AZOR COMÚN (Accipiter gentilis)

                          Fotografía: Walter Soestbergen

 

 

 

 

El Azor Común,Accipiter gentilis,es uno de los pájaros de presa de nuestros bosques menos conocido, pero, sin embargo, cuando se le puede observar es muy espectacular en todas sus acciones. Posee una estructura de ave fuerte y poderosa con un tamaño medio, no mayor que un Busardo Ratonero Buteo buteo, y es de conducta y hábitos extraordinariamente reservados.

El color del plumaje de los adultos de ambos sexos es casi igual, pero con ligeras diferencias que únicamente pueden ser matizadas si los pájaros son observados de cerca. Por encima tienen color marrón grisáceo con las partes inferiores blancuzcas profusamente rayadas horizontalmente de pardo oscuro casi negro. La cabeza es muy oscura, lo que hace destacar mucho una línea superciliar blanca o blancuzca que, arrancando desde la cera del pico, pasa sobre los ojos y llega hasta la nuca. La cola es marrón pizarroso o pardo pálido con las puntas de las rectrices blancas, una banda ancha terminal y tres o cuatro más estrechas de color sepia o marrón oscuro, que están distribuidas regularmente en ella.

Las plumas bajo el nacimiento de la cola (infracobertoras caudales) tienen color blanco puro y son muy visibles cuando el pájaro está posado, ya que con frecuencia están extendidas y también cuando el Azor Común vuela por entre los árboles lo primero que queda en la retina del observador es el color blanco tan conspicuo.

Las hembras tienen el plumaje un poco más apagado con los tonos menos vivos y siendo menos grisáceas en las partes superiores. Los ojos de ambos sexos son de color rojo anaranjado, la cera amarilloverdosa y las largas patas amarillas. El pico es negro azulado, más pálido en la base. Los inmaduros se parecen más a las hembras por tener las partes superiores marrones sin matiz gris, con la cabeza tan oscura como los adultos, pero, sin embargo, la nuca es blancuzca y está profusamente rayada. Los jóvenes azores tienen el color de la cola muy contrastado entre el fondo pardo bastante claro y las barras transversales muy oscuras, mucho más que en los adultos. Las partes inferiores están algo rayadas y moteadas longitudinalmente, con manchas como gotas marrón oscuro, y que tienen forma de corazón en los flancos, todas sobre un fondo general pardo claro, con tonos amarillentos a veces. Los ojos son grises verdoso y el plumaje de adultos lo adquieren en la muda del segundo otoño de vida. Las patas y la cera del pico son amarillas. Según Vaurie (1965) las variaciones registradas en el color del plumaje de los azores paleárticos pueden ser de origen clinal. En Eurasia, los pájaros del Norte son más pálidos, de aspecto más fuerte y tienen también las patas más poderosas, lo mismo que las alas, que también son más largas que en los azores meridionales, incrementando la oscuridad en el tono del plumaje, a la vez que disminuye el tamaño cuanto más al Sur del Continente. Estas variaciones clinales en la coloración que van de Norte a Sur envuelven un cambio en el color de la cabeza que llega a ser más negruzca con reducción en el tamaño y en la pureza del color blanco de la raya superciliar y un rayado mucho más denso en las partes inferiores. En el Oeste el color de la espalda y dorso de las alas cambia en el adulto desde el gris al marrón y al marrón negruzco y las barras o rayas transversales de las partes inferiores son más anchas y más oscuras. Las variaciones en el tamaño se ponen de manifiesto claramente en la longitud de las alas. La subespecie gentilis kleinchmidti (tipo de Linares de Riofrío, Salamanca, Von Jordans 1950) dio 308 y 314 mm. para dos machos y 341-352 mm. en cinco hembras. Sin embargo, son pocos ejemplares para determinar toda una subespecie peninsular y puede haber mucho de banal y precipitado en estas conclusiones. Entre los azores observados en la Cordillera Cantábrica en plena nidificación los machos tenían una librea marrón grisácea neta y una muy marcada línea superciliar blanca.

