AVETORILLO COMÚN (Ixobrychus minutus)

El Avetorillo Común,Ixobrychus minutus,es una diminuta garza, la más pequeña de la avifauna europea, que posee costumbres tan discretas y difíciles de observar como el Avetoro Común, con la particularidad de que su voz es menos destacada y, por lo tanto, llama menos la atención y puede confundirse con la multitud de ruidos que surgen de las marismas y pantanos durante la primavera.

El macho adulto tiene la parte superior de la cabeza y el dorso del cuerpo de color negro verdoso brillante, que contrasta mucho con el cuello pardo ocráceo claro y la gran mancha pardo amarillenta o rosada de las alas. Las partes inferiores son pardo amarillentas u ocráceas muy claras. En algunos casi blancas. La garganta es blanca. La hembra tiene una coloración completamente diferente. Sus partes superiores son marrones y la mancha alar tan destacada en el macho es aquí apenas visible, simplemente se trata de una tonalidad más clara, más parda en las plumas. La parte superior de la cabeza también es muy oscura, casi negra y todo el plumaje por encima y debajo está muy estriado de tonos ocráceos. Las primarias de las alas son marrones, no negras como en el macho. Ambos sexos tienen los ojos amarillos muy vivos, el pico es del mismo color con la base rojiza durante la reproducción y bastante largo para el tamaño del pájaro, pues mide no menos de 5 cm. Las patas y pies son verdes o pardo verdosos. Los jóvenes del año tienen el plumaje muy listado y se parecen a las hembras.

Este pequeño pájaro posee costumbres idénticas a las del Avetoro Común y cuando está alarmado adelgaza su cuerpo y se estira, levantando el pico en perfecta línea vertical con el cuello también rígido y estirado, de forma que queda casi tan fino como una caña entre las que se oculta. Siempre presenta cara al intruso y rara vez, a no ser que se le intente coger, levanta el vuelo. Cuando lo hace bate las alas con rapidez a veces alternando con largos planeos. Otra vuela lentamente sobre los carrizos a baja altura, pero si lo hace sobre el agua su vuelo es rápido. En todos los casos resulta muy fácil de identificar porque la mancha alar es muy conspicua.

Aunque, como ya se ha visto, es de costumbres muy discretas y muy esquivo, se le ve volar más a menudo que al Avetoro Común. Normalmente permanece oculto entre los carrizos y aun penetrando una persona entre ellos es reacio a volar. Suele estar como encogido de tal forma que parece que no tiene cuello. Si ve cerca el peligro y considera que su postura de camuflaje con el cuello y pico estirado ya no le dará resultado, muchas veces sale al descubierto encaramándose sobre la cima de los carrizos y mira con curiosidad, estirando el cuello antes de volar. Al hacerlo lo recoge como hacen las demás garzas, sobresaliendo ampliamente por detrás de la cola ampliamente las patas. A primera vista parece que se trata de una paloma. Evita salir andando al descubierto por lo que camina entre los tallos de los carrizos y las raíces de los sauces que crecen a la orilla de la marisma. También realiza un curioso movimiento con la cola, arriba-abajo y a los lados de forma que traza en el aire la figura de un ocho.

La especie no es gregaria aunque no es raro verlos en pequeños grupos. Probablemente en migración se asocian varias familias. A veces se ven dos o tres posados en el extremo de algún árbol seco de los que con frecuencia hay al borde de pantanos y marismas. Al acercarse a ellos vuelan con rapidez sobre los carrizos y se «sumergen» entre ellos, desapareciendo enseguida. Normalmente es de costumbres crepusculares. También en ocasiones se le ve activo de día, pero esto en época de cría. En algunas localidades ibéricas donde parece abundar, se encuentran nidos bastante próximos unos a otros, lo que al pronto da idea de ser una especie colonial.

Es curiosa la postura que los avetorillos adoptan cuando alguien se acerca a ellos. Con el cuello y el pico estirados y rígidos en la forma ya descrita, siguiendo con la mirada al intruso, girando completamente su cuello en redondo y no dándole jamás la espalda. Bannerman dice que en esta posición y en estado de completa inmovilidad los pájaros pueden permanecer indefinidamente.

La voz del Avetorillo en las noches primaverales es bien conocida de todo el mundo, pero no todas las personas la identifican como perteneciente a un pájaro. Probablemente una escasa minoría sabe que un croar bajo y ronco que podríamos expresar como «¡¡joug!!» y que repite incansablemente desde el anochecer a intervalos de 2 ó 3 segundos, es la voz de un macho de Avetorillo Común. Otros sonidos más agudos y variados son emitidos por ambos sexos. Entre ellos destaca el grito de alarma que el macho lanza al aproximarse al nido para relevar a la hembra y que es una repetición en tono alto de un sonido eminentemente gutural. Otro, emitido por la hembra en las mismas circunstancias es mucho más chillón: ¡¡yiip-yiip!!

