BÚHO REAL (Bubo bubo)

                              Fotografía: Ralf Nowak

 

 

 

 La más formidable de nuestras aves de presa nocturnas, el Búho Real Bubo bubo, es un gran pájaro de espléndido plumaje y feroz apariencia que ataca a cualquier animal de pequeño o mediano tamaño, encontrándose en sus nidos presas que verdaderamente sorprenden por ser muchas veces especies que, a su vez, son extraordinariamente feroces y peligrosas.

El plumaje de los adultos es pardo leonado, que con determinados reflejos de la luz del crepúsculo parece a veces amarillo dorado, muy rayado de marrón negruzco. Las partes inferiores son pardo amarillento o rojizo con manchas longitudinales casi negras. La garganta es blanca, lo mismo que parte de la cara alrededor del pico y los ojos, formando con el ligero mostacho una clara X. Sobre la cabeza son muy visibles unas plumas hirsutas situadas a los lados, que se han dado en llamar orejas y que junto con los grandes ojos, de color anaranjado vivo que continuamente miran con ferocidad, dan a este pájaro una verdadera apariencia diabólica. Las fuertes patas rojizas están emplumadas hasta los dedos y finamente punteadas de negro. El pico y las uñas son negros. La cola es corta y está franjeada transversalmente de oscuro, lo mismo que las alas. Las hembras son mayores y más corpulentas que los machos y la diferencia puede ser bien apreciada, aun no observando juntos a los dos adultos.

El Búho Real se posa en actitud erguida y durante el día permanece escondido en una grieta de un roquedo, en la rama de un árbol junto al tronco e incluso en el suelo entre la vegetación. A pesar de su enorme tamaño tiene un vuelo ágil y silencioso apoyado en sus grandes alas, destacando mucho su gran cabeza y cola corta, apareciendo como un verdadero espectro cuando se le ve volar frente a la luna o ante cualquier foco de luz.

Según Vaurie (1965), el grupo bubo comprende un gran número de razas. La variación geográfica en él es muy predominantemente clinal y correlativa con factores climáticos. Los búhos qué habitan más altas latitudes o altitudes son grandes, y como regla general los de regiones más húmedas son más oscuros, más marrones que los que viven en campo abierto o en zonas áridas. Como sucede con otras especies de pájaros, en este búho existe cierta tendencia a poseer en tales áridos hábitats un plumaje menos contrastado, más arenoso, armonizando bien con el medio. En Europa las poblaciones de Bubo bubo son más pequeñas y más pálidas cuanto más al Sur. Las variaciones en el tamaño se muestran en las medidas alares de las diferentes razas: bubo hispanus, 420-450 mm. (prom. 430 mm.) en siete machos y 445-475 mm. (prom. 453 mm.) en ocho hembras; la subespecie bubo bubo de Suecia, por ejemplo, dio para ocho machos 435-460 mm. (prom. 447 mm.) y en dieciséis hembras 460-490 mm. (prom. 471,5 mm.) y la misma raza, pero del occidente europeo 440-480 mm. (prom. 448 mm.) en quince machos y 455-500 mm. (prom. 474 mm.) en trece hembras.

La raza que habita la Península Ibérica Bubo bubo hispanus es similar a la típica subespecie bubo bubo, pero en conjunto su coloración es más pálida, menos pardo rojizo en las partes inferiores y las superiores están también más densamente rayadas. Las medidas arrojan un promedio ligeramente menor. Esta raza vive exclusivamente entre nosotros, pero en el Norte, Cordillera Cantábrica y Pirineos, se acerca mucho a bubo bubo y los ejemplares estudiados en piel no se diferenciaban mucho de la descrita anteriormente, pero sí están menos brillantemente coloreados.

El Búho Real se adapta a vivir en muy variados biotopos. Se dice que puede reproducirse en acantilados costeros y un ornitólogo extranjero asegura haber visto un ejemplar en el Monte Igueldo (San Sebastián). En Iberia es sedentario y no ocupa siempre como general mente se cree, zonas de alta montaña, sino roquedos situados en altitudes medias y casi siempre en la proximidad de bosques. Sorprende a veces encontrarlo u oírlo durante el invierno en lugares de los que está ausente sin duda durante la época de reproducción, pero con frecuencia en estos sitios donde se piensa que no anida, lo hace regularmente durante años sin que los habitantes del lugar se den cuenta de ello, pues para el no especializado en voces de pájaros, su canto, aun no siendo igual, tiene cierto parecido con el del Cárabo Europeo Strix aluco, que sí es especie bien conocida. Probablemente es el más nocturno de todos los búhos, saliendo a volar muy rara vez antes del crepúsculo y aun pocas veces durante él. Cuando caza suele volar sobre los campos y al regresar del monte de madrugada es cuando, además de escuchar su voz, se le puede ver como un águila silenciosa cuarteando lomas y matorrales. En días de luna llena en marzo, pueden observarse volando a gran altura sobre su nicho o cerca del nido tanto el macho como la hembra, haciéndolo regularmente en círculos.