El dimorfismo sexual del Azor Común es muy acusado, uno de los más notorios junto con el Gavilán Común Accipiter nisus, de todas las aves de presa. La hembra es extraordinariamente mayor que el macho y mucho más pesada. En el vuelo el Azor Común es fácilmente identificable por tener las alas cortas y redondeadas y la cola bastante larga, pero además se puede apreciar con buena luz que las partes inferiores de las alas y el cuerpo están muy rayados horizontalmente, lo que no obsta para que el pájaro tenga un aspecto general bastante claro. La larga cola tiene bien visible una ancha banda terminal oscura y otras más estrechas, siendo éstas en número variable no inferior a tres ni superior a cinco. En una somera observación dentro de un bosque un macho pequeño de Azor Común puede ser confundido fácilmente con una hembra grande de Gavilán Común, pero es necesario señalar que el Azor Común tiene las alas más anchas en la base y algo más puntiagudas en los extremos, además de la cola más corta. También son mucho más blancas las plumas debajo del nacimiento de la cola.

Aparte de la distinción existente en el tamaño, que es muy clara entre machos y hembras y la más ligera del plumaje, se observan con frecuencia y al comparar entre sí los adultos que forman dos parejas en plena nidificación, cierta variación en la anchura y la intensidad del color de las rayas oscuras transversales de la parte inferior del cuerpo. Probablemente a este detalle de la coloración del plumaje no debe ser ajena la edad de los azores.

El vuelo del Azor Común es una característica inconfundible para distinguir la especie. Vuela con extraordinaria habilidad por entre los árboles batiendo con rapidez las alas y alternando con planeos, ladeándose totalmente para pasar entre las ramas y las enredaderas que cuelgan de los árboles. Es netamente un ave de bosque, donde desarrolla todas sus actividades. Sin embargo, primero en el celo y después en el otoño, en especial los inmaduros o jóvenes del año, no es infrecuente verlos volando y planeando sobre el bosque e incluso en claros del mismo y campo abierto o monte bajo. Se trata en realidad de una de las más agresivas especies sólo comparable al Gavilán Común, pero su fiereza es superior no sólo en función de su mayor tamaño y potencia, sino en su audacia, que le impulsa a perseguir incansablemente a su presa, aunque ésta a veces en su alocada huida penetre en zona habitada por el hombre.

Pasa mucho tiempo del día posado inmóvil en la rama de un árbol y generalmente mimetizándose bien, de forma que es una verdadera sorpresa levantar tan de cerca a uno de estos pájaros siempre tan vigilantes. Con su larga cola que pliega y despliega continuamente y sus alas redondeadas, vuela espectacularmente realizando quiebros y frenadas que resultan increíbles si no se vieran.

También caza las presas en terreno descubierto y es tal su fiereza que allí mismo las remata comenzando a comerlas en el suelo sin ni siquiera tomar la precaución de volar con ellas a la rama de un árbol. L. Brown y D. Amadon escriben a este respecto que vista de cerca una hembra hambrienta en el nido, era tal la fiereza que expresaban sus ojos que el color rojo sangre de éstos parecía ocasionado por una herida.

La hembra del Azor Común emite con frecuencia un grito profundo y ronco: ¡¡girk...girk...girk !!», y el macho también en tono muy alto pero no tan ronco y que suena como «¡¡kei...kei...kei !!». Casi siempre se escucha este grito al aproximarse a un nido, mientras el macho chilla en un posadero próximo, la hembra a veces se lanza contra el intruso en peligrosas pasadas, teniendo en cuenta el tamaño del pájaro y su velocidad. La hembra suele emitir un chillido más lento y menos sonoro cuando está posada cerca del nido, moviendo la cabeza de un lado a otro y produciendo un efecto que se ha dado en llamar ventrílocuo y que, salvando las distancias, recuerda mucho a la actitud de la Buscarla Unicolor Locustella luscinioides, al cantar con su monótona voz. Cuando el macho se aproxima al nido la hembra lo atrae con un plañidero, y repetido «¡¡hia...hía...hía... !!», aspirando un poco la hache y cuyas últimas estrofas son muy débiles.

