ALONDRA COMÚN (Alauda arvensis)

 

 

 

 Muchas personas que pueden identificar a la Alondra Común,Alauda arvensis, cuando la oyen cantar, no serían capaces de diferenciarla de otros pájaros de su mismo color cuando durante el otoño e invierno los bandos comen en praderas y tierras cultivadas. El plumaje de las partes superiores es pardo, densamente listado o rayado de marrón negruzco. El píleo es algo más oscuro, lo que hace más marcada una lista superciliar blancuzca. Las plumas de la cabeza son largas y el pájaro las eriza a voluntad, formando una cresta muy visible. Las partes inferiores son blancas excepto el pecho ligeramente teñido de beige y rayado de pardo oscuro. La garganta es amarillenta y posee unas finas y cortas rayas oscuras. La cola tiene las rectrices pardo oscuras, casi negras, excepto las dos de cada lado que tienen amplias manchas blancas y se ven mucho cuando el pájaro inicia el vuelo desde el suelo. También se notan los bordes estrechos blanco grisáceos de la parte trasera de las alas. El pico es corto en proporción al tamaño de este pájaro y la mandíbula superior tiene color pardo oscuro, lo que normalmente llamamos «color hueso» y la mandíbula inferior un tono más claro. Patas y pies pardo amarillentos y el dedo posterior con una uña muy larga que en seguida que se coge a la Alondra en la mano llama la atención. El iris de los ojos es pardo. Muchas diferencias de tonalidad del dorso de las alas y espalda son debidas a que por desgaste, este pájaro pierde los bordes claros de las plumas y entonces el color es francamente más oscuro. Esto sucede normalmente al final de la primavera. Los plumajes de ambos sexos son iguales, aunque no hay que descartar variaciones individuales muy grandes entre pájaros del mismo sexo o entre ambos. Desde luego, al observar un nido puede verse claramente que los machos son de un tamaño apreciablemente mayor que las hembras.Aunque, las distinciones en las alondras europeas e incluso entre las que se reproducen en el territorio de la Península Ibérica efectuadas por varios ornitólogos, caen en apreciaciones banales a la hora de separar tonalidades de plumajes, se hace obligado mencionar varias de ellas. Vaurie (1959) considera las variaciones de coloración de plumaje, longitud alar y tamaño general como clinales o netamente geográficas. Las poblaciones del Paleártico oriental serían más oscuras y su color con más contraste y brillantez que el de las alondras que viven en Europa occidental. Alauda arvensis arvensis, forma tipo, es una subespecie con las partes superiores pardo oscuras, pero con notables variantes desde el pardo amarillento al pardo rojizo. Vive en la mayor parte del centro y norte de Europa, incluidas las Islas Británicas. A ella pertenecerían la mayoría de los migrantes e invernantes que visitan Iberia a partir de los últimos días de septiembre. Dentro de la Península Ibérica Vaurie distingue arvensis sierrae que habita Portugal y gran parte de España excepto el Nordeste. Su plumaje sería menos brillante, más apagado y menos rojizo que la tipo arvensis arvensis. Mucho más pálida que ésta y aquélla sería la denominada Alauda arvensis cantarella, habitando desde Aragón hacia el Este, por la costa mediterránea, incluyendo el sur de Francia, Italia, Balcanes, islas de Córcega, Cerdeña, etc. Para cualquier ornitólogo ibérico que observe alondras a lo largo y ancho de la campiña española y portuguesa, no es ningún secreto que las alondras de Galicia y de la zona Cantábrica poseen un plumaje netamente más oscuro y rayado por encima que el que tienen las alondras que se ven en los campos castellanos y de la Mancha y en zonas altas y esteparias de nuestras sierras y cordilleras centrales. El mosaico de colorido y tonalidad de los plumajes es verdaderamente sorprendente. En el conjunto de esta variedad dominan las alondras oscuras y muy rayadas, sin duda pájaros que invernan en España y Portugal.