Lo que no parece ofrecer duda alguna es que solamente en zonas o regiones desprovistas de rocas falta el Búho Real. La presencia de esta especie ha sido comprobada a alturas superiores a los 2000 metros, pero hay que pensar que estos son casos excepcionales y la mayoría de las parejas no deben rebasar mucho los 1000 metros.

En función de su gran potencia y tamaño el Búho Real se alimenta de grandes presas, pero no desdeña pequeños mamíferos, ratones y musarañas, lo mismo que diminutos pájaros. En la Península Ibérica diferentes ornitólogos aportan datos sobre restos de presas hallados en nichos de Bubo bubo. Entre ellos, Bernis (1973) da cuenta de la captura de un gato doméstico por un búho que habitaba en zona limítrofe Orense-León. También el mismo ornitólogo examinó un estómago de un ejemplar cazado en Lugo, encontrando en él pelo y huesos de conejo.

Pérez Chiscano (1973) para la provincia de Badajoz encuentra en un nido con cuatro pollos, restos de Perdiz Roja Alectoris rufa, Cernícalo Vulgar Falco tinnunculus, Corvus spp. Mochuelo Común Athene noctua, Grajilla Corvus monedula, Tórtola Europea Streptopelia turtur, Urraca Pica pica, Aguililla Calzada Hieraaetus pennatus, Zorzal Charlo Turdus viscivorus y Milano Real Milvus milvus, éste anillado el año anterior a 1 km. de distancia. Entre los mamíferos fundamentalmente restos de Conejo Oryctolagus cuniculus y también de Liebre Lepus spp. y Erizo Erinaceus europaeus.

Su régimen alimenticio está muy diversificado. Thiollay (1969) considera que los mamíferos forman en la mayoría de los casos más del 50% de la alimentación. Antes de la mixomatosis los conejos debían de estar en una gran proporción en el total de las presas capturadas. Al disminuir drásticamente a causa de la enfermedad, otros animales sufrieron entonces la depredación del Búho Real, y así aparecen ahora en los recuentos hasta otras grandes aves de presa y mustélidos, como luego se verá. La liebre es una captura ocasional salvo en determinadas zonas de montaña. Las demás presas pueden ser consideradas como accesorias. Las ratillas y topillos (Microtus, Pitymys, Clethrionomys) son capturados en gran número. Sobre todo destaca la Ratilla Nival Microtus nivalis en zonas casi de alta montaña, Pirineos en especial. El Ratón de Campo Apodemus sylvaticus, después de la aparición de la mixomatosis, llegó, a pesar de su reducido tamaño, a ser presa frecuente del Búho Real.

En un nido examinado por Thiollay en 1963 se determinaron 886 pequeños roedores (84,78%) : 789 ratones de campo (Apodemos); 6 lirones enanos Muscardinus avellanarius 72 lirones caretos Eliomys quercinus 19 ratillas y topillos Microtus spp. y Pitymys spp. Noventa grandes roedores (8,61%): 37 conejos; 36 ratas Rattus norvegicus y R. rattus, 13 lirones grises Glis glis 4 ratas de agua Arvicola spp. Veinticinco musarañas, Crocidura (2,39%) ; 2 topos Talpa europaea, 2 comadrejas Mustela nivalis; 3 murciélagos sin determinar; 6 grandes insectos y treinta y cuatro pájaros (3,25%) : Bisbita Arbórea Anthus trivialis (1 ), Alondra Totovía Lullula arbórea (1 ), Vencejo Real Apus melba (1 ), Curruca Mirlona Sylvia hortensis (1 ), Pinzón Vulgar Fringilla coelebs (1), Arrendajo Garrulus glandarius (1), Perdiz Roja (1), Grajilla (1) Paloma Zurita Columba oenas (3) Pito Real, Picos viridis (1) y Zorzal Común Turdus philomelos.

También Thiollay llama la atención de la preferencia que el Búho Real siente por la captura de pequeños animales carniceros, sobre todo gatos domésticos y silvestres, comadrejas, garduñas, martas, armiños, turones y ginetas. Las demás aves de presa sufren también de su depredación, en especial las nocturnas, que son, por orden de importancia: Lechuza Común Tyto alba, Autillo Europeo Otus scops, Cárabo Europeo Strix aluco, Mochuelo Común Athene noctua y Búho Chico Asio otus pero también las diurnas: Cernícalo Vulgar, Busardo Ratonero Buteo buteo, Azor Común Accipiter gentilis, Abejero Europeo Pernis apivorus, Milano Negro Milvus migrans (capturado en pleno día), Halcón Peregrino Falco peregrinos, etc. Las egagrópilas expulsadas por el Búho Real son de gran tamaño, incluso teniendo en cuenta la envergadura del pájaro. Miden 3-4 cm. por 8-11 cm., aunque no son escasas de mayor longitud, 12 cm., y hasta se ha encontrado una de 18 cm. En ellas los restos óseos de mamíferos y pájaros están hechos astillas, pues el Búho Real los tritura con sus fuertes mandíbulas. Una presa frecuente también de este pájaro es el Erizo Erinaceus europaeus. Pues bien, las egagrópilas expulsadas después de comerlo contienen abundantes púas y pelos del Erizo.