El Azor Común es sedentario en Iberia. Sin embargo, los que habitan bosques de especies caducifolias en la Cordillera Cantábrica, se ven poco en el invierno cuando en realidad al faltar la cobertura vegetal deberían ser más notorios. Es muy probable, pero debe intentarse la confirmación, que gran parte de las muy escasas parejas que aún habitan en el Norte de la Península desciendan hacia el Sur, aunque no efectuando largos recorridos. Posiblemente a este movimiento sean más propensos los inmaduros.

La alimentación del Azor Común es extraordinariamente variada e incluye con preferencia presas grandes que van desde un macho de Urogallo Común Tetrao Urogallus de los bosques cantábricos hasta una Liebre Lepus capensis en el centro de España. Bernis (1973) registra en un nido en la provincia de Cáceres predominio de presas de Arrendajo Garrulus glandarius. Elósegui y González (1973) para cuatro nidos estudiados en Navarra en zona de altitud media (750-1.000 m.) y en biotopo de hayedo-robledal, dan presas de Mirlo Común Turdus merula, Paloma Torcaz Columba palumbus, Arrendajo, Perdiz Roja Alectoris rufa, Zorzal Común Turdus philomelos Búho Chico Asio otus, Ardilla Sciurus vulgaris, passeriformes pequeños, etc. Joaquín Araujo (1973) da completísimos detalles de varios nidos estudiados en el Guadarrama, exactamente en un área que comprende zonas de las provincias de Madrid, Segovia y Avila. En ellos se encontraron 12 grajillas Corvus monedula, 7 lagartos ocelados Lacerta lepida, 6 conejos Oryctolagus cuniculus, 4 urracas Pica pica, 2 estorninos Sturnus unicolor, 2 palomas torcaces, Liebre, Pito Real Picus viridis, Corneja Común Corvus corone, Codorniz Común Coturnix coturnix, y passeriformes pequeños. Garzón (1973) aporta interesantes datos de las presas halladas en nidos situados en provincias centro-occidentales españolas citando Paloma Torcaz, Arrendajo, Rabilargo Cyanopica cyanus, Perdiz Roja, Cuervo Corvus corax, Pito Real, Liebre, Conejo, Lagarto Ocelado, etc. Señala que la Paloma Torcaz y los córvidos constituyen parte fundamental en la dieta de los azores ibéricos. Morillo y Lalanda (1972) encuentran en un nido estudiado cuatro años consecutivos, predominio de Lagarto Ocelado en los reptiles; urracas en las aves y Conejo en los mamíferos.

En un nido controlado en Asturias había restos de lebrato Lepus spp., Ardilla y un ratón no identificado, pero eran más abundantes los de Arrendajo, Paloma Torcaz, Mirlo, Zorzal Charlo, Perdiz Pardilla Perdix perdix, Gallo doméstico, Urogallo y Lechuza Común Tyto alba.

Se calcula que un Azor Común necesita comer entre 150 y 180 gr. de carne fresca al día y muy excepcionalmente come carroña, probablemente sólo en duros inviernos. Lo que sí está esclarecido es que algunos individuos pueden especializarse en la captura de determinadas especies. Probablemente en los hayedos de la Cordillera Cantábrica el Urogallo no es una presa casual.

Una pareja de azores permanece unida mientras vive, y puede también asegurarse que durante el invierno en zonas donde normalmente los pájaros abandonan el bosque, pueden ambos separarse, pero al llegar la primavera la hembra invariablemente acude al lugar donde antes anidó y con fuertes y constantes chillidos llama al macho, quien, o ya merodeaba por el bosque y acude inmediatamente o tarda aún unos días en acercarse.