La alimentación del Avetorillo Común es fundamentalmente insectívora. Multitud de mosquitos, escarabajos acuáticos, libélulas y sus larvas, cocinelas o mariquitas, son capturados en todo instante por este pájaro. Pero también los pequeños peces tienen en la dieta una importancia grande en función de la biomasa. Asimismo come pequeños mamíferos, ranas, lagartos y tritones. Aunque no se conocen bien sus costumbres, casi puede asegurarse que la mayor parte del alimento lo toma durante las horas de la noche. Muchos de los revuelos que se originan entre los pequeños pájaros que habitan los carrizales, probablemente son debidos a ataques sufridos por los carriceros Acrocephalus spp. donde el Avetorillo captura los pollos dentro de los nidos y, de acuerdo con Dementiev (1952), no sólo come los huevos y pollos de los carriceros, sino de otras aves de marismas como los ánades y garzas.

No se puede hablar de que estos pájaros ocupen un territorio o realicen una parada nupcial espectacular, desde el momento que no han sido observados lo suficientemente bien como para escribir sobre su conducta al comienzo de la reproducción. Si se sabe que son unos nidificadores tardíos y que probablemente esto está en conexión con el crecimiento de los carrizos y otra vegetación acuática en la que siempre se ocultan. Los primeros avetorillos son observados en el mes de abril, con frecuencia después de mediados de este mes. Llegadas en marzo no son raras, pero debe tenerse en cuenta la posibilidad de un escaso contingente de invernantes en zonas favorables de marismas con vegetación arbustiva en las riberas y buen clima exento de hielo en invierno. Estos invernantes podrían enmascarar en cierto modo la llegada de los primeros migrantes.

El macho de Avetorillo suele construir varios nidos, no completamente y la hembra escoge el más conveniente que completan luego ambos. Normalmente se trata de una ligera estructura que contiene juncos secos, raíces, tallos de carrizos y está forrado en su interior con material más fino que suele incluir hierba seca y hojas. A veces esta estructura está sujeta a los tallos bajos de los carrizos u otras plantas y su altura es variable en función, curiosamente, de que la marisma o aguazal sufra frecuentes inundaciones o elevaciones en el nivel de las aguas. Un nido típico en Holanda está en el suelo cerca del borde mismo del agua y formado por hojas secas, carrizos y ramillas entrelazadas. Otros nidos no están al nivel del suelo, sino a una altura que puede llegar a 50 cm. y sujetos por varios puntos a los tallos de los carrizos. Se han citado también a considerable altura, unos 3 ó 4 metros en árboles próximos al mismo borde del marjal. En Iberia no son raros los construidos entre mimbreras.

En el sur de España, Jourdain (1940) estima que la estación de la cría comienza en los primeros días de mayo cuando ya pueden encontrarse puestas. Para él en los países mediterráneos es poco corriente encontrar huevos de Avetorillo antes de finales de mayo. Sin embargo, en el delta del Ebro, Maluquer y Pons (1961), que observaron a menudo esta especie en mayo, junio y julio, encontraron el 20 y 22 de mayo cuatro nidos: dos en construcción, uno con dos huevos y otro con un solo huevo roto. Estaban en una estrecha franja de altos carrizos que bordea el río Ebro y construidos en forma de simple plataforma a media altura de los carrizos y sujetos a ellos. A veces este pájaro corta los carrizos a determinada altura y sobre estos tallos que sobresalen ligeramente del agua, construye el nido. La puesta es normalmente de 5 a 6 huevos, algunas veces 4 y rara vez 7 o más. Puestas mayores son, sin duda, debidas a dos hembras que usan el mismo nido. El color de los huevos es blanco, con poco brillo y con frecuencia teñidos de sangre. El promedio que da Jourdain para 100 huevos de colección es de 34,8 x 25,9 mm.