Desde noviembre hasta final de enero el Búho Real desarrolla más intensamente su actividad vocal. Cuando en octubre las parejas se establecen en un determinado lugar donde pocos meses después comenzarán la reproducción, el macho canta insistentemente como queriendo significar su posesión. A partir del crepúsculo comienza a escucharse el sonoro y profundo «¡¡juuú!!» que suele durar hasta las 20 horas (solar). La hembra emite sonidos roncos frente al macho, «¡¡úarr!!», pero más a menudo «¡¡kvéck-kvéck!!» y un «¡¡juu-ú!!» en tono más alto que el de su pareja. También un suave pero agudo «¡¡ke-ké-ke!!». Normalmente, el macho canta en intervalos de un minuto o menos. Las emisiones vocales en las primeras horas de la madrugada y en las del amanecer son también muy frecuentes.

Ave de tan gran tamaño y potencia, forzosamente tiene que poseer un territorio muy extenso, que está, además, en función de la abundancia o escasez de las presas. En zonas apropiadas de riscos de montaña de altitud media puede haber en una línea de un kilómetro hasta un máximo de tres parejas. Esta densidad es excepcional ahora en la Península Ibérica, y lugares antes favorecidos por la presencia de búhos reales como las cordilleras centrales y las estribaciones de los Pirineos, mantienen una población muy diseminada. Purroy (1974) estima que en Navarra viven actualmente no más de 20 parejas que se mantienen en áreas rupestres de la Navarra media oriental, con mayor densidad en los desfiladeros y farallones del curso medio del Esca, Salazar e Irati. En la Cordillera Cantábrica aún viven un buen número de parejas, pero cada año se ven más lugares desertados por la especie o individuos solitarios presumiblemente no emparejados. Muchos de los que se capturan son inmaduros que en dispersión posnupcial abandonan sus riscos y se acercan a los caseríos. Aventurando una cifra y basados en la densidad que la especie tiene actualmente en Asturias, probablemente la población del Cantábrico no sobrepase el centenar de parejas en edad reproductora. En Asturias calculo que una pareja tiene una zona de influencia, en la que caza y tiene establecido el nido y los «cantaderos», con una superficie de 50 a 80 km, cuadrados. Thiollay estima que, aunque no es normal, un Búho Real puede recorrer en una noche largas distancias que se salen de los límites del territorio que él supone de extensión muy variable. Un macho cazando a 15 km. del nido no debe de ser una observación excepcional.