El vuelo de la Alondra Común es inconfundible, lento y titubeante, batiendo las alas que son largas y estrechas varias veces seguidas, alternando con un plegado completo de ellas contra el cuerpo. Cuando es levantada en un campo no recorre largas distancias y vuela a baja altura, girando con frecuencia nada más elevarse, acompañándose siempre con su típico grito áspero ¡¡chirrep!! Cuando vuela a más larga distancia se aprecian ondulaciones ligeras pero el vuelo es directo y fuerte como corresponde a un gran migrador. Camina por el suelo un poco agachada, con los tarsos flexionados, pero también salta al encontrar un obstáculo. Entre la hierba, por corta que esta sea, es difícil de ver y casi siempre nos sorprende, levantándose a nuestros pies y seguidamente otras que estaban algo más alejadas y a las que alerta el grito de la primera. Fuera de la estación de la cría es gregaria, formando bandos a partir de septiembre que pueden llegar a ser muy densos, varios millares ocasionalmente y centenares más a menudo. Los que se ven llegar en migración otoñal en el norte de Iberia o costear hacia el Oeste, están formados invariablemente por 15-50 alondras, pero los bandos vuelan muy juntos a veces y es difícil saber donde termina uno y empieza el otro. Durante la reproducción se posan en muros, cercas, postes, arbustos bajos, prominencias del terreno y muy pocas veces en árboles, casi siempre en cañas secas y sin vegetación. Apeona mucho y los bandos duermen en el suelo. También duermen así las parejas durante la cría y esta costumbre es aprovechada por los pajareros para descubrir los nidos. Se puede ver a las alondras tomar baños de polvo en cunetas de carreteras comarcales y en caminos vecinales con la misma asiduidad con que lo hacen los gorriones y otros pájaros.

El canto de la Alondra Común no es posible describirlo. Su emisión es realizada con una extraordinaria vehemencia y los trinos y gorjeos son claros, lanzados en tono. muy alto, sostenidos de tal manera que parece que el pájaro contiene la respiración. Canta normalmente en vuelo a gran altura (100 metros) y hasta casi perderse de vista y se la oye primero que se la ve. La duración del canto es variable, pero casi siempre sobrepasa los 5 minutos y se ha controlado duraciones de más de 15 minutos sin que el pájaro bajara al suelo. Canta a partir de febrero, pero con mucho más ímpetu en mayo y junio. Su canto, menos sostenido, se escucha en cualquier mes del año, excepto en agosto y la primera mitad de septiembre cuando está en plena muda del plumaje. Muchas veces se la escucha cantando posada en el poste de una cerca o en un arbusto y también y más a menudo, en el suelo mientras caminaba por él. Ocasionalmente canta de noche en días despejados de primavera y con luna llena, lo que produce un singular efecto. Algunas alondras incluyen en su repertorio notas de otros pájaros (Tucker, 1940).

La Alondra captura gran cantidad de insectos y lombrices de tierra. De aquéllos destacan larvas de Lepidoptera, Coleoptera, Ortoptera, Himenoptera, Diptera, etc. También pequeños caracoles. Collinge estima que el 54 por ciento de la dieta está constituido por materia vegetal. Come gran cantidad de semillas de toda clase de plantas y muchas hojas y brotes. Se la acusa de comer muchos granos de cereales, pero hay que considerar asimismo el gran número de insectos que devora y sobre todo las semillas de plantas parásitas que nacen en las rastrojeras en septiembre.

Es un pájaro de campo abierto que vive en llanuras, estepas de media y alta montaña, dunas, bordes de pinares, arenales al nivel del mar, lomas cubiertas de Tojo Ulex y praderas naturales, cultivos, marismas, etc. Parece claro que la Alondra Común huye de zonas arboladas. En migración otoñal ocupa con preferencia campos costeros y rastrojeras. En el invierno vaga por toda la campiña, pero siempre eludiendo zonas boscosas y arbustivas.

