AVIÓN COMÚN (Delichon urbicum)

Si se ven volando a gran altura los aviones y las golondrinas pueden confundirse, pero en una observación más detenida pronto se aprecia que el Avión Común, Delichon urbicum,tiene la cola menos ahorquillada que la Golondrina Común y, sobre todo, su obispillo o rabadilla de color blanco puro, es un rasgo inconfundible. El plumaje de las partes superiores es negro azulado y las alas y la cola marrones o negruzcas con tinte verdoso. Por debajo es blanco pero el mentón y la garganta están tenuemente teñidos de pardo claro al principio de la primavera. La cabeza negra contrasta tanto con el blanco de los carrillos que tal parece que este pájaro tuviera un capirote. La cola es más bien escotada que ahorquillada y las patas, muy cortas, están cubiertas, lo mismo que los dedos de los pies, de plumas blancas. Los sexos son indistinguibles por el plumaje. Las hembras durante la época de la cría poseen una placa incubatriz mayor y más marcada. Los aviones jóvenes sí se distinguen bien: su plumaje es parduzco y también de cerca o en la mano se aprecia que algunas plumas tienen el extremo negro azulado. Las alas y la cola son más oscuras. El obispillo blanco es tan notorio como en los adultos.

El Avión Común se parece mucho a la Golondrina Común en su comportamiento, volando con parecida agilidad, pero planeando menos en longitud y tendiendo a realizar cortos círculos o quiebros continuos, faltándole normalmente el vuelo directo. Igualmente vuela a mayor altura y por supuesto carece de la rapidez de aquélla. Se posa con frecuencia en cables del tendido eléctrico, ramas secas de árboles o desnudas de hojas. Con frecuencia en el suelo, bien para beber o a recoger material para el nido. Camina con relativa facilidad y a menudo se ayuda elevando las alas. Al hacerlo se observan bien sus patas cubiertas de plumas. Rara vez se le ve solitario y los grupos pueden ser de dos o tres parejas hasta varios centenares, pero casi siempre en colonias pequeñas de 2-8 parejas. En vuelo de atardecer se congregan muchos que suelen unirse a las golondrinas sobre una charca, laguna o estuario. Cuando llega en migración tiene tendencia a posarse en el suelo bien para beber o para comer pequeños insectos que se concentran en charcas y balsas de agua estancada. Al comienzo de la migración otoñal se agrupan formando densas bandadas que duermen en los cables y en los tejados. Quizá es más sociable y familiar que la Golondrina. Los jóvenes duermen con los adultos en el nido, incluso a menudo cuando éstos han iniciado una segunda puesta. De este modo los grupos familiares pronto están integrados por 8-12 pájaros.

Muy ruidoso, continuamente emite al volar un áspero ¡¡chirrp!! o ¡¡chi-chirrrp!! Al acercarse un intruso al nido o manejar los pollos allí, los adultos revolotean lanzando un lastimero ¡¡siip!! Realmente su canto no se escucha muchas veces desde abril hasta septiembre. Es suave y de poco alcance, pero dulce y agradable. Lo emiten tanto en vuelo como posados y también en el nido.

Como la Golondrina, se alimenta de insectos capturados al vuelo, aunque más a menudo que aquella también los recoge en el suelo y al borde de charcas.

Vive en la campiña y en el interior de ciudades y pueblos. En ellos es local, ocupando las colonias el mismo lugar año tras año, aunque en la misma zona existan sitios similares y que a nuestros ojos parecen más idóneos. El hecho de que esta especie no aumente su densidad, sino más bien se aprecia un descenso, contribuye a que las colonias de nueva creación sean pocas. A menudo están formadas por pocas parejas, pero también existen algunas muy grandes. Los nidos suelen estar emplazados bajo aleros, galerías, terrazas, corredores, e incluso en el interior de cobertizos y almacenes. En la montaña se establece en cuevas o entrantes en las paredes de roquedos y acantilados, a veces a considerable altitud. En la Península Ibérica se pueden ver colonias de Avión Común en la Cordillera Cantábrica, Sistema Central y Pirineos a un nivel ligeramente por encima de los 2.000 metros. En la Cordillera Cantábrica las colonias más numerosas están situadas en cortados rocosos que dominan lagos y lagunas de montaña y ríos torrenciales en los Picos de Europa. En los Pririneos prefieren también la proximidad de un valle fluvial. Con ser importante la población que podríamos llamar silvestre, mucho más lo es la que vive en las aldeas, pueblos y ciudades. Aleros de iglesias, almenas de castillos, puentes, grandes presas, embalses, etc. poseen también una apreciable población de aviones. Muy pocas son las colonias establecidas en acantilados costeros, pero existen algunas, por cierto con muy pocos pájaros, en la Costa Cantábrica y posiblemente en otros lugares de nuestra geografía.