El Azor Común ocupa un territorio muy variable en función de la extensión del bosque en que vive. Se le menciona siempre como habitante de bosques frondosos y remotos y la realidad no parece ser ésta. En los bosques cantábricos de especies caducifolias como el Roble Quercus robur, el Castaño Castanea sativa, el Abedul Betula verrucosa y el Fresno Fraxinus excelsior, situados en plena campiña y esparcidos por aquí y por allí, pueden albergar una pareja de azores en competencia casi siempre con Gavilán Común Accipiter nisus y Busardo Ratonero Buteo buteo. Esta misma apreciación ha sido considerada por Joaquín Araujo (Ardeola 1973), quien da importantes e inéditas precisiones en varios años consecutivos de la concurrencia y sin duda competencia en un pequeño bosquecillo de Pinus sylvestris, con una extensión sólo un poco mayor de 6 Ha. entre Azor Común y Busardo Ratonero, ocupando ambas especies alternadamente los mismos nidos. En sus interesantes conclusiones figura la tendencia a que el Ratonero sea quien construya los nidos, limitándose el Azor Común en general a agrandar o reparar los antiguos de su convecino. Las dos especies llegaron a criar a una distancia entre sí no superior a 200 metros, sin que ello fuera un determinante para el éxito o fallo en las nidadas. Araujo describe como muy ruidosos y fulgurantes los enfrentamientos entre estas dos especie en los que parece llevar la peor parte el Azor Común, a pesar de la fama que tiene de ave agresiva y dominante. También el citado ornitólogo destaca un hecho asombroso sobre la competencia trófica de Azor Común y Busardo Ratonero quienes tenían presas en sus nidos que coincidían en un 90 por 100 Esta situación, sin duda, puede estar condicionada por la asequibilidad de la fauna del lugar, probablemente muy limitada.

El cortejo nupcial de Azor Común es bastante espectacular. Vuelos acrobáticos y en ocasiones combinados con planeos sobre la zona del nido, semejantes a los realizados por otras especies de aves de presa, es lo normal. Pero en todos ellos, e incluso en los frecuentes «picados» efectuados por el macho hay que notar el destacado papel que las plumas blancas situadas debajo del nacimiento de la cola parecen desempeñar, pues el pájaro las despliega en toda su extensión y belleza. Durante esta época, aunque el Azor Común macho permanezca posado en una rama, casi siempre a bastante altura sobre el suelo, mantiene estas plumas blancas extendidas, destacando mucho al lado de la oscura cola.

El nido del Azor Común suele ser bastante grande sobre todo si, como sucede casi siempre, su construcción se limita a un aporte de material encima de otro nido viejo de él mismo o de otra especie. Tiene forma alargada y el mayor diámetro supera en pocos centímetros al metro. Es bastante plano con un espesor de aproximadamente 25 cm. y en el interior una copa de 30 cm. de ancho y 6-8 cm. de profundidad.

El área de cría puede contener varios nidos que en un primer momento parece que todos van a ser ocupados, pero pronto los azores se deciden por uno desde el que la hembra llama con su grito chillón al macho. Se dice que la elección de un nido viejo del año anterior la hace la hembra y si se trata de uno nuevo es el macho quien elige el lugar. Tan pronto como el nido está comenzado la pareja se posa junta en las proximidades y allí duerme a una altura de 10 a 20 m. y poco antes de la salida del sol todos los días exteriorizan su celo con un dúo de chillidos continuos. Si se trata de construir un nido nuevo el macho hace todo el trabajo, y si de reparar uno viejo también la hembra ayuda algo. La mayoría del material está formado por ramas pequeñas secas que los pájaros cogen en la copa de los árboles. Solamente construyen en las primeras horas del día, cesando en el trabajo bastante antes del mediodía. El interior del nido está casi siempre forrado con hierba seca, cortezas, y en zonas de pinares con acículas secas y verdes de los pinos.

El comienzo de las puestas de huevos es variable en la Península Ibérica, dependiente probablemente sólo del nacimiento de las hojas de los árboles en los bosques de especies caducifolias de la Cordillera Cantábrica y sus valles. Sin embargo, en zonas de la España central (Araujo 1973), fueron controladas en diversos años en fechas tan distantes unas de otras como la última decena de marzo, primeros días de abril y primera quincena de mayo.

Cada puesta suele consistir en tres huevos, pero a veces oscila entre uno y cinco. Una hembra suele comenzar a poner todos los años en la misma fecha y distanciar cada huevo tres días entre sí. Estos tienen color azulado o blanco sucio uniforme sin marcas. La medida de los huevos obtenidos en España por coleccionistas extranjeros da un promedio de 56,3 x 43 mm.