La Alondra se empareja pronto y en febrero ya muchas parejas se han separado de los bandos y empiezan a llegar a su habitual territorio de cria. Esto se nota porque comienzan a verse pájaros solitarios o formando grupos muy reducidos que permanecen en el mismo lugar día tras día. Allí comienzan los machos sus vuelos elevándose desde el suelo, siguiendo una espiral y cantando con fuerza. No hay mucha diferencia entre este primer canto de manifestación del celo y el que representará meses después. Unicamente hay que señalar que el primero es más breve y la Alondra una vez alcanza una notable altura, desciende inmediatamente en espirales, batiendo a intervalos las alas o planeando sin dejar de cantar hasta que llegada a determinada distancia del suelo se deja caer directamente en él como una piedra. Allí continúa su cortejo caminando alrededor de la hembra con el píleo erizado, las alas caídas ligeramente y la cola desplegada en abanico. Estas manifestaciones son más numerosas en los meses de marzo y abril y muy notorias después de una fuerte lluvia. Quizá porque la atmósfera entonces permite una mejor propagación del sonido. El ornitólogo inglés Nethersole-Thomson, estima además que el canto de la Alondra es particularmente fuerte y agradable al anochecer. Quizá en esto pueda influir el estado de ánimo del observador.

Anida en el suelo, aprovechando o haciendo ella una pequeña depresión de un prado, tierra cultivada, cuneta, etc. A menudo muy oculto en la hierba, al pie de un arbusto e incluso bajo las hojas de una hortaliza. La hembra construye ella sola el nido con hierba y tallos secos, forrándolo interiormente con hierba más fina y algunas crines o pelos. En la Península Ibérica la puesta es variable entre 3 y 5 huevos. Más a menudo 4 y muy rara vez 6. Solamente son ocasionales 7 y 2. Esta última puesta tan escasa muy probablemente debida a depredación parcial del nido por algún reptil.

Dos puestas son normales en cada temporada y en ocasiones se han registrado tres. La tercera puesta es probable, pero difícil de comprobar lógicamente. Una pareja de alondras puede hacer hasta cuatro nidos en primavera y verano (Walpole Bond, 1938), pero quizá la que nosotros consideramos cuarta puesta no llegue a ser más que la segunda llevada a buen fin. Millais observó en sólo una ocasión cómo un Cuervo Corvus corax robaba los huevos en un nido de alondras y para su sorpresa a los pocos días, presumiblemente la misma pareja volvía a poner en el mismo nido. Estos son, en general, difíciles de encontrar y únicamente por pura casualidad al caminar por un prado o camino y levantar a la hembra, resulta fácil descubrirlos. Siempre las alondras que llevan cebo al nido, aunque no se sientan observadas, se posan a una regular distancia y caminan hacia él por entre la hierba, ocultándose así muy bien a las miradas de los intrusos. Alguna vez se encuentran nidos de Alondra cubiertos por encima con un techado hecho con la hierba de idéntico modo que el de la Bisbita Arbóreo Anthus trivialis. La depredación de nidos de Alondra Común es muy grande porque todos los de especies que los hacen en el suelo están expuestos a ser pisados por el ganado que pasta, destruidos por reptiles y mustélidos, aguiluchos, etc. La mayor parte de ellos tienen un diámetro interior de 6 cm., siendo la profundidad muy pequeña, no más de 4 cm., la suficiente para que la Alondra que incuba no sobrepase con su espalda la horizontal del terreno. Los huevos tienen color muy variable entre diferentes parejas y razas, pero no dentro de la misma puesta de una pareja. Su fondo es gris pálido, verdoso, amarillento e incluso oliváceo. Sobre él hay una profusión de punteado fino gris, verde, marrón o también de manchas verdosas o pardas e incluso grises o violáceas. Con frecuencia estas manchas se agrupan en la parte más ancha, formando como una corona o en el extremo. Unos son esféricos y algunos picudos. Jourdain para 100 medidos en Gran Bretaña obtuvo un promedio de 23,77 x 17,05 mm. con uno muy grande de 26,6 x 17,3 mm. y un mínimo de 21,8 x 16,2 mm. Sensiblemente los mismos promedios obtuvo Verheyen en Bélgica como corresponde a la misma subespecie de Alondra: 23,3 x 17 mm. en 100 huevos medidos. Algo menor fue el promedio obtenido por Niethammer en Alemania para 52 huevos: 22,8 x 16,7 mm. En la Península Ibérica y correspondientes a la supuesta subespecie arvensis sierrae se obtuvieron promedios de 21,5 x 16,4 mm. en 9 medidos (Pizarro d'Almeida). Las primeras puestas en Iberia son encontradas ya hacia la mitad de abril, pero más corrientemente a finales de este mes y en los primeros días de mayo. En zonas favorables no es ocasional que en los últimos días de marzo algunas alondras hayan completado su puesta. Solamente la hembra incuba y el macho pasa gran parte del día en sus vuelos de canto, dominando desde lo alto el territorio, que con frecuencia es muy reducido por anidar en la misma zona varias parejas. La incubación dura muy poco, 11 días (Verheyen: 11-12 días) y al nacer los pollos están cubiertos en algunas partes con un plumón de color pajizo pálido; el interior de la boca es amarillo y en ella destacan mucho dos puntos negros en la base de la lengua y otro en el extremo. Las comisuras son blancas. Son alimentados por ambos adultos tan asiduamente que a los 9 ó 10 días ya salen del nido e incluso primero si se intenta cogerlos o ante la presencia de un intruso cuando las alondras adultas llaman continuamente desde un posadero cercano. Todavía tardan por lo menos otros 10 días más en estar emplumados y poder volar.