Ambos adultos construyen un nido en forma de cuenco, pegado a una pared vertical en su parte más alta de manera que el alero sirva de cierre y dejando una estrechísima entrada, como una ranura por la que parece con frecuencia imposible que pueda entrar el pájaro. Está formado por pellas de barro que los aviones llevan en el pico recogiéndolo del suelo húmedo de caminos y orillas de charcas. Amasado con pajas o trozos de hierba seca y tallos, tiene una fuerte consistencia y puede permanecer intacto de un año para otro. El interior está forrado con plumas, hierba seca y alguna otra materia vegetal. Las puestas comienzan normalmente en los primeros días de mayo. Hay algunas en abril y son más frecuentes las que se inician desde la mitad de mayo en adelante. Lo normal son 4-5 huevos, pero 3 y 6 no son infrecuentes. Son blancos y con brillo. Ocasionalmente tienen puntos oscuros o rojizos. La dificultad de efectuar el control de los nidos de Avión Común es grande, puesto que la entrada es muy estrecha. Los pollos pueden ser examinados haciendo un agujero lateral en el nido que luego se puede tapar con barro fresco o plastilina. Jourdain para 100 huevos medidos en Gran Bretaña obtuvo un promedio de 19,42 x 13,38 mm. con un máximo de 21,6 x 14,7 mm. y un mínimo de 16,7 x 13,1 mm. Verheyen para 100 huevos de Bélgica da un promedio de 19,4 x 13,3 mm. D'Almeida en Portugal obtuvo para 10 una media de 19,4 x 13,1 mm. con extremos de 17,7 a 20,9 x 12,6 a 13,8 mm.

Ambos sexos incuban alternándose con bastante frecuencia y muy a menudo permaneciendo la pareja junta, posándose fuera el que no incuba en ese momento, bien sujeto al barro. Normalmente los pollos nacen después de 14 días (14-15 días, Jourdain; 12-14 días Verheyen; 13-19 días Harrison), malamente cubiertos con un plumón blanco grisáceo largo. El interior de la boca es amarillo y no hay puntos oscuros en la lengua. Los padres los alimentan por regurgitación con insectos blandos y la llegada al nido es ciertamente irregular y muy influenciada por las condiciones meteorológicas. A los 19 días ya pueden salir del nido, pero muchos aún no son capaces de volar bien. Esto no sucede normalmente hasta cumplir los 25 días. Entre el nacimiento del primer pollo y el del último hay un período de 60 horas. Ello puede determinar diferencias en los desarrollos que se notan más al final. Sin embargo, los primeros 7 días la hembra es la única que ceba y supuestamente trata de igualar el desarrollo de aquéllos, ya que pocas veces se encuentran pollos muertos en el nido. Cuando el macho empieza a cebar es con frecuencia acompañado por alguno de los jóvenes de una nidada anterior que también conduce insectos y ceba a sus hermanos. Dos crías al año son normales y tres ocasionales. Estas suelen efectuarse lógicamente muy tarde y se han visto más de una vez nidos con pollos aún no volanderos en pleno mes de octubre.

Delichon urbicum vive en toda Europa excepto Islandia y el extremo Norte con densidad variable, pero no faltando prácticamente en ningún pueblo o ciudad, aunque sea en algunos ciertamente una especie escasa o muy local. Recientemente se ha intensificado la colocación de nidos artificiales y los pájaros los han aceptado bien. Muchos de los nidos construidos por el Avión Común son apropiados por el Gorrión con ventaja para éste por su mayor agresividad, lo que produce un impacto perjudicial en las poblaciones de este hirundínido. En Europa central puede llegar a superar a la Golondrina común en densidad. Los valles de los ríos alemanes se ven llenos de estos pájaros, anidando los aviones en cortados y sobre todo en paredones y almenas de viejos edificios y castillos.