En varias puestas controladas por Araujo en el Guadarrama se obtuvo un promedio de 55,8 x 45,4 mm. para diez huevos.

La incubación comienza con la puesta del primer huevo y casi todo el trabajo es desempeñado por la hembra, aunque en los primeros días también el macho incuba por períodos cortos. A partir de la segunda parte de la incubación, después de los 15 días, el macho solamente se sienta en el nido unos minutos mientras la hembra come. La incubación dura no menos de 36 días y tampoco sobrepasa los 41 días. La hembra mientras está incubando es alimentada por el macho. Al principio, cuando éste llega con una presa, sale a su encuentro, pero más tarde la recoge cerca del nido donde su pareja la deposita. Según se ha comprobado el macho no se aleja mucho de las proximidades del nido para cazar y espera con frecuencia a que este pequeño territorio sea invadido por algún Arrendajo, Paloma Torcaz o Mirlo para darles caza instantánea, de forma que puede decirse que aquella zona va quedando poco a poco deshabitada. Cuando nacen los pollos tienen un plumón blanco bastante espeso. A los 28 días de edad ya rasgan la carne de las presas, aunque continúan siendo alimentados por la hembra. A los 38 días casi están emplumados y se mueven muy curiosos por el nido mirándolo todo con atención. A partir de los 35 días vuelan a las ramas próximas y al mes y medio de vida lo hacen muy bien. Su dependencia de la hembra es tan grande que si ésta muere, el macho sigue aportando presas para alimentarlos, pero al no cebar, se puede dar el caso de que los pollos mueran hambrientos rodeados de abundante comida. Durante todo el período de crianza la hembra rellena el nido y lo adorna con pequeñas ramas y hojas verdes que recoge en los alrededores. También contribuye a la limpieza del nido. Primero ceba a los pollos con trozos de carne, comiendo después ella los intestinos y cartílagos de las presas. Luego recoge los trozos de carne caídos en el fondo del nido y los huesos y lleva éstos lejos, dejándolos caer al suelo.

Los jóvenes cazan con los adultos a poco de salir del nido, pero no son completamente independientes hasta los 70 días de edad.

Igual que los gavilanes, el Azor Común tiene tendencia a ocupar un territorio no lejano del agua, un riachuelo o charca, donde se introduce con frecuencia y en el que pasa un buen rato agachado, de forma que el agua le llegue hasta el pecho.

El Azor Común tiene pocos enemigos, pues él ya es un terrible adversario para otros animales, y aunque no se ha podido observar, sí se deduce que en los bosques en que normalmente las ardillas, martas y córvidos constituían un peligro para los nidos de otros pájaros, donde una pareja de azores se establece, deben alejarse lo más posible si no quieren pasar a engrosar la despensa de esta ave de presa. Morillo y Lalanda (1972) comprobaron en los Montes de Toledo, que una zona ocupada por una pareja de azores quedó prácticamente limpia de urracas, especie que fue allí su principal presa.

El Azor Común se extiende por Eurasia desde Iberia y el noroeste de Africa hasta Escandinavia al Norte, faltando en las Islas Británicas. En toda Europa es ahora una especie en franca decadencia, aunque en los últimos años, las crecientes medidas de protección dispensadas en todos los países dejan un lugar al optimismo en cuanto a su recuperación.

En la Península Ibérica está muy desigualmente repartido y también ha disminuido mucho. Posiblemente la mayor densidad esté ahora en pinares serranos del Centro oeste de la Península Ibérica y en zonas del Perineo Navarro.

A pesar de que en Alemania, Suecia y Holanda se ha anillado una respetable cantidad de azores, sobre todo si tenemos en cuenta su proverbial escasez, no ha habido recuperaciones más lejanas de 200 km. al sur de su lugar de anillamiento y por lo tanto ninguna en Iberia.

A través de los detenidos estudios que se han realizado sobre la alimentación del Azor Común, puede deducirse muy claramente que este pájaro obra como un gran destructor de córvidos y por lo tanto frena su gran expansión en las zonas donde se establece. De este modo pueden quedar compensados con creces los destrozos que se le atribuyen sobre las polladas y los adultos de especies consideradas exclusivamente como cinegéticas.