A partir de la mitad de agosto ya se ven en nuestros campos grupos de alondras, sin duda las que han criado o nacido aquí. En los primeros días de septiembre posiblemente algunas ya proceden de Francia y no es hasta finales de este mes cuando se empiezan a ver en los campos costeros de la zona Cantábrica bandos de indudable procedencia extrapirenaica. Aunque en Iberia es muy probable que este pájaro sea sedentario o todo lo más sujeto a cortos movimientos otoñales o a cierta trashumancia invernal, nuestros campos son invadidos regularmente por una masa ingente de alondras europeas que entra por ambos extremos de los Pirineos y en un frente amplio que va desde Fuenterrabía hasta por lo menos Santa Marta de Ortigueira en Galicia, después de atravesar todo el Golfo de Vizcaya, unas procedentes del sur de las Islas Británicas y otras que han pasado previamente sobre el extremo occidental de la Bretaña francesa. Las que costean los pinares extensos y las dunas y arenales de las Landas en Francia, llegan a la falda del Monte Jaizquíbel (Guipúzcoa) y las que no penetran tierra adentro siguen la línea costera, vivaqueando en campos y praderías de toda la costa Cantábrica. Se dice que muchas alcanzan las costas septentrionales de Galicia en un intento de evitar el paso de la alta Cordillera Cantábrica. Realmente la mayoría de las que se ven llegar a aquellas playas y tierras vienen siguiendo la costa y no proceden, directamente de alta mar. Sí, en cambio, proceden del mar muchas de las que arriban a la costa entre Ribadeo (Lugo) y Ondárroa (Vizcaya). Bernis (1971) ha hecho un extenso resumen sobre los movimientos migratorios de la Alondra Común y a él se va a seguir en lo fundamental. En toda Europa se han realizado anillamientos de alondras, que al producir numerosas recuperaciones, ha contribuido a que se conozcan bastante bien los cuarteles de invierno de las poblaciones. La Alondra produce un tanto por ciento de recuperación muy bajo, no superior al 0,4-0,6 por ciento y como mucho hasta un 0,9 por ciento. Realmente que es reducida esta cuota, pero como se trata de un migrante diurno en general, las bandadas de alondras formadas por 10-100 pájaros, son fáciles de observar y de este modo han podido determinarse direcciones y comprobarse entradas a lo largo y ancho de todo el Continente. Son migradoras prácticamente en su totalidad las alondras nativas de Escandinavia, Finlandia, Países Bálticos y norte, centro y este de Rusia. En parte parecen migradoras las de la zona comprendida entre Holanda y Polonia. A la altura de Bélgica ya se ven muy abundantes durante todo el invierno. En las Islas Británicas llegan a invernar buen número de alondras escandinavas que se unen allí a las nativas, en gran parte sedentarias. Francia y la Península Ibérica parecen ser en Europa el cuartel de invierno más importante de las alondras europeas. Muchas pueden alcanzar las costas del noroeste de Africa, después de atravesar el Mediterráneo y abundan en invierno desde Túnez hasta Marruecos, aunque sin rebasar el Sahara. Smith (1965) menciona la Alondra Común como invernante en las llanuras del norte del Atlas marroquí y en zonas desérticas del Sudoeste cerca de Goulimine, pero Bernis estima que parece probable que la mayoría de estas alondras sean en parte indígenas y en parte quizá ibéricas. En la práctica todos los países europeos están representados en el espectro de recuperaciones en Iberia de alondras anilladas. Francesas en Guipúzcoa, Vizcaya, Cádiz, Sevilla y Valencia; belgas en Asturias, Guipúzcoa y Vizcaya; holandesas, alemanas, danesas, suecas, finlandesas, rusas, checoslovacas, etc., recuperadas prácticamente en todos los rincones de la geografía Peninsular, la gran mayoría en noviembre y diciembre. Dos alondras finlandesas que fueron anilladas allí como pollos en el nido, en junio se recuperaron ambas en noviembre siguiente en Valencia y Badajoz.