Inverna en Africa Tropical occidental, pero se ve allí en número escaso y la mayoría pasan, bien hacia el Este o Sudeste en el otoño o proceden de estos puntos en los primeros días de primavera o en los últimos de invierno. Presumiblemente, por tanto, la mayor parte de la población europea que Moreau (1972) calcula en unos 90 millones de pájaros debe llegar hasta el Africa Austral donde, sin embargo, también se ve sólo de forma esporádica. En palabras de Moreau, los ornitólogos que han pasado muchos años en Africa desde Sudáfrica hasta Rhodesia y Zaire y de Nigeria a Tanzania, únicamente lo han observado en contadas ocasiones y no en el número suficiente para hacer presumir allí una densa invernada. Verheyen que los vio en Zaire (1952) piensa que el motivo por el que pasan desapercibidos es el habitual vuelo alto cazando insectos. Algunos ornitólogos más fueron capaces de verlos a considerable altura, 2.100 metros en el norte de Tanzania. En Malawi es regular entre octubre y marzo y en Zambia resulta ocasionalmente muy abundante. Curiosamente y en contra de lo que sucede con la Golondrina común, el Avión común ha criado con éxito en Namibia y en oeste de El Cabo, conociéndose allí dos pequeñas colonias que persistieron por varios años.

Los pasos de primavera y otoño en la Península Ibérica son muy acusados y los aviones vuelan a menudo mezclados con la Golondrina Común. Es migrante diurno, pero no hay que descartar que una buena proporción viaje de noche como puede deducirse de la aparición en las colonias al amanecer de aviones que la tarde anterior estaban ausentes. En el norte de Africa llegan los primeros a partir de la segunda decena de febrero, y el paso hacia el Norte no es intenso hasta marzo, pudiendo continuar durante mayo. En toda la Península Ibérica se notan los migrantes sobre todo a lo largo de abril. Muchos costean, pero otros, volando a gran altura, llegan hasta los Pirineos. La llegada a Tarifa y campos próximos es continua a partir de los primeros días de abril. No se ven en tan gran número como las golondrinas y se estima que pasa un Avión Común por cada 3 golondrinas. En el País Vasco son escasos en marzo, pero muy numerosos en abril y mayo. Los nativos se establecen a partir de la segunda quincena de abril, aunque en el Norte lo hacen bastante más tarde en la mayoría de las colonias.

El paso otoñal también es muy acusado a lo largo y ancho de toda nuestra geografía. Empieza pronto, probablemente jóvenes en dispersión posnupcial no genuinamente migradores, y desde agosto hasta noviembre nos sobrevuelan varios millones de aviones comunes que buscan el cuartel de invernada africano. Separarlos de los nativos es siempre difícil. Thiollay y Perthuis (1975) desde el 1 al 20 de octubre contaron sobre Gibraltar 50.146 aviones comunes, cifra algo superior a la de Golondrina Común en el mismo lugar. No debe subestimarse una pequeña población de invernantes en el Sur de Iberia como lo atestiguan las observaciones realizadas en Huelva, Sevilla, Almería, Alicante, Valencia, Málaga y Cádiz. La presencia en el norte de Iberia de aviones comunes en los primeros días de diciembre hay que atribuirla a migrantes retrasados. También en el norte de Africa hay numerosas observaciones de supuestos invernantes que Balsac y Mayaud (1962) dudan si atribuir a auténticos invernantes o a migrantes anticipados. Probablemente existe en el Africa Tropical occidental una población de invernantes no desdeñable en la que estarían integrados muchos de estos aviones que se ven llegar tan temprano (Bannerman, Payn, etc.), lo que explicaría el paso regular y abundante desde enero por el Sahara Occidental y las Islas Canarias.

Del mismo modo que sucede con la Golondrina Común, también el Avión Común vuelve año tras año a su comarca natal. A menudo al mismo edificio donde está situada la colonia y no rara vez ocupa el mismo nido. La fidelidad es grande, pero esto no excluye, como en otros hirundínidos, casos de colonización distante, algunos a más de 500 km. En este caso está uno calificado por Bernis (1971) como extraño y cuyos datos extraídos de Schuz y Weigold (1931) resume así: Un Avión Común capturado en Suiza el 16 de mayo de 1908, portaba un canutillo de saúco que contenía un papel con la siguiente inscripción en español: «He pasado el verano en casa de Luis Albert, Vilabertran, 25 de agosto de 1907». Para el curioso e improvisado «anillador» se trataba de una golondrina. En marzo de 1907 estas aves (los aviones) construyeron como de costumbre su nido en casa del Sr. Albert. En agosto fue capaz de capturar uno de ellos que él estimó como adulto y después de colocarle el mensaje lo soltó. Los ornitólogos suizos miraron el caso con reservas por considerar que era realmente excepcional que un Avión Común adulto realizase una colonización a tan gran distancia. Para Bernis existe la posibilidad de que el Sr. Albert hubiera cogido un Avión joven, lo que haría más verosímil el caso.

El anillamiento en Europa ha producido un buen número de recuperaciones en Iberia. Aviones procedentes de Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania y Holanda se han capturado en meses otoñales desde agosto a noviembre y en primavera sólo en marzo. Esta última en San Sebastián.