Se sabe poco sobre la biología de la reproducción de esta especie en los países mediterráneos, incluida la Península Ibérica, y muchos datos sobre su reproducción hay que tomarlos de los estudios realizados en la Unión Soviética, donde la especie es muy abundante. Así, los huevos son puestos con 1-2 días de intervalo entre sí, aunque no como regla general, pues a veces los avetorillos parecen haber abandonado un nido con dos huevos por varios días y reanudar después en él la puesta. Ambos sexos incuban alternadamente, empezando a partir del primer huevo, pero se sospecha que hasta la puesta del segundo no comienza la incubación verdadera y que los adultos sólo están sentados sobre el nido en un afán innato de proteger la puesta. A los 16-19 días (Jourdain) nacen los pollos, que están cubiertos con un plumón rojizo o amarillo rosáceo y que se parecen a los del Avetoro Común, con el pico rosa y el iris verdoso. Enseguida estos avetorillos aprenden la técnica de pasar desapercibidos estirando el cuello y el pico en una perfecta línea vertical en cuanto se sienten amenazados, de forma que resulta muy difícil descubrirlos entre la maraña de los carrizos a los que se parecen en esta rígida postura. A la semana de vida ya salen del nido y suben hasta la cima de los carrizos con la agilidad de pequeños ratones. Del mismo modo que ambos adultos se alternaban en la incubación, simultanean también la alimentación de los jóvenes. A veces les traen pequeños peces que aquellos tragan con dificultad. Ferguson-Lees (1953) afirma que un pollo de Avetorillo puede ser capaz de tragar peces de la mitad de su propio tamaño y para ello poseen la sorprendente posibilidad de abrir la boca hasta un extremo increíble. En esta edad ya los pequeños avetorillos tienen ojos muy grandes y vivos. Los adultos regurgitan directamente en los picos de los pollos el alimento que han recogido en la marisma y ceban con gran asiduidad, lo que facilita el rápido desarrollo. Cuando se observa un nido de Avetorillo es necesario obrar con rapidez si se quiere efectuar medición alguna en los pollos, que pronto se alejan de él y corren entre los carrizos con tanta agilidad que ya es imposible cogerlos. A los 30 días vuelan bien, pero muy rara vez se les puede ver al descubierto y sorprende con qué poco ejercicio previo emprenderán la emigración a Africa. Una segunda cría ha sido comprobada de forma ocasional, probablemente como consecuencia de destrucción de la primera. Sin embargo, Zimmermann (1929, 1931) asegura que una segunda nidada puede comenzar antes de que los avetorillos de la primera lleguen a ser independientes.

La emigración a Africa comienza en los últimos días de agosto, pero más intensamente en septiembre. Esta se efectúa de noche en pequeñas partidas de 10-12 individuos, que al atardecer se agrupan volando sobre la marisma y atrayéndose con un grito corto y seco ¡¡ketch!! o ¡¡gack!!, sonidos que también emiten cuando están alarmados.

En el Paleártico se reproduce en Iberia, Francia y en el resto de los países europeos, salvo en las Islas Británicas, Islandia y Escandinavia, faltando también en algunas islas del Mediterráneo (Córcega, Cerdeña) y llegando hasta el occidente de China (Sinkiang).

En la Península Ibérica cría muy diseminado por marismas y aguazales y desde hace muchos años en las colas de pantanos con abundante vegetación acuática, pero no se ve abundante en ningún lado y casi se diría que es especie escasa. Inesperadamente se pueden encontrar concentraciones de 10-15 parejas en lugares apropiados que al pronto sugieren nidificación colonial por lo juntos que están los nidos de las diferentes parejas, sin que, aparentemente, exista agresividad ni lucha territorial entre ellas.

A partir de los últimos días de julio se ven avetorillos por lugares donde la especie no se reproduce, lo que a primera vista parece debido a cierta dispersión posgenerativa de los jóvenes antes de emprender la emigración a Africa. En el norte de Iberia es estrictamente estival. Pero no sucede lo mismo en determinadas localidades del Sur donde las observaciones de avetorillos invernantes sorprenden a veces. Bernis (1966), de acuerdo con Zink (1961), dice que los anillamientos revelan una dispersión posgenerativa con desplazamientos también en parte hacia el Norte (de hasta 50-200 Km), dispersión que afecta por lo menos a los jóvenes. Para ellos el movimiento dispersivo comienza en julio y pocos días después se inicia ya el verdadero movimiento migratorio de los avetorillos europeos que abarca los meses de agosto y septiembre. Estos atraviesan la Península Ibérica en dirección a Africa, pero su paso no es tan notorio como haría presumir la población de Francia y los Países Bajos. La emigración a través del Sahara central y occidental está bien comprobada. Según Balsac y Mayaud (1962), el paso a través de los países del noroeste de Africa es muy notorio tanto en primavera como en otoño. En especial en Túnez han sido muy numerosas las recuperaciones de avetorillos anillados en Francia y Holanda. La presencia de esta especie en el centro del Sahara (Hoggar) en diciembre y enero ha hecho sospechar a Niethammer que el Avetorillo inverna allí. Sin embargo, el grueso de la población paleártica alcanza Africa tropical, en especial la occidental. Moreau (1972) da como seguras observaciones de esta especie en el Senegal y norte de Nigeria, así como en el Tchad y Sudán, incluso muy al Sur en Africa del Sudoeste y Sudáfrica occidental. En el Congo se recuperó uno que había sido anillado en Suiza. Moreau señala, sin embargo, la dificultad que existe en separar esta especie en el campo de la típica subespecie indígena, lo que enmascara el cálculo que podría hacerse de la población paleártica invernante.

Bernis cita un Avetorillo anillado en el nido en Bélgica, en el mes de julio, y recuperado en la provincia de Barcelona en mayo del año siguiente, probablemente en paso primaveral hacia su lugar de nacimiento. Otros dos, anillados también como pollos en Holanda, fueron recuperados, uno en Guipúzcoa, en agosto del siguiente año, sin duda en paso otoñal después de haber criado y otro en Valencia en septiembre del mismo año de nacimiento.