos está sólo apuntada. También en el dorso son más pardo rojizos y en conjunto resultan poseer un plumaje más oscuro.

La grácil apariencia y ágiles actitudes en el suelo de este bisbita resultan un rasgo importante a la hora de la identificación. Parece más grande y más delgado que los otros, excepto el Bisbita de Richard Anthus richardi con el que puede ser confundido en una rápida observación. Este, sin embargo es más grande y más oscuro con patas también más largas y voz muy diferente.

El Bisbita Campestre es el que más se parece en su conducta y apariencia a las lavanderas. Como ellas, camina y corre por el suelo a gran velocidad. Si está alarmada, levanta y baja la cola y al volar lo hace muy onduladamente y a más larga distancia que otros bisbitas. Se posa siempre al descubierto, pocas veces se oculta entre la hierba, y prefiere lugares con césped o hierba muy corta. Si no es así, se posa sobre una roca o piedra que sobresalga del suelo, en muros, cercas, postes, cables del tendido eléctrico, arbustos, sintiendo gran preferencia por los espinosos y pocas veces en árboles. Se la puede observar en grupos de 3-5 pájaros durante el otoño, pero separados entre si por varios metros y en zona muy apropiada. Normalmente es pájaro de costumbres solitarias y aun durante la época de la reproducción la pareja se ve poco junta. Unicamente si nos acercamos al nido acuden ambos adultos.

Prefiere un biotopo arenoso, con poca vegetación y a menudo con abundantes piedras o cantos rodados. En general se mantiene apartada del agua y prefiere terrenos secos y áridos. También se acerca a terrenos cultivados y rastrojeras, sobre todo en el otoño. Se alimenta fundamentalmente de insectos y sus larvas que recoge siempre en el suelo. No parece comer semillas y Bates señala como alimento importante en el invierno los saltamontes.

Su voz es realmente inconfundible y llama en seguida la atención por su fuerza. Un sonido emitido en tono alto y con cierta aspereza recuerda el mismo de la Lavandera Boyera Motacilla flava. El tono es a menudo variable, pero su poder de transmisión es grande y se oye muy bien aun cuando el pájaro vuele a gran altura. Si está alarmado lanza un agudo y prolongado ¡¡tzirrrp...!! o ¡¡chiiiip!! Canta en vuelo de celo, subiendo en silencio y descendiendo, emitiendo a la vez un alto y monótono, pero musical ¡¡chiuí-chiuí-chiuí...!! notablemente más agudo que el parecido del Bisbita Arbóreo. Normalmente inicia el vuelo desde una piedra o del mismo suelo y también desde un arbusto pequeño para volver a posarse en el mismo lugar si no es molestado. Comienza a cantar en los primeros días de abril en cuanto llega a su territorio de cría y no desciende en intensidad su voz hasta bien entrado el mes de julio.

Anida en el suelo aprovechando una depresión del terreno y casi siempre al abrigo de una planta, una mata o un pequeño arbusto. Su hábitat preferido es el suelo pedregoso de zonas costeras, páramos y montañas y el nido no resulta difícil de descubrir. La hembra construye con hierba seca un nido muy somero, pero bien redondeado, forrándolo por dentro con hierba más fina y pelos. La mayor parte de los nidos están terminados en la última semana de abril en zonas costeras y en montaña algo más tarde. Las puestas son variables entre 4 y 5 huevos y ocasionalmente 6. El color de la cáscara es blanco amarillento o grisáceo, pero siempre muy manchados con puntos, manchitas o motas de color pardo, ocráceo, violeta y a veces negras. Su tamaño es apreciablemente mayor que el de otros bisbitas y Jourdain para 137 huevos, la mayoría colectados por Rey, obtuvo un promedio de medidas de 21,9 x 15,7 mm con un máximo de 23,8 x 16,6 mm. y un mínimo de 19 x 15 mm. Verheyen para 36 recogidos en Bélgica da una media de 21,58 x 15,88 mm. Solamente la hembra incuba por un período de 13-14 días. Harrison y otros ornitólogos admiten la posibilidad de que los dos adultos se alternen en la incubación. Iguales dudas surgen a la hora de comprobar si ambos los alimentan. Los pollos al nacer están cubiertos con un plumón largo y denso de color beige pálido. El interior de la boca es amarillo intenso y no hay puntos oscuros en la lengua. A menudo salen antes de los 14 días del nido, sobre todo si son molestados y muy dispersos entre matas y piedras siguen siendo atendidos durante más de otra semana hasta que son capaces de volar.