A partir del mes de octubre comienzan las parejas a establecerse en sus territorios de cría y, aunque de forma muy ocasional, en días claros pueden ser observados los búhos volando alto en círculos sobre la zona. Las emisiones vocales se intensifican, sobre todo por parte del macho. El lugar elegido para la puesta puede ser un saliente en la roca, no necesariamente protegido por encima; más a menudo una grieta y muy frecuentemente un entrante donde crece un pequeño arbusto. Aunque en países del norte de Europa los nidos pueden estar en ocasiones en agujeros de árboles, esta situación parece ser mucho menos frecuente en Europa meridional y en Iberia. Los nidos en el suelo son muy raros. En el suelo de la repisa o entrante excava un hueco, donde pone los huevos normalmente entre los últimos días de febrero y la primera quincena de marzo. Chiscano (1973) encuentra un nido en la Sierra de Pela (Badajoz), con dos pollos pequeños el 10 de marzo, lo que implicaría la puesta a partir de los primeros días de febrero y quizá los últimos de enero. Sin embargo, las puestas tempranas no son frecuentes y probablemente dependen de inviernos extraordinariamente benignos consecuente abundancia de presas. En la Cordillera Cantábrica las puestas comienzan en los primeros días de marzo y en abril todavía algunas parejas continúan incubando. Choussy (1971) cita para Francia puestas a partir del 28 de enero, cálculo realizado normalmente después de la eclosión y estimando 35 días el período de incubación. El mismo nido no es usado año tras año, sino que el lugar varía, aunque con frecuencia escogen un sitio no muy alejado, a veces a sólo pocos metros y procurando que reúna una casi única condición: que esté naturalmente protegido de la lluvia. El número de huevos varía entre uno y seis, pero estas cifras son extremas y la puesta normal no incluye en general más de tres huevos. Dejados a intervalos de dos o tres días, entre el primero y el último hay por lo menos una semana de distancia. Su forma es elíptica, son blancos y tienen poco brillo. La hembra incuba ella sola por un tiempo no superior a 35 días durante el cual el macho no cesa de cantar en las proximidades. En el crepúsculo caza con preferencia grandes presas que lleva al nido o deposita en una repisa próxima donde la hembra las consume. Al nacer los pollos están cubiertos con un plumón blanco parduzco, corto, pero denso, por todo el cuerpo, incluidas las patas y pies hasta la base de las uñas. El primer mes la hembra cubre los pequeños búhos continuamente. En la quinta semana comienza ella a abandonar el nido y caza en compañía del macho, aportando ambos las presas. A pesar de que los jóvenes son muy voraces, su desarrollo es lento y están sometidos a variados peligros, entre los que no es el menor el morir despeñados, pues a partir del primer mes se muestran muy inquietos, moviéndose mucho por la repisa. Algunos pollos salen del nido a las seis semanas de vida, pero no vuelan. Normalmente se esconden entre las piedras o en las grietas próximas, incluso, si les es posible, cambian de lugar en la repisa, recorriendo muchos metros. Choussy asegura la veracidad del transporte de los pollos por los adultos si el nido es visitado con frecuencia, tal como sucede por ejemplo con el Cárabo Europeo. El mismo ornitólogo fue testigo de la danza del Búho Real cuando pudo observar a corta distancia a un macho, que posado en un pino frente al nido que contenía pollos de cinco semanas de edad, realizaba movimientos alternativos de subida y bajada del cuerpo, poniendo horizontal la cabeza a la vez que inflaba la garganta blanca que parece tiene mucha importancia en las diversas ceremonias de esta especie. Mientras representaba esta danza, frente a él la hembra emitía en tono alto su voz «¡¡juu-ú!!» a intervalos cortos.

A pesar de que en la Península Ibérica la especie ha disminuido notablemente no existen en la Naturaleza prácticamente más enemigos para el Búho Real que el propio hombre. La puesta es corta, pero la tasa de reproducción resulta alta. ThioIlay comprobó para 28 nidos controlados con pollos, que uno contenía cuatro jóvenes, tres sólo uno, once con tres y catorce con dos; es decir, una media de 2,3 por nido.

No existen datos seguros que puedan dar una idea exacta sobre la mortalidad natural de los búhos reales. Se sabe únicamente que una fracción no despreciable de jóvenes perecen en el nido por hambre, luchas fratricidas y canibalismo, y también a veces, como ya he dicho, de accidentes.

El Búho Real es una especie muy sensible a la abundancia o escasez de la alimentación, factor ecológico preponderante que en opinión de Thiollay condiciona los otros. La aparición de la mixomatosis en 1952-53 causó un fuerte impacto en la densidad de poblaciones. En algunos lugares y en determinados años la disminución fue tan drástica que osciló entre el 40% y el 90%, en especial en lugares donde la alimentación se basaba exclusivamente en la captura de conejos. En el norte de Iberia, donde las presas incluyen mamíferos y pájaros que pueden ir desde un minúsculo ratón hasta un Urogallo Tetrao urogallus, la alimentación, más diversificada, no puede ser un elemento tan condicionante. De todas maneras también se apreció, como ya se ha indicado, una notable disminución, por lo que deben existir otras causas no dependientes únicamente de la dieta alimenticia. Y no son pocos los accidentes que el Búho Real sufre en choques con las líneas de alta tensión eléctrica que ahora, desafortunadamente para el paisaje, cubren toda la campiña ibérica.

Sobre el sedentarismo de esta especie en la Península Ibérica, Bernis (1967) estima que «no es migrador, aunque probablemente los jóvenes y quizá ocasionalmente los adultos, verifican movimientos dispersivos de moderado radio. A estos movimientos pueden atribuirse las observaciones y capturas en el noroeste de Africa (en especial Argelia) de búhos reales de la subespecie hispanus que es la que habita en Iberia.»

En Europa está distribuida la especie muy desigualmente. Se reproduce desde Laponia, Alemania, Francia central y mediterránea e Iberia hacia el Este por Asia. Falta en las Islas Británicas y en muchas partes de Suecia y Alemania, donde ha quedado completamente extinguida, aunque se han realizado intentos de introducción artificial, muchas veces con éxito.

Los anillamientos no son abundantes y no ha habido ninguna captura de aves europeas en la Península Ibérica, pero sí de búhos del norte de su hábitat a regulares distancias hacia el Sur no superiores a 200 km.

 

 

 

                           Fotografía: Javier Milla López