La Alondra Común es un migrador rápido que recorre distancias enormes en pocos días a despecho de su aparente volar errático y lento. Se estima un promedio diario de 30-80 km. deducido de las recuperaciones. En el paso primaveral que también es acusado, muy especialmente en el norte de España, primero viajan los machos entre febrero y abril, comenzando las hembras generalmente no antes de marzo. En Dinamarca los primeros llegan entre enero y marzo mientras que las hembras lo hacen desde febrero hasta abril. En migración otoñal es al revés. Primero pasan las hembras en clara dirección sudoeste y después siguen los machos, algunos de los cuales lo hacen en pleno invierno. En todos estos movimientos que tanto se acusan en la Península Ibérica, sobre todo en un amplio frente que va desde la provincia de Huesca hasta Ribadeo (Lugo), tienen también mucha influencia las condiciones climatológicas. Tiempos duros del Norte empujan una masa ingente de alondras, presumiblemente invernando en campos franceses y británicos, que a su llegada a España producen asombro por la magnitud y frecuencia de los bandos lo mismo en naturalistas que en cazadores. Muchas bandadas abandonan las costas del sur de Inglaterra e Irlanda y atravesando el Golfo de Vizcaya, volando a no mucha altura, llegan a nuestras costas Cantábricas. Los pesqueros españoles recogen algunas de ellas en, los caladeros del Gran Sol y en días de intensa niebla millares de ellas se posan en las cubiertas de los buques que navegan a 20 millas de la costa. Afortunadamente para estos y otros pájaros, la niebla no es fenómeno frecuente en el otoño cantábrico.

La captura de alondras en toda Europa para su venta en los mercados ha sido práctica tradicional en Gran Bretaña donde WalpoleBond describe el tráfico que en 1892 había de alondras y zorzales entre Brighton y París. Hasta 20 cestos conteniendo cada uno 7 kg. de pájaros eran enviados todos los días a través del Canal de la Mancha, sin contar los que se usaban para consumo interior en Inglaterra qué no serían pocos. Pero esto no es nada comparado con las masacres que se realizaban anualmente en el sudoeste francés, donde la captura de alondras por diversos métodos, sobre todo con red, es una tradición difícil de desarraigar. En la mayoria de los países europeos esta caza masiva y absurda ha sido prohibida.