El Bisbita Campestre se muestra a primera impresión como especie escasa. Realmente las parejas están muy dispersas en biotopos adecuados. No forma colonias, pero sí hay zonas donde la densidad de parejas es alta. En la Península Ibérica no falta en ninguna región y la densidad es variable. En la zona Cantábrica es escasa en función de falta de biotopos adecuados. En lugares pedregosos hay pocas parejas. Más se ven u oyen en altitudes por encima de los 600 metros, pero nunca abundantes. En el resto de Iberia existen amplias zonas donde el pájaro es casi numeroso y esta situación se da incluso en Baleares. Se le ve en La Mancha en viñedos, campos cultivados, orillas de grandes extensiones cerealícolas y en donde existen matas enanas y plantas xerofitas. Muchas parejas se reparten por la línea costera y en el centro de la Península llega hasta la alta montaña. En la Cordillera Cantábrica, Pirineos y Sierra Nevada se escucha su canto hasta alturas que rebasan a veces los 2.000 metros. A no ser por lo voz, pasa muy desapercibido y es frecuente que al advertir la presencia de observadores en su territorio permanezca inmóvil posado en una roca sobre un fondo que le mimetiza muy bien.

Toda la población europea de este Bisbita es migradora y muchos pasan a través de la Península Ibérica. En primavera algunas se ven ya en marzo costeando por Tarifa (Cádiz). También en las rías gallegas se observan no pocas en los últimos días de aquel mes. En el noroeste de Africa, singularmente en Marruecos, el paso hacia el Norte se acusa y en marzo. Balsac y Mayaud (1962) señalan movimientos ya desde los primeros días de febrero en el Sahara Occidental y otras zonas al borde del gran desierto. En toda la Península Ibérica el paso se aprecia más a partir de la primera decena de abril.

El paso otoñal es asimismo copioso, pero no espectacular. Las observaciones se refieren siempre a grupos pequeños, pájaros dispersos o parejas. Zonas de paso notorio a partir de agosto son ambos extremos de los Pirineos, el Delta del Ebro, costa Cantábrica y sobre todo en la Atlántica de Galicia y Portugal donde se ven ciertamente abundante. Todos los arenales desde Viana do Castelo hasta Huelva, registran desde el 20 de agosto hasta el 15 de octubre el paso de una notable cantidad de bisbitas campestres. El paso por Apota (Guipúzcoa) es muy notable en septiembre-octubre. No parecen tener prisa en sus migraciones y hasta bien entrado noviembre pueden verse por las costas ibéricas. Las llegadas en el norte de Africa se registran con preferencia en octubre después de un notable paréntesis de ausencia allí de estas especies, desde que los nativos abandonan sus zonas de cría a partir de la mitad de agosto. Smith (1965) considera, sin embargo, muy notable el paso otoñal lo mismo por el interior de Marruecos como en su litoral Atlántico desde mediados de septiembre hasta la mitad de octubre, formando a veces bandos de hasta 30 bisbitas.

La invernada transcurre en el Africa Tropical al norte del Ecuador y posiblemente algunos al norte mismo del Sahara. Smith lo ve en el sur de Marruecos en fechas que sugieren posible invernada (primeros de diciembre). Desde Senegal hasta Kenia se observan bisbitas campestres acompañando al ganado que pasta en aquellas áridas tierras e incluso cerca de grandes animales salvajes. En el norte de Mauritania se ven ya en los últimos días de septiembre y Morel y Roux lo descubren en Senegal a primeros de octubre. Estos mismos ornitólogos lo ven común en invierno, sobre todo en enero y febrero. Muchas observaciones de invernada se refieren a Mali, Nigeria, Tchad, etc. Hay una cita que parece excepcional del norte de Rhodesia y que se refiere a un ejemplar capturado en julio. Falta comprobar el lugar donde invernan los bisbitas campestres ibéricos y que Bernis (1971) supone puedan hacerlo en alguna zona del Africa occidental. El anillamiento todavía no ha podido aclarar nada a este respecto.

Anthus campestris habita en casi toda Europa excepto Escandinavia, donde es local en el Sur; falta también en Islandia é Islas Británicas y en el noroeste de Francia. En todas partes tiene una densidad baja y quizá, como sucede en Iberia, sea más abundante cuanto más hacia el Sur.